Capítulo 11: El Grito del Corazón y el Valor de Ser Hija
El peso de la prohibición no fue suficiente para frenar a Salome. Rompiendo el cerco del miedo, fue sola al hospital, se plantó frente a las miradas hostiles y se impuso con la única verdad que nadie le podía arrebatar: «Yo también soy su hija». Logró verlo dos veces, encuentros robados al destino donde las miradas lo dijeron todo. Sin embargo, cada intento se convertía en una batalla ante los reclamos de su madre: «¿Para qué vas? Quédate con tus hijas. Yo voy con tus hermanos».
¿Acaso yo no soy hija?, se preguntaba Salome con el alma rota. En esa casa ella solo existía cuando necesitaban plata; sus recursos eran bienvenidos, pero sus sentimientos no contaban. La trataban como un ser sin corazón, ignorando que por dentro sangraba de la misma manera.