Capítulo 14: Los Diez Días del Roble y el Último Suspiro
Las noches se transformaron en un calvario; los gritos de dolor de su padre no los ponían a dormir, pero en la casa nadie escuchaba a Salome. Sin pedir permiso, ella tomó el teléfono por su cuenta y llamó a la ambulancia para que se lo llevaran. Así pasaron diez días de una agonía desgarradora en el hospital, donde los médicos no podían drenar el líquido del pulmón porque su corazón debilitado no resistiría el procedimiento. Salome fue testigo de cómo el roble de su padre se marchitaba día a día.
Pudo verlo pocos días debido a los bloqueos familiares, pero el último día se impuso y sentenció: «De aquí no me muevo». Se quedó firme sosteniendo la mano de su cómplice y presenció su último suspiro. En ese instante quedó huérfana por completo. Tras la muerte de su padre, su madre quedó sin pensión y Salome, en un acto de nobleza infinita por honrar la memoria de su papá, gastó todos los ahorros que tenía junto a Carlos en mantener a su mamá y sostener los gastos de una casa que no era suya. Los ahorros duraron exactamente cuatro meses.