El Legado

Capítulo 11

Estaba recostado en la arena, observando a Ángela de pie a la orilla del mar.

La traje a esta playa que tanto me gusta venir a relajarme debido a que poca gente la visita. Un lugar ideal en el que no habría interrupciones, en especial con lo que planeo hacer.

- Sabía que te iba a gustar – le digo en cuanto se acerca.

- Me encanta – dice con una gran sonrisa -. Siempre me ha gustado la playa, se siente… no sé cómo describirlo, como una paz, una tranquilidad que me ayuda a despejar la mente y ver las cosas más claras – se sienta a mi lado sobre la toalla que había extendido para ella -. Bueno, ¿y cuál es la sorpresa?

Le había dicho que iríamos a un lugar especial porque había una sorpresa que le quería dar.

Ya llevábamos seis meses juntos. En los cuales la había presentado a medio mundo, en especial a mi padre, quien estaba más que feliz de que su único hijo decidiera cambiar de opinión, o por lo menos lo considerara, y así no me quedara solo después de todo.

Pero no por eso, se me pasó desapercibida esa mirada de pesar detrás de la gran sonrisa que puso cuando la vio. Como si necesitara más recordatorios para sentirme culpable.

También estaba la otra parte, en la que Maite me exigía constantemente que me diera prisa con lo de la boda.

Por más que intentaba explicarle que si lo hacía de inmediato sólo la asustaría o sospecharía que algo no estaba bien, ella seguía insistiendo.

La entendía por supuesto, pero sabía muy bien que este tipo de cosas no podían hacerse tan rápido.

Así que ahora, estaba justo aquí. Listo para hacer la gran pregunta. Algo que pensé jamás haría, y que, probablemente, haría en dos ocasiones.

- Si, pero primero…

Me doy la vuelta para sacar una botella de champagne y dos copas de la bolsa deportiva que había llevado.

- ¿Y eso? – pregunta contenta por la sorpresa -. ¿Acaso estamos celebrando alguna fecha?

- Eso espero.

- No entiendo – ahora se mostraba confusa. Y como no, si no tenía idea de lo que venía.

- Deberíamos comer algo primero – necesitaba más tiempo, y aire. Empezaba a sentir que sudaba más de la cuenta.

Era bueno que hubiera escogido la playa como escenario, no veía como pudiera explicarlo si estuvieran en un lugar cerrado con aire acondicionado.

De la misma bolsa saco un tupper y un paquete de galletas.

Al destapar el refractario para mostrar una ensalada de pollo, veo a Ángela reír.

- No critiques al cocinero – la reprendo con aparente severidad.

- Ni siquiera se me ocurriría hacerlo – cierra la boca pero no dejaba de sonreír.

Lleno las dos copas, entregándole una a mi acompañante.

- ¿Por qué brindamos? – pregunta cuando levanto mi copa.

- Por nosotros.

- Salud.

- Salud – contesto antes de que choquemos nuestras copas y tomemos un sorbo.

- ¿Ahora si podrías decirme qué estamos celebrando específicamente?

- No seas tan impaciente. Come primero – ella me observa sin dar su brazo a torcer -. ¡Vamos! Mira que lo preparé especialmente para esta ocasión.

Ángela hace un sonido de frustración, recordándome que no es muy paciente, pero no discute y se pone a comer.

Aunque justo yo lo había sugerido, no era capaz de probar bocado. Por lo que después de que sólo habían pasado unos cuantos minutos, prefiero lanzarme de una vez y comenzar con lo que tenía que decirle.

O pedirle, en su caso.

- Bueno, el porque te traje se debe a que hay algo muy importante que tengo que decirte.

Ángela deja de la comida a un lado, prestándome su completa atención.

- Supongo que pensarás que es un poco apresurado, pero, bueno, las cosas entre nosotros han sido algo así, sorpresivas – estaba evadiendo mirarla del todo a la cara, enfocándome en un punto detrás de su hombro -. A lo que me refiero es a que – me animo a verla por un momento pero no puedo mantenerla, si lo hacía no me atrevería -, me encantaría que aceptaras casarte conmigo.

Una vez termino de decirlo, me atrevo a darle otro vistazo para ver su reacción.

Ella estaba en completo asombro, lo cual no podría culparla, no creía que se le hubiera pasado por la cabeza que saldría con algo así. No sólo por el relativamente poco tiempo que llevábamos como pareja, sino al hecho de que por mis antecedentes, seguro que esto era algo completamente inesperado.

- Wow – pestañea unas cuantas veces como si saliera de algún trance -. Estoy de acuerdo con eso de que es algo apresurado. No me mal interpretes, claro que me gustaría casarme contigo pero, ¿no crees que deberíamos esperar un poco?

- Si también lo quieres, ¿para qué esperar? – continuo antes de que me pueda argumentar -. Estoy seguro de lo que siento, ¿tú no?

- Si, pero…

- Sé que no hay nadie más con quien quisiera hacerlo. Te quiero a ti.




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