El legado de las sombras

4

En efecto, casi una hora y media después, ya estaban listos para salir a revisar el estado de la antena receptora. Anthony estaba vestido con un overol azul, impermeable, haciendo juego con un pantalón de nylon y botas negras hasta casi la altura de las rodillas, mientras en su mano sostenía una pequeña valijita de herramientas. Madison, sin embargo, solo había podido conseguir prestado de la doctora Sanders un mono amarillo con una enorme capucha, además de las botas para el agua. Una parte de su mente razonó que sin duda debía parecerse un poco a Georgie, en IT. ¿La devoraría una entidad ancestral con forma de payaso, igual que en el famoso libro de Stephen King? Se preguntó. Pensar en eso le hizo generar una sonrisa irónica, mientras atravesaban todo el vestíbulo del hospital hacia la puerta de entrada. Al llegar a la misma, se detuvieron un instante para mirar a través de los cristales casi empañados. Apenas era media mañana, pero afuera parecía como si estuviera anocheciendo, por lo que Anthony tuvo que ir a buscar al trastero de sus herramientas una linterna de mano para cada uno. Al volver, Madison ajustó la capucha de su mono impermeable y miró al hombre a su derecha, que estaba terminando de ajustarse un poco más los botones de su pilot.

—¿Lista? —preguntó, levantando la vista hacia ella con una expresión que intentaba ser despreocupada, pero que no podía fingir del todo. Madison asintió, tomando la linterna que este le ofrecía y encendiéndola para comprobar su funcionalidad.

—Tan lista como se puede estar con este tiempo.

Abrieron la puerta y al hacerlo, la fuerza del viento los empujó un poco hacia atrás, arrastrando consigo la lluvia y la nieve que azotaba los cristales. Madison se sujetó con fuerza al marco de la puerta, intentando no perder el equilibrio, mientras que Anthony se sujetó de su hombro, entrecerrando los ojos contra la lluvia que golpeaba su rostro. Dentro del hall del hospital, los médicos que merodeaban de un lado al otro los miraron con una mezcla de fastidio —por estar permitiendo que el frío entrara— y extrañeza.

—¡Esto va a ser divertido! —exclamó Anthony, con un tono sarcástico que apenas se escuchaba sobre el rugido de la tormenta. Madison no pudo evitar reírse, a pesar de la situación.

—¡Definitivamente, no lo llamaré un día tranquilo en la oficina! —replicó, mientras ambos salían a la intemperie.

Las linternas apenas lograban penetrar la densa cortina de agua y nieve. Cada paso era un esfuerzo, con el viento empujando en direcciones impredecibles y la gravilla del suelo cediendo bajo sus pies. Atravesaron todo el patio principal, vieron de reojo la fuente ornamental de Ashgrove, y luego de recorrer todo el camino de entrada por fin cruzaron los portones de hierro del establecimiento. Apenas habían avanzado unos cincuenta o sesenta metros, quizá, hasta alcanzar la calle, y ya respiraban con agitación. Sin embargo, siguieron caminando. Las aceras eran un caos de ramas de árboles, hojas sueltas y nieve, desperdigada por todos lados. A medida que se alejaban del hospital, la estructura imponente del edificio se fue desdibujando en la oscuridad, dejándolos casi completamente a merced de la propia naturaleza.

—¡Dijeron que este ciclón sería malo, pero nunca pensé que se pondría tan bravo! —dijo Anthony, alzando la voz para hacerse oír.

—¡Yo tampoco! —respondió Madison, sintiendo como la lluvia entraba por la parte frontal de la capucha y empapaba incluso las capas más internas de su ropa, cerca del cuello. —¡Pero hay que hacerlo! ¡No podemos permitir que el hospital quede incomunicado por más tiempo!

Avanzar por las calles se volvió una tarea eterna, y algo que en condiciones normales no les llevaría más de media hora o poco más, les tomó casi una hora de trabajo. Tuvieron que dar varios rodeos, más que nada debido a la enorme cantidad de árboles caídos que cortaban algunas calles, atravesándolas de lado a lado, y al desviarse hacia algunos caminos más rústicos, Madison notó como el agua corría en pequeños riachuelos por los caminos de grava, formando algunos charcos y arrastrando barro consigo.

—¡Este camino es un desastre! —exclamó Anthony, saltando para evitar uno de los charcos más grandes. Luego se giró y le ofreció la mano a Madison —¡Salta con cuidado!

Ella asintió, concentrada en cada paso que daba. Los relámpagos iluminaban el cielo de vez en cuando, mostrando destellos fugaces del terreno antes de sumergirlos de nuevo en la penumbra. Dio un salto, rodeando, pero entonces dio un resbalón y cayó hacia adelante, embarrándose la mitad de la cara y toda la parte delantera del mono amarillo. Sin demora, Anthony se acercó con rapidez para ayudarla a levantarse.

—¡Ah, puta mierda! —exclamó ella, con fastidio. Del cabello empapado caían pequeñas gotitas de lodo, que se escurrían por su mejilla izquierda.

—¿Estás bien? ¿Te lastimaste? —preguntó, preocupado.

—¡No, creo que no! ¿Cuánto falta para la alcaldía?

—¡No más de tres calles, estamos cerca! —exclamó él, entrecerrando los ojos debido a la lluvia. Estaban uno frente al otro, hablando a los gritos, y aun así apenas se podían oír.

—¡Tenemos que ir con cuidado, el suelo aquí es traicionero!

—¡Lo sé! ¡Este lugar nunca fue diseñado para lidiar con tormentas de esta magnitud! —dijo, mirando hacia adelante.

Haciendo acopio de fuerzas y sosteniéndose uno de otro para poder vencer el viento en contra que los empujaba, pudieron recorrer una calle más. Luego otra, hasta que por fin vieron la silueta de la estructura metálica irguiéndose alta contra el cielo oscuro, y sus cables de soporte vibrando bajo la presión del viento. La alcaldía estaba a oscuras y cerrada, a lo cual Madison dedujo que sus empleados estaban a buen resguardo en sus casas, seguramente sentados frente a una chimenea caliente con un agradable café entre las manos. Al llegar junto a la antena, vieron que a simple vista todo parecía estar en su lugar, sin embargo, la estructura oscilaba ligeramente, sugiriendo que no estaba tan segura como debería. Madison miró hacia arriba, intentando alumbrar inútilmente con la linterna. Anthony, por su parte, miró hacia abajo, rodeando el perímetro.



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En el texto hay: conspiraciones, hospital, ouija

Editado: 02.04.2026

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