El legado de las sombras

5

Tal y como había dicho, Madison se dirigió a la cafetería del hospital después de haberse dado una ducha caliente, aun recuperándose del susto y la adrenalina. El hecho de haber salido a la intemperie y el colapso de la antena la había dejado bastante tensa, y necesitaba un lugar donde pudiera relajarse. Tendría también que enviar unos cuantos informes, al menos del estado preliminar del hospital tal y como lo había encontrado en cuanto llegó, y también revisar su bandeja de correo, pero todas esas cosas ya las haría después.

La cafetería, en su mayoría silenciosa a esa hora de la media mañana, parecía casi un refugio de paz comparado con el caos exterior. La misma se hallaba vacía, salvo por Anthony, quien estaba sentado contra una de las mesas de las ventanas, y la propia Sandy, quien pasaba un paño húmedo encima de las mesas, mientras silbaba entre dientes una tonada leve.

—¿Se perdieron el desayuno? —le preguntó, con una sonrisa bromista.

—Nunca es tarde para un segundo café. Fue una mañana jodida.

—En ese caso, voy enseguida —dijo, doblando el paño en cuatro partes y dirigiéndose directamente a la máquina de café, tras el mostrador. Tomó una taza grande, se la sirvió, y Madison aceptó con un agradecimiento silencioso. Acto seguido se dirigió hacia la mesa donde Anthony estaba ubicado, y se sentó frente a él, envolviendo la taza con los dedos para disfrutar del calor que emanaba.

—Todavía no puedo creer lo que pasó —dijo él, finalmente, rompiendo el silencio—. Si no hubiéramos reaccionado a tiempo… no estaríamos aquí, hablando.

Madison asintió, tomando un sorbo de café. Entonces lo señaló con un dedo.

—Es tu merito, fuiste tú quien me apartó de un empujón a un costado. Deberías darte un poco más de crédito —comentó.

—Nunca fui bueno con esas cosas —sonrió, bajando la mirada hacia la negra bebida—. Ni con los cumplidos —Luego suspiró, y se recostó en su silla, mirando hacia el techo por un momento antes de devolver su atención a Madison—. ¿Alguna vez has estado en un hospital tan impredecible como este?

Sonrió levemente ante la pregunta, pensando en su carrera y en los diferentes lugares en los que había trabajado.

—He trabajado en muchos hospitales, pero este, Ashgrove, definitivamente tiene algo especial. Nunca me había tocado correr peligro de muerte al segundo día de llegar —dijo, a modo de chiste—. Eso es algo que probablemente recordaré por mucho tiempo.

Anthony la observó por un momento, interesado en conocer más sobre la mujer que había trabajado codo a codo con él bajo la tormenta. El cabello todavía húmedo y negro azulado que enmarcaba su rostro le brindaba un aire de misterio, a la par que emanaba hacia él suaves oleadas de perfume floral, gracias al shampoo.

—Entonces, ¿Cómo terminaste aceptando un trabajo como este? —preguntó, con genuina curiosidad.

Madison resopló por la nariz, al tiempo que con sus dedos jugueteó un poco con el humo del café, atravesándolo de lado a lado, mientras pensaba en Alex, Tom, y lo mal que se había sentido al enterarse de sus muertes. Nunca se hubiera imaginado que gracias a ello, iba a terminar aceptando el primer trabajo que le apareció, solo para mantenerse distraída en algo.

—Bueno… —titubeó. —Tuve una mala época, y asumí que aceptar la oferta vacante en Ashgrove, lejos de todo y de todos, me haría bien.

—¿Mala época? ¿Drogas?

La pregunta fue totalmente inocente, pero Madison no pudo evitar levantar una ceja de forma confusa.

—¿Disculpa? —inquirió. —¿Por qué lo dices?

Al darse cuenta de que aquel comentario no le había caído en gracia, las mejillas de Anthony se ruborizaron. Se quitó las gafas, dejándolas arriba de la mesa, y se cubrió los ojos con las yemas de los dedos, luego volvió a mirarla.

—Lo siento, Madison. Es que vi tu apariencia un tanto rockera y… bueno, ya sabes lo que se dice de ese ambiente. No quería decir que fueses una drogadicta ni mucho menos.

—Cuando ayer hablé contigo por primera vez, estabas leyendo un libro sobre los misterios de las pirámides. De hecho, me dijiste algunos datos curiosos, como si me importara de algo, y aun así, no te dije que eras un friki. Quizá deberías ser menos prejuicioso, Anthony —respondió—. Fue una mala época porque perdí gente que me importaba, y caí en depresión. Nada más.

—Lo siento, créeme, lo siento de verdad… —se excusó. La voz le temblaba ligeramente, podía notarlo—. La verdad es que yo no… muchas veces no sé cómo hablarle a una mujer. ¿Podemos recomenzar? Prometo no decir ninguna tontería más, y si lo hago, eres libre de abofetearme.

Todo el malestar que podía haberle generado su comentario, se disipó en el aire en cuanto vio lo verdaderamente abochornado que se veía. Quizá fuese un friki, y tal vez fuese cierto que no sabía cómo hablarle a una chica, pensó. Y pensar en esto último fue lo que la hizo sonreír, casi sin querer.

—Está bien, aunque sería incapaz de golpear a alguien que tiene anteojos.

—¿Alguna vez golpeaste a alguien?

Madison recordó a la chica de aquel nuevo instituto, cuando se había mudado con sus abuelos. Y entonces asintió, con una sonrisa triunfal, esta vez.

—Sí, a una idiota que quería molestarme por ser nueva en el instituto. Pero era una joven, ahora creo que sería incapaz de resolver algo por el camino de la violencia.

—Chica ruda —comentó él, haciendo un gesto de asombro con la cabeza. Omitió decir “Me gusta”, pero lo pensó. Sin embargo, decidió cambiar de tema—. Volviendo a cuestiones más laborales, imagino que debes haber visto muchas cosas a lo largo de los años. No todos los días uno conoce a alguien con tanta experiencia. ¿Cuál ha sido el lugar más memorable en el que has trabajado?

—He trabajado en algunos hospitales en áreas rurales que no tenían los recursos o las infraestructuras que encontramos en las grandes ciudades. Había uno en particular, en la región montañosa de Radcraine, que me dejó una impresión profunda. Las condiciones eran duras, el equipo limitado, y el personal estaba constantemente luchando por mantener la parte operativa en funcionamiento. Pero a pesar de todo, había un sentido de comunidad increíble. Todos trabajaban juntos, superando obstáculos que parecieran imposibles en cualquier otro lugar. Fue una experiencia que me enseñó mucho sobre la resiliencia, aunque a veces me falte a mí misma —respondió.



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En el texto hay: conspiraciones, hospital, ouija

Editado: 02.04.2026

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