Cruzó el patio interior donde los fresnos y árboles frondosos se sacudían con el viento y la lluvia, y salir por un breve momento a la intemperie le provocó un escalofrío, en cuanto las ráfagas de aguanieve le golpearon el rostro, haciéndola cubrirse débilmente con una mano. Corrió atravesando el patio, esquivando tantos charcos como podía, hasta finalmente llegar a los accesos del ala clausurada. La puerta de metal que dividía ambos sectores estaba oxidada y mojada, y dio un suspiro en cuanto la vio, soltando vaho de la boca. Dudo por un momento, no lo iba a negar. Una parte de ella consideraba la idea de dar media vuelta y regresar, pero la otra, más dominante, la impulsaba a seguir adelante.
Se apoyó de la puerta y con esfuerzo, la empujó usando todo el peso de su cuerpo, abriéndola con un crujido chirriante que resonó por todo el pasillo, como si estuviera protestando por ser molestada tras tantas décadas. El aire al otro lado era aún más frío y denso, con un olor a humedad, moho y podredumbre que llenaba sus pulmones. Entró con cautela y solo por si acaso, dejó la puerta abierta tras ella. El pasillo que se extendía frente a Madison estaba en penumbras, apenas iluminado por unas pocas ventanas pequeñas y rotas que dejaban entrar la débil luz grisácea del exterior. El suelo estaba cubierto de escombros y charcos de agua, resultado de las goteras que se filtraban a través del techo agrietado. El lugar estaba sumido en un estado de deterioro bastante calamitoso, con paredes cubiertas de manchas de moho y puertas metálicas corroídas por el tiempo.
A medida que avanzaba, Madison empezó a escuchar ruidos que no podía identificar claramente. Eran sonidos suaves, como susurros que parecían provenir de algún lugar a lo lejos. A veces, el sonido de algo arrastrándose o golpeando suavemente el metal resonaba en la oscuridad, haciéndola detenerse en seco, con el corazón latiendo desbocado. A cada paso que daba, primaba en su interior la sensación de estar siendo observada, como si en las sombras más allá de donde la vista alcanzaba a ver, algo se estuviera divirtiendo con ella, acompañándola en su procesión.
Intentó calmarse, diciéndose a sí misma que todo era producto de su imaginación, quizá los sonidos de la tormenta, el viento que entraba rugiente por alguna ventana y movía algún objeto, pero aun así no podía evitar mirar sobre su hombro repetidamente, esperando ver algo que no debería estar allí. A pesar de todo, continuó avanzando, decidida a llegar hasta el final, hasta que por fin llegó al pasillo que había visto en su sueño. La sensación de dejavu era tan intensa que por poco la dejó sin aliento. El largo corredor estaba oscuro, con las paredes cubiertas de un desconcertante patrón de grietas y manchas de humedad que se extendían como venas en la superficie. A cada paso, sus botas crujían sobre los restos de lo que alguna vez había sido un suelo de baldosas pulidas, ahora cubierto por una capa de escombros y polvo. El aire estaba cargado de humedad, y el olor a moho y descomposición era casi insoportable.
Madison metió una mano en el bolsillo de su pantalón, encendió la linterna de su teléfono móvil, iluminando el pasillo delante de ella. La luz reveló detalles que en la penumbra habían permanecido ocultos: las paredes estaban marcadas con viejas inscripciones, palabras y frases escritas en una mezcla de caligrafías que parecían haber sido grabadas con uñas o algún objeto punzante. Algunas eran apenas palabras legibles, pero lo que pudo descifrar hizo que se le erizara la piel: “No hay salida” – “Ella está aquí” – “El silencio mata”.
Continuó caminando, mientras que los ruidos extraños se hicieron más claros, más presentes. Lo que al principio había sonado como simples susurros, ahora parecía un murmullo colectivo, como si varias voces estuvieran hablando al mismo tiempo, justo fuera de su alcance. El sonido del agua goteando resonaba en la oscuridad, cada gota que caía en algún charco lejano producía un eco que se sumaba a la atmosfera de inquietud. Madison se detuvo frente a una puerta vieja de metal, corroída por el tiempo igual que las demás y cubierta de musgo en las esquinas. Estaba ligeramente entreabierta, y una brisa helada parecía filtrarse a través de la rendija, acariciando su rostro con un escalofrío. Recordó con nitidez el sueño de la noche anterior, y el impulso de empujarla para ver que había detrás era casi abrumador.
Pero algo la detuvo. Un susurro más claro, más cercano, hizo que se girara bruscamente, enfocando la linterna hacia el origen del sonido. No había nada, por supuesto. El pasillo detrás de ella estaba vacío, tan solo las sombras que danzaban con la luz de su linterna, pero aun así, la sensación de ser observada no desapareció. Tomó entonces una decisión rápida, en lugar de avanzar, retrocedió un paso, y luego otro. No iba a permitir que el miedo la paralizara, pero tampoco podía ignorar la creciente sensación de peligro. Respirando profundamente para calmar sus emociones, volvió a dirigir el haz de luz hacia la puerta entreabierta. Sabía que si cruzaba ese umbral, quizá podría encontrar una respuesta, pero también podía intuir que tal vez podría no estar preparada para lo que hallaría. La brisa helada volvió a cortarle las mejillas, y un sonido metálico, como el de una cadena arrastrándose, resonó detrás de la puerta. Aquello fue suficiente para que diera un paso atrás, su raciocinio le gritaba que saliera de allí.
Retrocedió con lentitud, sin apartar la vista de la puerta ni por un segundo. A medida que lo hacía, comenzó a escuchar otros sonidos: un leve zumbido eléctrico, como el de una máquina vieja encendiéndose, y lo que parecía ser el arrastrar de pies, resonando desde algún punto más allá de su campo de visión. No podía determinar de donde provenían esos ruidos, pero sabía que no estaba sola. El suelo debajo de sus pies crujió de nuevo cuando tropezó con un fragmento de baldosas sueltas, y de repente perdió el equilibrio. Cayó de espaldas, aterrizando pesadamente en el suelo húmedo, llenándose de tierra y polvo, pero antes de que pudiera recomponerse, algo más captó su atención. Desde su posición en el suelo, vio una sombra pasar rápidamente frente a la puerta entreabierta, un destello fugaz que se desvaneció en un suspiro, y luego un potente portazo en cuanto la misma se cerró sola, empujada por algo.
Editado: 20.04.2026