Madison y Anthony salieron del ala abandonada de psiquiatría en silencio, como si todavía estuviesen procesando todo lo que habían visto en el sótano derruido y solitario de la morgue. El descubrimiento del cuerpo de Julianne Grimshaw pesaba en sus mentes con una mezcla de alivio y horror. Alivio por un lado, al saber que habían dado un paso vital en su camino para ponerle fin a toda esa situación, y horror por la incertidumbre de no saber en qué clase de consecuencias iba a terminar todo aquello. El polvo y la suciedad cubrían la ropa y la piel de ambos, el olor rancio del sótano todavía impregnado en sus narices, haciéndoles desear aunque sea un poco de aire fresco.
Atravesaron el patio interno, y el olor a tierra mojada y vegetación fue como una brisa enviada directamente por la mano de Dios, aún a pesar del inclemente temporal. Luego ingresaron a los pasillos antiguos, los del área social, y se dirigieron directamente al sector femenino de habitaciones. Al llegar a la de Madison, se detuvieron en su puerta, dando un leve resoplido.
—Necesito una ducha —dijo, rompiendo el silencio, mientras sacudía la tierra de sus manos y se rascaba el cabello lleno de polvo. Su expresión era cansada, pero sus ojos brillaban con una extraña mezcla de emoción y fatiga. Lo que habían encontrado podía cambiarlo todo.
—No puedo culparte —respondió Anthony, sonriendo levemente—. Yo también. Huele a siglos de olvido ahí abajo.
—Gracias por acompañarme —suspiró ella, y luego lo miró con una expresión jocosa—. Si no me limpio pronto, creo que voy a convertirme en parte de los muros del hospital.
Anthony sonrió de nuevo.
—No sería tan malo, tendrías buena compañía, hay un montón de fantasmas aquí con los que puedes socializar.
Ella le dio un leve empujón, sonriendo, y luego entró en su habitación. La puerta se cerró suavemente, después de que ella entrase, dejando a Anthony solo en el pasillo. Durante unos momentos permaneció inmóvil, pensando en todo lo que habían encontrado. El cuerpo de Julianne, la conexión con Madison, la revelación en sueños de la noche anterior… Había tantas preguntas sin respuesta que sentía como si estuviera a punto de abrumarse con todas ellas. Con un suspiro pesado, decidió regresar a su dormitorio, buscar ropa limpia y ducharse también. El polvo y la mugre parecían aferrarse a él como el peso de la historia que acababan de sacar a la luz.
El hospital, envuelto en un perpetuo silencio solamente interrumpido por algún trueno lejano, estaba quieto y apacible. Nadie caminaba por los pasillos ni los sectores comunes, quizá porque el resto del personal estaba en el área común de la cafetería o porque tal vez estarían en el ala nueva del hospital. El crujido ocasional de las viejas tuberías y el sonido lejano del viento eran sus únicos compañeros.
Sin embargo, mientras pasaba por los dormitorios cerrados, un murmullo bajo y urgente rompió el silencio. Al principio pensó que era solo el eco del hospital jugando con su mente, pero cuando se detuvo, escuchó con más claridad. La voz provenía de una de las habitaciones cerradas.
Poco a poco acercó su oído derecho a la puerta de madera, con extrema cautela, sus pasos casi imperceptibles, y se dio cuenta que era la voz de la doctora Sanders, que estaba hablando por teléfono. Al principio, pensó en alejarse para respetar su privacidad, pero algo tanto en el tono de voz como en la charla en sí misma, lo detuvo.
—…No, no puedes entenderlo —decía ella, con voz tensa—. Están demasiado cerca, ya han encontrado cosas que no debían. Si no actuamos rápido, todo estará perdido. El idiota de Heynes quiso detenerlos y se defendieron… —hubo una pausa en la charla, y entonces volvió a hablar. —Él murió. Lo mató ella, por defender al mojigato cuatro ojos del de mantenimiento.
No podía creerlo, por lo que se acercó un poco más a la puerta, pegando el oído a la madera con cuidado. El corazón le latía con fuerza, una sensación incomoda asentándose en su estómago, como una brasa ardiente.
—Tenemos que hacer algo antes de que sea demasiado tarde para todos —continuó la voz de Sanders—. No podemos permitir que sigan cavando, ya han llegado más lejos de lo que esperábamos.
El estómago de Anthony se revolvió, no le cabía ninguna duda de que estaba hablando de ellos. Habían descubierto el cuerpo de Julianne y ahora parecía que Sanders estaba coludida con alguien más, alguien fuera del hospital, intentando encubrirlo todo.
Dio un paso atrás, alejándose de la puerta, con la mente trabajando a mil por hora. Esto lo cambiaba todo, ya que la doctora Sanders no era la aliada que comenzaban a creer, sino que era parte del complot, parte de lo que había mantenido los secretos en Ashgrove durante tanto tiempo.
Con el corazón latiéndole fuerte, retumbando en su pecho, se alejó con cuidado y luego aceleró el paso hasta llegar a su dormitorio. La inquietud lo envolvía, pero intentó mantener la calma. Sabía que no podían enfrentarse a Sanders directamente, al menos no aún. Tenían que mantener las apariencias y, no menos importante, proteger a Madison. Al llegar a su dormitorio, abrió el armario y sacó ropa limpia, luego se dirigió al baño. El agua caliente fue un alivio temporal, pero su mente seguía en marcha, procesando lo que había escuchado. No podía creer como una doctora como ella podía estar embarrada de semejante asunto, y se sintió increíblemente tonto, por haber confiado en ella. No tenía que haberles contado tantas cosas.
Al salir de la ducha se secó, se vistió con un pantalón de jean desgastado, sus botas beige estilo Camel y una camisa a cuadros, gris y negra. Luego se dirigió a la lavandería, para poner a secar la toalla en el secarropas y poner a lavar la muda vieja, y por último, volvió a su habitación, para buscar algunos libros de su estantería personal. Encontró uno de ellos bastante completo, que ya lo había leído muchas veces antes, de hecho, como hobbie personal, sin imaginarse tan siquiera que un día iba a poner en práctica algunas de aquellas cosas. Le dio un suave golpecito al título, labrado en la tapa dura, que decía Purificación y protección – rituales y consejos para la vida espiritual.
Editado: 11.05.2026