El legado de las sombras

11

Cuando llegaron a la cafetería, apenas había siquiera cuatro enfermeros tomando alguna taza de café. Dos de ellos charlaban entre sí, uno intentaba resolver el sudoku de una revista y la última, una enfermera de no más de treinta años, quizá, estaba leyendo una novela de romance, a juzgar por su portada donde se le veía a un marinero musculoso y con el tórax al aire, sujetando un timón de barco con una mano y una rubia mujer envuelta en vestido colonial, en la otra. El olor del café fresco, jugo de naranja recién exprimido y la comida caliente llenaba el aire, y luego de ir al mostrador, charlando algunas palabras breves con Sandy, la chica de la cocina, eligieron una mesa lo más al fondo posible, buscando un poco de privacidad.

—Esto es lo que necesitaba —murmuró Madison, respirando con fuerza el aroma de su taza de café humeante. Anthony asintió, tomando un bocado de su tarta de verduras—. Aún no me has dicho de qué se trata el libro que llevaste a nuestro dormitorio, o para qué va a servirnos.

Él levantó una ceja, divertido, y se ajustó los anteojos en un gesto mecánico.

—¿Nuestro dormitorio? —inquirió, luego de tragar con rapidez. Madison hizo un gesto con la mano vendada, como si quisiera apartarse una mosca invisible delante de su rostro.

—Ay, ya… no me cuestiones. Dime, anda.

—En ese libro hay ciertos rituales, de diferentes culturas y religiones, para quitar trabajos de magia negra, vudú, vamos… hechicería a nivel general —explicó él—. Lo normal es que se usen cosas como aceite de romero o lavanda, velas negras y blancas, un listón rojo, pero aquí no tenemos nada de eso, así que vamos a tener que adaptarnos con lo que podemos conseguir. Vamos a necesitar sal, agua corriente, y un trozo de tela que haya estado en contacto contigo. Puede ser un trozo rasgado de tu ropa, pero cualquier cosa que se pueda enlazar a los huesos y a ti, como unión simbólica.

—¿Y estás seguro que eso puede funcionar?

—En realidad no, pero debería. Peor sería no hacer nada.

—Exacto —convino ella. Escucharon la puerta de la cafetería abrirse, y entonces se giró, volteando hacia ella—. Oh, carajo… —murmuró.

La figura de la doctora Sanders apareció en el umbral de la cafetería. Se dirigió directamente a la máquina expendedora de café, se sirvió una taza y al voltearse, los vio, sentados al fondo. Caminó hacia ellos a paso rápido y entonces habló.

—¡Ah, ahí están! —dijo, acercándose. —Me preguntaba donde habían estado toda la mañana, los he estado buscando. Creí que habían salido a la intemperie, otra vez —se sentó sin invitación, y observó a ambos con una expresión casual.

Madison y Anthony compartieron una mirada rápida, apenas perceptible, antes de que ella se decidiera a hablar.

—Nos tomamos un momento un poco personal. No me sentía bien. Hemos estado revisando los documentos, pero… —titubeó. —No hemos encontrado nada nuevo. Creo que me estoy quedando sin ideas, y eso… —se interrumpió, soltando un suspiro convincente. —Supongo que eso me afectó más de la cuenta.

Anthony la observó solapadamente, sorprendido por lo bien que estaba llevando adelante la mentira, y añadió:

—Sí, Madison se puso bastante mal.

Sanders los miró con una expresión que parecía sincera, pero Anthony no podía dejar de notar una ligera rigidez en sus ojos, marrones y profundos. Aunque la doctora asintió de forma leve, había algo en su lenguaje corporal que hacía que ambos se sintieran incomodos, como si irradiase negatividad.

—A veces pasa eso —dijo la doctora, en un tono casi maternal—. A veces, cuando uno se siente estancado, lo mejor es tomar un respiro. Dejar que las cosas se calmen un poco… y luego, las respuestas pueden aparecer solas.

Anthony no pudo evitar notar la sutil forma en que Sanders estudiaba a Madison mientras hablaba, como si evaluara cada palabra, cada expresión. Había una tensión palpable en el aire, una sensación de que todo lo que dijeran seria examinado minuciosamente. Él, que por lo general era tan calmado, comenzó a sacudir arriba y abajo la pierna derecha de forma inconsciente, un pequeño gesto que delataba su creciente inquietud y que al mismo tiempo era perceptible debido a las pequeñas onditas que se generaba en el café de cada taza. Madison vio esto, notó que Sanders iba a apoyar su taza, y entonces le tocó la pierna con su pie por debajo de la mesa, para indicarle en silencioso gesto que se quedara quieto.

—Eso fue lo que hicimos, justamente —añadió él, forzando una sonrisa relajada—. Después de revisar durante horas y no encontrar nada más, Madison estaba bastante afectada, así que decidimos tomarnos un tiempo para procesarlo todo mejor.

Sanders inclinó la cabeza ligeramente, considerando sus palabras.

—Claro, claro. Es importante tomarse momentos para uno mismo, y me alegra que lo hayan hecho. ¿Pero están seguros que no encontraron nada más? A veces, los pequeños detalles pueden ser los más reveladores, y cualquier cosa sería útil para comprobar la culpabilidad de Heynes en todo esto. Aunque él esté muerto, es posible que se le abra una investigación al hospital.

Madison mantuvo la calma, bebiendo un poco de su café antes de responder. Sabía que era crucial no mostrar ninguna señal de nerviosismo.

—Nada que nos haya llevado a algo concreto —dijo, al fin—. Solo piezas sueltas que no terminan de encajar, muchos documentos dañados por el paso del tiempo o ilegibles, y honestamente, me está empezando a frustrar un poco, yo solo quería buscar la verdad, nada más.

Bajó la mirada, como si estuviera al borde de las lágrimas. Sabía que mostrar vulnerabilidad desarmaría las preguntas de Sanders.

—Entiendo —murmuró—. No se preocupen, estoy segura que, con el tiempo, todo se resolverá. Más ahora, que están conociéndose mejor, ¿no? Tienen toda una vida por delante, deberían aprovechar eso.

Había un subtexto en esa última frase que no pasó desapercibido para ninguno de los dos. Era casi como si Sanders estuviera ocultando algo más, una oscura insinuación. El ambiente en la mesa se volvió más pesado y Anthony, sintiendo que la conversación se prolongaba peligrosamente más de la cuenta, se inclinó hacia adelante, tratando de cerrar el tema de alguna forma.



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En el texto hay: conspiraciones, hospital, ouija

Editado: 11.05.2026

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