Sentados en la sala de espera del ala nueva del hospital, Madison y Anthony charlaban en susurros, mientras veían a través de la puerta automática de acceso al hall, enteramente de vidrio, como el aguanieve y el viento caían a raudales afuera, igual que hace varios días atrás. Algunos enfermeros iban y venían, como siempre, y por el momento, no había rastro de la doctora Sanders. La gente ya estaba fastidiada de estar encerrados allí, y habían llegado a un punto en que no tenían demasiado que hacer, lo cual era comprensible. Cerca de la hora de la merienda, a medida que la luz gris del día tormentoso comenzaba a desvanecerse tiñendo las paredes del hospital con un tono pálido y frío, vieron como los doctores y el resto de los funcionarios poco a poco abandonaban sus tareas para ir a la cafetería, para comer algo. Aquello le dio una idea sublime, como si fuera un regalo del cielo.
—Ya sé lo que podemos hacer, esta es nuestra mejor oportunidad —murmuró ella, inclinándose hacia adelante con los codos apoyados en las rodillas y mirando hacia el mostrador de recepción, vacío—. Si queremos descubrir lo que Sanders ha estado ocultando, debemos actuar esta misma noche.
Anthony mantuvo los ojos fijos en ella, viendo la determinación que inundó el rostro de ella, de un segundo al otro. De pronto la vio ponerse de pie, caminar casi trotando hacia el mostrador y rodearlo para ingresar tras él. Con manos ágiles, comenzó a revisar los ficheros clínicos que había a un lado de la computadora —apagada de momento, ya que usarla sin internet era inútil—, y comenzó a leer con rapidez. Él se puso de pie y la siguió, sin comprender.
—¿Qué haces? —preguntó, viéndola revisar papeles, lo que al parecer eran historiales médicos actuales.
—Estos son los pacientes que están internados en el hospital, por lo que vamos a crear una distracción. No son pacientes psiquiátricos, sino de personas con afecciones comunes. Algunos están aquí por insuficiencia cardiaca, otros por problemas respiratorios o postoperatorios. Todos ellos requieren monitoreo constante, y el equipo médico es esencial para mantenerlos estables, así que vamos a usar eso a nuestro favor.
Anthony asintió, aunque no podía evitar sentirse un poco intranquilo. Sabía que lo que estaban a punto de planear no era muy ético que digamos, pero la alternativa era dejar que las cosas siguieran como estaban, y eso era aún peor.
—¿Y si mejor vamos ahora a la oficina de Sanders? Todos se fueron a tomar la merienda, nadie podrá vernos.
Ella levantó la vista de los papeles.
—¿Ves que ella haya ido a la cafetería?
—No, creo que no.
—Exacto, porque no lo hizo. Seguramente ni siquiera debe haber salido de su oficina —dijo Madison, volviendo al papeleo—. No podemos ir ahora, y si surge una emergencia, como jefa medica de planta es su responsabilidad ir y revisar que todo esté en orden, por eso vamos a distraerla. Y lo vas a hacer tú.
—¿Yo? ¿Y qué quieres que haga con los pacientes? —preguntó, con la voz ligeramente áspera por la tensión. —No soy médico, Maddie. No quiero causarles ningún daño a estas personas.
—Lo sé, Tony. No te preocupes, no haríamos nada que los pusiera en verdadero peligro. Lo único que tienes que hacer es desconectar algo del equipo sin causarles daño real, solo el suficiente para que se disparen las alarmas y todo el personal médico, incluida la doctora Sanders, se enfoque en eso —Madison continuó hojeando la lista, hasta detenerse en un nombre—. Aquí, John Hilligan, sala trescientos diez. Está aquí por insuficiencia cardiaca, su condición es estable, pero le instalaron un marcapasos hace poco y el monitor que regula su ritmo cardiaco es crucial para el seguimiento. Si desconectas el monitor por unos minutos, las alarmas sonarán y el equipo de enfermería acudirá de inmediato. Sanders también estará obligada a salir de su oficina para supervisar la situación. Eso nos dará algo de tiempo para que pueda infiltrarme en la oficina y buscar algún archivo que la incrimine, cualquiera que sea.
Anthony miró el nombre en el papel, y luego volvió a encontrarse con los ojos de Madison. Era un plan arriesgado, y temía por ella.
—¿Estás segura que va a funcionar?
—Debería.
—¿Cómo desconecto el aparato sin empeorar la situación? No tengo ni idea de cómo funciona.
—No tienes que desconectar nada complicado —respondió ella, con seguridad—. Solo necesitas desconectar el cable del sensor del ritmo cardiaco, normalmente es de color verde y va hasta detrás de la pantalla, no tienes como perderte. Las alarmas se activarán automáticamente, pero el paciente seguirá estable. No tocarás el respirador ni nada que pueda afectarlo seriamente, así que no debería haber problemas.
Anthony dejó escapar un resoplido que no sabía que estaba conteniendo. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para ayudar a Madison, pero la idea de poner en peligro la vida de un paciente había estado pesando sobre él. Para ella, explicarlo era fácil, era médica y tenía experiencia en el campo. Pero para él, sin embargo, era algo muy distinto.
—Está bien, yo me encargaré de eso —hizo una pausa, temeroso, y entonces preguntó—. ¿Y si algo sale mal? ¿Si no encuentras nada antes de que la situación en la sala del paciente se normalice? No podemos volver a repetir la misma jugada en otro paciente, sería muy obvio. ¿Dónde nos veremos para no llamar la atención?
Madison lo miró fijamente por un momento antes de asentir, reconociendo la posibilidad. Sabía que en cualquier plan bien estructurado, debía haber una salida de emergencia.
—Si algo sale mal, nos encontraremos en el cuarto de mantenimiento, donde guardas tus productos de limpieza —dijo, señalando con la cabeza hacia el lugar donde sabía que pocas personas solían pasar—. Es un lugar seguro y discreto, nadie se fija demasiado en esa área, y podríamos ocultarnos ahí mientras pensamos nuestro próximo paso.
Anthony asintió, memorizando el lugar. El cuarto de mantenimiento, pequeño y oscuro, estaba lo suficientemente alejado del resto del hospital para servir como un refugio temporal en caso de que fueran descubiertos. No era perfecto, pero sería lo suficientemente seguro para reagruparse.
Editado: 11.05.2026