Durante la cena, ninguno de los dos comió demasiado, nerviosos y expectantes por lo que podría ocurrir. Las horas transcurrieron lentas, tediosas, hasta que finalmente el momento llegó. Poco a poco, tanto los enfermeros como la propia doctora Sanders volvieron a retomar sus últimos quehaceres del día, antes de apagar todas las luces y retirarse a descansar. Madison vio de reojo como Sanders salía de la cafetería, y entonces, asintiendo con la cabeza hacia Anthony, llevaron sus platos hacia el área de la cocina y salieron del recinto, siguiendo a la doctora a una distancia prudente. La vieron atravesar todo el hall principal del sector nuevo de Ashgrove, y meterse a su oficina, al fondo del pasillo derecho, cerca del sector de administración.
Madison le hizo una seña con la cabeza, y entonces se dividieron, cada uno por caminos separados. El eco de los pasos de Anthony resonaba por los sectores vacíos mientras avanzaba con cautela hacia la sala 310, donde estaba internado John Hilligan. Las luces de los fluorescentes, frías y pálidas, proyectaban sombras largas y deformes que se estiraban por las paredes, haciendo que el hospital pareciera más desolado de lo habitual. El sonido distante de una puerta que se cerraba resonó por un corredor cercano, haciendo que Anthony se tensara por un segundo, pero continuó avanzando, recordando el plan que él y Madison habían urdido minuciosamente.
Cada paso que daba lo acercaba más a su objetivo, y con cada metro que avanzaba, sentía como el peso de la misión aumentaba, como si el aire a su alrededor se volviera más denso y difícil de respirar. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era riesgoso, y el hecho de que no tuviera conocimientos médicos hacía que la responsabilidad de manipular equipos de monitoreo lo llenase de inquietud. Había escuchado atentamente las indicaciones de Madison durante la cena, cuando ella le había repetido con paciencia que cable debía desconectar y cuales no tocar bajo ninguna circunstancia. Él había asentido en silencio, aunque por dentro se sentía inseguro. No entendía mucho de tecnología médica ni de lo que podría pasar si se equivocaba, pero confiaba en ella. Habían superado cosas más complicadas juntos, y hasta ahora, siempre habían logrado salir adelante. Sin embargo, el pensamiento de que si cometía un error podría causar una emergencia real, lo mantenía en alerta constante.
Finalmente, llegó a la puerta de la sala indicada. Al detenerse frente a ella, la observó entreabierta, permitiéndole una vista parcial del interior de la habitación. Hilligan estaba tendido en la cama, su respiración apenas audible bajo el leve zumbido de los monitores. El grafico en la pantalla del monitor mostraba los signos vitales del paciente de forma constante y tranquila, el ritmo cardiaco estable, la presión sanguínea en niveles controlados, y la respiración moderada por el respirador que mantenía su flujo de aire asistido.
Anthony tomó una última respiración profunda y dio un paso dentro de la habitación, entornando la puerta tras él sin hacer ruido. La atmosfera en la sala era sofocante, el paciente dormía profundamente, con su rostro pálido y demacrado bajo las sombras. Parecía tan frágil, tan vulnerable, y al verlo sintió como le sudaban las palmas de las manos, expectante. Trató de concentrarse en la tarea que tenía por delante, ignorando los latidos de su propio corazón, que parecían retumbar en sus oídos.
Se acercó al equipo médico que estaba conectado a Hilligan, cerca de la cama, y sus ojos buscaron con urgencia el cable verde que Madison le había indicado. El aparato tenía varias conexiones, y por un momento, Anthony sintió que sus manos se volvían torpes. ¿Y si se equivocaba? ¿Y si tocaba algo que no debía? Pero en ese instante, sus dedos encontraron el cable correcto, el delgado conector que Madison le había descrito.
—Solo el verde… —se recordó a sí mismo, en un susurro casi inaudible. Con un movimiento decidido pero controlado, Anthony tomó el cable y lo desconectó dando un firme tirón.
El cambio fue inmediato. El monitor cardiaco, que antes emitía un pitido regular y calmado, comenzó a sonar de manera ininterrumpida. Una alarma aguda y penetrante llenó la habitación, anunciando una supuesta emergencia. Las luces de advertencia de la pantalla comenzaron a parpadear con un tono rojizo, como si anunciaran una catástrofe inminente, y una parte de sí mismo se asustó.
Se retiró rápidamente del lado de la cama, asegurándose de no dejar rastro de su presencia, y salió de la habitación en un movimiento fluido. Apenas cerró la puerta detrás de él, cuando empezó a oír voces a lo lejos, el personal médico ya había escuchado la alarma y se estaba movilizando hacia su dirección. Los pasos se multiplicaban en el pasillo y Anthony supo que no tenía tiempo que perder. Echó a correr por el pasillo, tomando un recodo a la izquierda para ocultarse de los médicos que pasarían por allí, y luego volvió a retomar el camino hacia el cuarto de mantenimiento, donde Madison le había dicho que se refugiara mientras ella cumplía con su parte del plan.
Mientras corría, los ecos de las voces y las alarmas lo seguían como fantasmas en la distancia. A su alrededor, el hospital se había transformado en un hervidero de actividad frenética, con el personal apresurándose hacia la sala 310, al igual que la doctora Sanders. Anthony alcanzó el cuarto de mantenimiento, abrió la puerta de un tirón y se deslizó hacia adentro, cerrando la puerta tras de sí mientras intentaba controlar su respiración agitada. Apoyó la espalda en la pared, entre las escobillas y fregonas, y se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo, tratando de calmarse.
El plan estaba en marcha, ahora solo quedaba esperar.
*****
Mientras tanto, en el otro extremo del hospital, Madison se movía con una precisión calculada, consciente de que cada segundo contaba. Sabía que la distracción que Anthony había causado fue buena, muy buena de hecho, pero no duraría para siempre, y debía aprovechar ese breve margen de caos para completar su parte del plan. El eco de la alarma resonaba por toda el ala nueva, pero la mayoría del personal médico ya estaba concentrado en asistir al paciente de la sala 310, dejándola prácticamente sin vigilancia.
Editado: 11.05.2026