El legado de las sombras

14

La doctora Sanders había llegado a la sala casi al mismo tiempo que el resto del equipo, viendo de inmediato que algunos médicos ya estaban encima del paciente, revisando pulso, respiración y oxigenación en sangre, y aunque el hombre no presentaba signos de algún deterioro crítico, la alarma había causado un revuelo importante. Sin embargo, tras luego de algunos minutos, vieron de inmediato lo que parecía ser un problema técnico: uno de los cables del monitor cardiaco estaba desconectado. Mientras uno de los enfermeros volvía a conectar el cable verde con rapidez, Sanders observaba la situación con los ojos entrecerrados, su mente trabajando a toda velocidad. ¿Cómo había llegado a desconectarse ese cable? No era una falla común, y el personal médico de Ashgrove solía ser extremadamente cuidadoso con ese tipo de conexiones.

El paciente, por fortuna, estaba estable. Los signos vitales de John Hilligan no mostraban alteraciones, lo que significaba que el incidente no había sido grave, pero algo no le cuadraba. Era demasiada casualidad. Sanders, siendo una mujer de mente analítica y metódica, sabía que este tipo de errores no ocurrían con facilidad. Mientras observaba al equipo reconectar los cables y ajustar los parámetros en el monitor, algo en su interior le hizo sospechar, mientras un pensamiento inquietante comenzó a formarse en su cabeza: ¿Y si todo esto no era un accidente? ¿Y si alguien lo había provocado de forma intencional?

Su mirada se endureció mientras revisaba mentalmente los eventos recientes en el hospital. Su intuición la empujaba en una sola dirección: Madison Lestrange. Aquella mujer había estado investigando demasiado, había encontrado el fraude de Heynes, iba y volvía repetidamente al sector psiquiátrico abandonado, y Sanders había notado su determinación a la hora de indagar sobre Julianne Grimshaw. Estaba segura que estaba detrás del incidente en la sala 310, y debía averiguarlo.

Con el ceño fruncido se giró abruptamente hacia la puerta, indicándole a uno de los enfermeros más leales a ella que la acompañara. No podía permitirse dejar su oficina desatendida ni por un minuto más, algo en su razonamiento le decía que debía volver allí de inmediato. Mientras se alejaba de la sala del paciente, su mente ya había comenzado a trazar un plan. No iba a regresar sin protección.

En su camino de regreso hacia su oficina, pasó por la enfermería. Con precisión, abrió el pequeño refrigerador de medicación y tomó un frasquito con Propofol, un potente anestésico de acción rápida que usaban en cirugías menores para sedar a los pacientes. Luego tomó una jeringa nueva, la llenó con el espeso líquido amarillento, y volvió a meterle el capuchón de protección a la aguja, guardándola en el bolsillo derecho de su bata clínica.

—Vamos, rápido —ordenó, saliendo de la enfermería rumbo a su oficina.

*****

La oficina estaba sumida en la penumbra, y Madison sentía la presión del tiempo sobre sus hombros mientras seguía revisando los documentos. De repente, el sonido de pasos acercándose rápidamente rompió el silencio del ambiente. Cada fibra de su cuerpo se tensó, sabiendo que algo iba mal. Apenas tuvo tiempo para reaccionar antes de que la figura de la doctora Sanders se delineara en el umbral de la puerta, acompañada de un corpulento enfermero, de unos cuarenta años, quizá un poco más.

—Madison… —murmuró Sanders, mirándola con los ojos fríos como el hielo más puro. —Sabía que no te quedarías quieta.

El enfermero cerró la puerta detrás de ellos con un “clic” seco que resonó en la sala. Madison trago saliva, consciente de que ahora no había escapatoria. El hombre se mantuvo en silencio, pero su postura intimidante lo decía todo. Estaba allí para cumplir órdenes.

—¿Qué creías que ibas a lograr? —preguntó la doctora, mientras su voz se volvía más gélida con cada palabra. —¿Qué podías entrar aquí, hurgar en mis documentos, y salir sin que te atraparan? Sabía que tú y tu nuevo noviecito estaban tramando algo, lo vi esta mañana, al hablar con ustedes. Parecían cachorros asustados. ¿Cuánto has descubierto?

Madison mantuvo la mirada firme, aunque sentía como el miedo le hacía latir con fuerza el corazón, entrecortándole la respiración.

—Más de lo que te gustaría, perra —replicó, desafiante. Sanders soltó una carcajada amarga, y movió la cabeza en señal de desaprobación.

—Pobre chica, ilusa… No entiendes nada, ¿verdad? —dijo, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. —Esto es mucho más grande de lo que puedes imaginar. Tú y ese conserje entrometido se han metido en asuntos que no comprenden. ¿Crees que descubriendo unos papeles cambiará algo? —preguntó, avanzando un paso hacia ella. Madison retrocedió, a su vez —Desde que Heynes se hizo cargo de la clínica, hemos trabajado para proteger sus intereses. Familias enteras se beneficiaron de esto, y nadie, absolutamente nadie se ha atrevido a cuestionarnos, hasta que llegaste tú.

Madison apretó los dientes, sintiendo la presión del momento.

—El viejo Heynes y sus compinches mataron a Julianne —dijo, ardiendo de rabia—, al igual que a mi abuela. Hicieron desaparecer su cuerpo, falsificaron su defunción, todo para ocultar lo que ella sabía. ¡No puede apoyar una generación de asesinos!

—Julianne cometió errores, que no podían permitir que salieran a la luz —replicó con calma—. Tuvieron que actuar, y así mantener los contratos con las familias de Ravenwood que les dieron buen sustento económico a nuestros padres, y luego a nosotros mismos.

—¿Por un puñado de dólares? ¿En serio?

Sanders rio, casi con estrepito. Madison la miró con horror.

—¿Acaso crees que solamente las familias más pudientes de Ravenwood están implicadas en esto? ¡Aquí hay muchas personas pagando por nuestro silencio! ¡Eminencias medicas de muchas ciudades importantes que ni siquiera imaginas, y que sus padres alguna vez fundaron los pilares de su fortuna a costa de los tratamientos en Ashgrove! Pero tú arruinaste todo con tus preguntas… Tú y ese muchacho no son más que un par de insectos en una maquinaria mucho más grande, y pronto nos encargaremos de él.



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En el texto hay: conspiraciones, hospital, ouija

Editado: 11.05.2026

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