El legado de las sombras

CAPÍTULO CUATRO - RENAISSANCE

Anthony y Madison atravesaron los oscuros y angostos pasillos del hospital con el corazón aún acelerado, sintiendo la adrenalina disiparse lentamente. El aire que una vez había estado cargado de una sensación opresiva y densa, ahora parecía más ligero, más respirable. Aunque las paredes agrietadas y el moho de los techos seguían todavía presentes, la atmosfera general había cambiado, era como si el hospital, o al menos esa parte, hubiera exhalado toda su maldad tras la liberación de Julianne Grimshaw. Sin embargo, no podían bajar la guardia. La doctora Sanders y su equipo seguían siendo una amenaza tangible, y sabían que no estarían a salvo hasta que pudieran salir de Ashgrove para siempre.

—Tenemos que movernos rápido —murmuró Anthony, aún en alerta mientras avanzaba por los corredores en penumbras. Habían dejado atrás la morgue y el sótano abandonado, y se dirigían hacia el pasadizo que conducía al patio trasero, evitando la parte nueva del hospital para no ser descubiertos.

Madison, visiblemente exhausta, lo seguía de cerca, sus pasos firmes pero inseguros después de todo lo que habían vivido. El alivio por haber erradicado el mal de Julianne se mezclaba con la preocupación por lo que aún los esperaba afuera. El hospital seguía siendo un lugar de pesadilla, pero la sensación de amenaza había disminuido de forma considerable. Podía notarlo dentro de sí.

Cuando finalmente pudieron llegar a la intemperie, el aire húmedo y frío de la tormenta los recibió. La lluvia seguía cayendo, pero no con la furia de antes. Las nubes oscuras se agitaban sobre sus cabezas, pero había un leve resquicio de claridad en el horizonte, como si incluso el clima estuviera empezando a ceder. El viento seguía soplando con fuerza, pero ya no era la tempestad incontrolable de días u horas anteriores.

—Parece que el tiempo comienza a mejorar —comentó él, mirando al cielo antes de tomar la mano de Madison. Ella asintió, aún en silencio, sus pensamientos agitados después de todo lo que había vivido. Sentía el frío de la lluvia en su piel y el peso del suéter que comenzaba a mojarse sobre su cuerpo. Ahora, la sensación de maldad parecía más distante, aunque la incertidumbre aún la perseguía.

Rodearon el hospital por los patios laterales, evitando cualquier posible encuentro con la doctora Sanders o su equipo. Cada árbol caído, cada charco de agua que esquivaban, era una pequeña victoria hacia su escape. La estructura del hospital, visible a través de las ráfagas de lluvia, se erguía alta y siniestra detrás de ellos a medida que se alejaban cada vez más, pero ya no parecía imponente, como si hubieran despojado al lugar de su peor horror.

Llegaron al perímetro del hospital, cruzaron las enormes porterías de hierro forjado y salieron a la calle, caminando rumbo a la avenida central de Ravenwood. Anthony sabía que la mejor opción que tenían era ir a la inmobiliaria del señor Hill, y pedirle refugio. Volver a la parte nueva del hospital era un suicidio, y quedarse allí esperando que las cosas mejoraran era inútil.

—¿Adónde vamos? No podemos estar mucho más a la intemperie —murmuró ella, temblando de frío. Él asintió con la cabeza. Se quitó la mochila y luego la chaqueta de paño. Estaba mojada, como toda su ropa, pero algo era algo. Se la puso por encima a Madison, que metió las manos dentro de las mangas y se la abrochó con rapidez. Le quedaba enorme, pero al menos tenía algo más con lo que cubrirse.

—Hay un lugar donde podremos escondernos, creo. Cuando volvía de camino a buscarte, pasé por la inmobiliaria de Bernard, un vecino de aquí. Él es radioaficionado, por lo que pedí que contactara con las autoridades y pidiera ayuda. Creo que él puede recibirnos, mientras tanto —dijo Anthony.

Madison asintió, y continuó caminando a su lado, jadeando agotada. La lluvia seguía cayendo, pero a medida que avanzaban hacia el corazón del pueblo, las gotas se hacían menos densas, como si la tormenta estuviera dando su último suspiro. Aun así, el barro en el camino hacía que cada paso fuera una lucha, y el cansancio físico comenzaba a cobrarles factura. Ella tropezaba de vez en cuando, y Anthony, herido y agotado por la pelea con el enfermero, también mostraba signos de fatiga. Sin embargo, debían continuar. No era nada seguro quedarse allí, en la intemperie.

Después de lo que para ambos pareció una eternidad, divisaron las primeras luces de las casas a través de la cortina de lluvia. Anthony apuró el paso rumbo al negocio de Bernard Hill, y cuando llegaron, él golpeó la puerta con fuerza, casi desesperado. Bernard abrió después de un momento, su rostro arrugado se iluminó brevemente al reconocer a Anthony, mirándolo de arriba abajo, notando su aspecto lamentable, incluso aún peor que la primera vez que lo había visto.

—¡Por Dios, muchacho! ¿Qué te paso?

—Sé lo explicaré más adelante, necesitamos ayuda —respondió, respirando agitado—. ¿Pudo comunicarse con alguien? He logrado rescatarla —al decir esto último, miró a Madison con rapidez.

Bernard asintió, apartándose de la puerta para dejarles entrar. El calor del interior fue un alivio inmediato.

—Sí, logré contactar con la policía estatal. Están movilizando un equipo de rescate, deberían estar aquí en unas pocas horas —dijo, mientras los guiaba hacia la sala de estar—. Les dije que había una mujer secuestrada en Ashgrove, como me lo pediste. Van a venir con todo lo que tienen.

Madison, al escuchar eso, sintió un nudo en el estómago al saber que se referían a ella.

—Gracias, señor Hill —dijo Anthony, tomando aire profundamente—. No podíamos volver, hay ojos por todas partes en el hospital, y no sabemos en quien confiar.

—Entiendo, hijo. Están a salvo aquí, pueden quedarse el tiempo que necesiten hasta que llegue la ayuda. Vengan —El anciano acercó dos sillas a la estufa a leña, vio a su esposa acercarse con cara de preocupación, y le pidió que calentara dos tazones de estofado. Luego miró a Anthony y a Madison haciéndoles un gesto hacia las sillas—. Acérquense al fuego, van a necesitar calentarse o pueden pillar una pulmonía.



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En el texto hay: conspiraciones, hospital, ouija

Editado: 01.06.2026

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