El Legado de los De' Rosas

Siete

Sus pies se encajaban entre las puntas de las rocas. El único sonido presente eran sus gimoteos, que la dejaban cada vez más sin aire. Pasaron varios minutos eternos tentando las paredes que guiaban su camino como sus nuevos ojos. Los callos de sus manos recordaban cada borde y comisura, intacta desde aquel día hacía cinco años. Mantenía los ojos cerrados, y aunque los abriese, la oscuridad la asfixiaría como un sueño mortuorio. Sus palmas sintieron cómo la pared se transformaba en una curva, la cual cerró el sendero. El techo jaló las hebras de su cabello.

Vega golpeó hacia arriba; una lluvia de ceniza cubrió su cuerpo, pero un destello de luz se filtró y ciñó su rostro como signo de un milagro que le quitó el aliento. Con un salto intrépido, dejó que sus brazos y estómago sostuvieran su cuerpo hasta que subiera del todo. Dio con la chimenea de una de las salas de estar.

Se sentó un momento. Sus manos acariciaron las heridas y callos nacidos de la búsqueda. Su mirada se perdió entre la imagen de su piel y las cortadas cuando su mente volvió a repasar su inquietante noche y su giro final.

Haze era un brujo. Por eso sabía de magia, y lo más probable es que esa era la razón de su insistencia. Pero ¿qué era lo que él buscaba de ella?

No había mucho tiempo para pensar. Levantó sus faldas rasgadas y salió del aposento en ráfaga. Sus ojos buscaron soldados, o a cualquier persona a la que pudiese advertirle que un maldito rondaba por los pasillos y que no la quería viva. El miedo de reencontrarse con el traidor estaba ahí, latente. Pero no encontró a nadie. No había ni siquiera un sirviente, un lacayo o algo. Los pasillos estaban desérticos.

Volteó de un lado a otro con la esperanza de que alguna sombra se acercase. Pero nada pasó. Se llevó las manos a la cabeza; sus propios sollozos giraron el mundo en sus ojos, su piel se tiñó de blanco. Ahondó en soluciones. La primera la más obvia, pero también la más osada. Y, por lo pronto, la única por la que podía actuar. Sus hermanos. Vega exhaló resignada.

Avanzó a través del pasillo; solo tenía que guiarse entre puertas iluminadas y encontrar la melodía de risas enajenadas.Con cada paso, una gota de sudor caía al suelo, mezclada entre el decaimiento y el miedo. Con pasos silenciosos se acercó al salón principal. Y ahí estaban: Samuel, Elizabeth y Alina. Discutiendo con normalidad, acompañados del regocijo entre el alcohol y la danza, que Vega pensó dos veces si arruinar la velada con pánico colectivo.

Se dio la vuelta y se adentró a otro de los pasillos. Llamó a cada uno de los nombres del resto de sus hermanos, pero ninguno contestó. Entre aterrorizar a los huéspedes u otra alternativa, su opción más cercana (y atemorizante) era su hermano Charles, quien, con solo oír la mención de un maldito, encabezaría la mayor cacería nocturna vista en el castillo.

Mientras lo buscaba, su caminar se volvía forzado y sus manos temblaban, humedecidas en sudor. Tragó fuerte. Entonces se desveló la puerta de su despacho, con un marco iluminado entre la oscuridad del pasillo. Voces ebrias y risas exultantes se hicieron presentes. Vega se colocó junto a la puerta. Su pie zapateando impetuoso mientras esperaba un silencio por el cual hacer su entrada. Cualquiera que tuviese la osadía de interrumpirlos se podría considerar muerto.

Sus manos se apretujaron entre ellas, su mirada vagando de punto a punto del techo. Fue entonces que su nombre se mencionó. Su corazón se detuvo. Volvió a oírlo, mas esta vez fue mencionado como un detalle jocoso entre los príncipes. Pegó su oído en la madera. Las risas se transformaron en palabrerías mal coordinadas y choques de copas cada vez más agrietadas. Hasta que las palabras cobraron sentido en una conversación.

—Hey, y entonces, ¿dónde está la celebrada? —escuchó a Catherine.

—Oh, ella. Posiblemente esté en su habitación o algo así —contestó Leonard.

—Después de tal humillación, no creo que se atreva a dar la cara en sociedad de nuevo.

—En efecto, hermana —respondió Charles.

—Todos la repudiaron —escupió Erick.

—Yo oí de alguien que sintió terror al tomar su man

—¡Bah! Tonterías —oyó a Charles quebrar la copa—. Lo único bueno en ella es nuestro apellido.

—¡¿De qué hablas?! Esa estúpida lo ha deshonrado desde el día que llegó al mundo —vociferó Leonard.

—Desde antes —mencionó Erick.

Las manos de Vega se deslizaron inertes por la puerta, su rostro apoyado en la madera sin fuerzas, absorbidas por el desprecio de sus hermanos. Qué cruel fue la coincidencia. O tal vez, qué considerada. Porque, entre esa verborrea, los insultos se transformaron en una predicción fatal.

—Por lo menos ya no la tendremos aquí —expresó Erick con su voz templada y soberbia.

—Sí, es un alivio que ya no tengamos que lidiar más con ella.

—¿Cómo creen que morirá? —preguntó Catherine entre un trago.

—Ahogada. Asesinada, tal vez —predijo Charles.

—Espero que sea la segunda. Sería poético —agregó Erick.

—Tranquilos, tranquilos.

Vega oyó el vino caer sobre la copa, probablemente de Leonard

— Siempre camina hechizada al acantilado. Lo he notado por las noches. Y sin un anillo que la proteja de la magia, Vega morirá, de alguna u otra forma, antes de su decimonoveno amanecer, aproximadamente.

Vega cubrió su boca.

—¿Y cómo estás tan seguro de eso? —cuestionó Charles.

—Cualquier descuido, cualquier tormenta o cualquier ráfaga de aire será suficiente. _ Leonard sirvió más vino. —Si de verdad quiere escapar de nosotros, entonces que la parca le ayude —habló Leonard con ironía. —Es el precio de todas sus travesuras.

—Es el precio a pagar por romper nuestro escudo —expresó Charles, quebrando otra copa.

—Y pagará caro. Muy caro —reclamó Catherine.

—¡Salud!

—¡Salud! —brindaron los cuatro.

Vega perdió el sentido de sus miembros. Sus pasos retrocedieron sin petición alguna. Su llanto se atoró en su garganta, mas el terror ya había escapado en un torrente de lágrimas. Retrocedió hasta salir del pasillo y arrancó sin rumbo fijo.



#767 en Fantasía
#3359 en Novela romántica

En el texto hay: magia, thriler, #romantasy

Editado: 06.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.