El Legado de los De' Rosas

Nueve

Los pasillos resplandecían con la opulencia típica de sus tapices. Los aires cantaban impasibles, y las doncellas sacudían con banalidad las estatuas de yeso de familiares apenas recordados. Las puertas se abrieron con morosidad. Las doncellas se inclinaron con modestia.

—Buenos días, princesa.

Vega respondió agachando la cabeza y con una diminuta sonrisa en los labios. Los jóvenes volvieron a sus tareas, desinteresados del mundo a su alrededor; tan solo escucharon el golpeteo acelerado de su princesa. Vega avanzaba recta hacia enfrente, tratando de controlar el temblor de sus dedos.

Le daba miles de vueltas a las frases que debía pronunciar si no quería ser reprendida. Haze le había dado una indicación específica: averiguar un posible origen de la maldición, o al menos hallar una pista sobre dónde encontrarlo.

Le aseguró la inexistencia de un registro de brujos reprendidos, pero sus hermanos en ocasiones mencionaron entre comidas ciertas declaraciones, unas que Charles, Leonard y Erick respaldaron.

Leonard nunca fue una opción. Charles, por otro lado, era demasiado paranoico como para notar su doble intención. El único restante fue Erick, aunque fuese el menos apto para conversaciones serias. Era consciente de su mala fama como mentiroso. La persuasión era la clave. Se detuvo para respirar profundo.

Determinada y con la cabeza en alto, recorrió los pasillos hasta llegar a su despacho: dos puertas con dos leones coronados tallados al detalle. Su mano se humedeció al rozar la madera. Cerró los ojos unos segundos, preparándose para la operación.

“Lo que sea por dejar de lado el pasado oscuro”, pensó.

Dio dos toquidos.

—¿Quién? —preguntó una voz al otro lado.

Vega contrajo el puño.

—Soy Vega, querido hermano.

Las palabras supieron agrias. El silencio permaneció unos segundos.

—¿En qué te puedo ayudar?

—Necesito informarte sobre algo.

Se estableció otro silencio por un largo tiempo. Vega ya estaba preparada para el rechazo, hasta que su hermano contestó:

—Espero que sea importante.

Con eso dicho, Vega entró al despacho. El color naranja siempre fue su distintivo. A su mano izquierda yacía un librero que alcanzaba el techo, adornado con cubiertas sin título. Al otro lado, una chimenea cubierta en detalles de oro y, arriba, el retrato de un antepasado rey montado a caballo, con un semblante más amigable que imponente. Por alguna razón, Vega siempre se hipnotizaba con la pintura.

—Vega.

La joven dio un brinquillo. Erick la observaba con desdén. Además, con el golpeteo de sus dedos en su escritorio, era difícil de interpretar.

—¿Y bien? ¿Qué es tan importante como para tener la osadía de interrumpirme?

—¿Lo hice?

Erick se dio la vuelta hasta sentarse en su escritorio, tomando la pluma y algunos papeles para atenderlos.

—Habla.

Vega enderezó su espalda con una mirada impenetrable, aunque los latidos del corazón pudieron ser delatantes.

—Sospecho que hay un brujo en el castillo.

Erick perdió su mirada entre los papeles. La tinta se derramó sobre las letras.

—¿Lo sospechas? —mencionó sin mirarla—. ¿Cuáles son tus pruebas?

Vega tragó con fuerza. Delatar a Haze nunca fue el punto de su informe, y debía contener su acusación para no acabar desenterrando el secreto.

—He sentido un aura extraña.

Palabras equivocadas.

—¿Un aura? ¿Eso es lo que te mantiene ansiosa? —Él se levantó con una sonrisa en los labios—. ¿Te preocupas por eso?

—Desde niños nos han advertido que cualquier sensación extraña es lo suficientemente relevante para considerar que hay una amenaza cerca.

Erick soltó una carcajada minuciosa. Caminó hacia el librero, tomando una lectura al azar y abriéndolo sin motivo.

—¿Y se supone que debería hacer algo al respecto?

— Podrías poner guardias a revisar el lugar.

—Podría —repitió con cinismo—. ¿Sabes lo que eso involucra?

—Lo sé, pero -

—Recursos. Tiempo. Hombres que no tenemos.

—Avanzó hacia ella—. ¿Y todo porque tienes un presentimiento, me parece?

Vega dio un sutil respingo antes de seguir adelante.

—Puede ser un antiguo enemigo.

—¿Un antiguo enemigo?

—La familia ha tenido múltiples.

—¿Y por qué estás tan convencida de eso?

—No es que esté tan convencida. Es solo que- —tragó con fuerza— Alina me habló sobre las sospechas de infiltrados. Y a veces ustedes también hablan sobre sus problemas de caza entre las comidas. ¿Qué tal si todo esto es por venganza de alguien al que antes no pudimos enfrentar?

Erick finalmente se giró hacia ella, recorriéndola de arriba abajo.

—¿Qué es lo que quieres?

—Si hay un enemigo, podré identificarlo y así ayudar a la familia.

Erick sonrió con ironía. Se dobló para soltar una risotada; después de espetarla, su sonrisa se convirtió en solo una línea de labios.

—Bien —dio un aplauso—, si tanto quieres saber, te contaré que los De' Rosas siempre hemos tenido ese tipo de enemigos. Algo que ya debes saber —dijo caminando alrededor de su escritorio—. Pero todos vinieron y se fueron sin nombre reconocido. No merecen ser recordados.

Vega palideció.

—¿No hay ningún registro?

—En absoluto.

Vega ladeó la cabeza, como si así pudiera para hallar otra alternativa para sonsacar algo más.

—Pero- —Erick levantó su dedo, arrogante— Eso no significa que no haya registros de sus actos o las trabas que nos impusieron.

—¿Los hay? —Vega contuvo su emoción.

—Los hay. Pero no para ti, claro.

Qué amargo fue escuchar eso dos veces.

—De hecho, tampoco para mí.

—¿No?

—Me parece que nuestro padre o nuestro abuelo archivaron los papeles para borrar de una vez por todas el terror de las brujas.

—Pero ¿lo has visto? —Se acercó hacia él.

—No — él se retiró con desagrado— Nadie lo ha visto, ni siquiera Samuel.

“Tan enigmático es, ¿eh?”, pensó.



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En el texto hay: magia, thriler, #romantasy

Editado: 20.01.2026

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