El Legado de los De' Rosas

Diez

Lanzó la cuerda y la jaloneó para asegurarla. Haze tenía todo preparado. De un brinco se sostuvo de la pared. Odiaba que ya comenzase a hacerse costumbre. Llegó al balcón. Abrió las puertas de un empujón; su expresión ya venía preparada para sacarle canas a su dama (si es que ella no la hubiese preparado primero). Para su vaga decepción, no la vio en la cama.

Giró hacia su escritorio. Nada. Se giró al tocador. Nada. Se magulló la cara con los dedos. Recorrió la habitación hasta tres veces, alerta, por si hubiera una sorpresa esperándolo.

—Esta mujer me va a volver loco —bufó entre dientes.

Recorrió una última vez la habitación y, en una pisada, algo crujió bajo su bota. Se percató de un papel. Se agachó, tomándolo con cautela. Este decía:

"En la biblioteca, H.

—M"

Levantó una ceja. Si no fuera por el extraño escrito en código, tal vez lo hubiera considerado una trampa.

—Lo intentó al menos.

Se levantó, sacudiendo sus rodillas. Metió la nota al bolsillo y se encaminó a la nombrada biblioteca. ¿Qué estaría haciendo ahí?

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Entre pasillos cuya elegancia era tétrica por la envoltura de oscuridad, bajó un piso y llegó a las puertas. Se sumergió en una sala de dos pisos con paredes y estanterías que parecían llegar al infinito. En dos pasos fue envuelto en la serenidad que emanaba. Apenas estaba iluminada por el intento de las velas. El candelabro colgaba sin alma. Y en cuanto a los libros, apenas había algunos al descubierto. Los estantes llenos yacían polvorientos, con alguna que otra telaraña como adorno.

Para su suerte, un punto luminoso se coló a través de una estantería. Vega. Subió los escalones de mármol y, una vez en el piso de arriba y recorriendo el salón hasta encontrar la llama, encontró un escrito puesto al revés.

Se acercó con cautela. Encontró un puño de pergaminos manchados de notas y tachones sobre nombres y frases; otros más de tinta sobre el papel y la mesa. Pero lo más curioso fue la pila de libros esparcida tanto en el escritorio como a un lado y otros tirados en el suelo. Tomó uno: "Secretos de los reyes de Aderia", decía. Tomó otro: "Los refinados de cada generación". Y otros más con títulos tan superficiales como tontos.

—¿Qué es todo esto? —murmuró quisquilloso.

—Libros de historia —contestó una voz desde arriba.

Al voltear se encontró con ella. Se sostenía temblorosa de una escalera, justo en los peldaños más altos. Haze puso sus manos en su cintura.

—¿Qué tratas de encontrar?

—Información. ¿No es evidente?

Su pie comenzó a moverse con fastidio, mirando a cada lado como si algo o alguien lo pudiera sacar de ahí. Vega acarició de arriba abajo cada uno de los lomos: “Historia universal”, “Historia francesa”, “Historia española”, “Biología”. Algunos títulos se repetían, como si solo fuesen decorativos.

Haze recorrió con la mirada la pila de libros en el suelo. Pateó algunos incluso.

—No sé qué pretendes con todo esto.

—Lo descubrirás.

Vega siguió analizando cada uno de los títulos y, aun sin sentirse convencida, tomó uno de historia universal. “Solo y como prevención”, pensó. Jaló el libro con cuidado.

—Eso no te servirá de nada —alegó Haze.

La concentración la volvió sorda. Haze rodó los ojos.

—Vas a caer, princesa.

—¿Es advertencia o amena-

El aire le faltó para la última palabra. Tiró el libro con tanta fuerza que la escalera tambaleó hacia atrás. Los brazos del caballero se alzaron por instinto. El grito de Vega apenas fue audible. Y en un parpadeo, ella ya estaba en sus brazos, con los suyos pegados al pecho de él.

Dio dos respiros para después enfocar su vista. Los ojos de Haze se iluminaron como fuego azul. Sintió su pecho subir y bajar. Un sonrojo se reflejó en ambos. Cuando se dieron cuenta, él la bajó apurado, casi tirándola. Sus dedos pellizcaron sus párpados.

—No necesitabas otro libro.

Vega permaneció con la mirada perdida, hasta sacudir su cabeza.

—B- bueno —enunció, y se dirigió al desordenado escritorio.

Haze pasó su mano un millar de veces por su rostro y cuello, casi como si quisiera arrancarse la piel ya colorada. Suspiró hasta pararse junto a ella. Apoyó ambas manos en la mesa, bajando la cabeza aun sin contener el rosado de sus mejillas.

—No hablemos de esto nunca más.

—Hecho —confirmó ella.

Haze dio un último respiro; su cuerpo se volvió a sentir ligero. Se perdió entre las paredes para después agachar la mirada, contemplando las páginas abiertas que sostenía Vega.

—¿Historia? ¿Para qué los necesitas?

—Quiero saber qué tan antigua es mi maldición. Haze frunció el ceño.

—¿Es por algo que averiguaste?

Vega se desvió de su lectura para perderse nuevamente en la nada. Haze frunció los labios.

—¿Qué averiguaste con tus hermanos?

Vega quedó muda. Haze cerró su puño sin fuerza, conteniendo su poca paciencia. Ya iba a soltar otra pregunta, pero entonces notó una marca rojiza en su mejilla, demasiado amplia para ser solo por el pasado sonrojo. Tomó su rostro de un arrebato.

—¡¿Qué haces?!

—¿Qué es esto?

—Nada —respondió en ráfaga, tratando de deslindarse.

—¡No te muevas! Está toda roja.

—Dime algo que no sepa.

—¿Qué fue lo que pasó?

Vega logró escapar de su agarre. Pudo reclamarle, pero pocas energías le quedaban para armar un lío. Haze se quedó con los brazos levantados hacia ella, esperando la explicación. Vega se llevó la mano a la mejilla. Se mentalizó para darle su informe. Bajó su mano y cerró los ojos.

—Es necesario que te cuente la historia completa.

Haze apoyó su brazo en el escritorio. Solo asintió para que prosiguiera. Vega llevó una mano a su brazo.

—Erick al principio negó todo sobre la maldición, pero algo se le escapó.

Haze asintió dos veces.



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En el texto hay: magia, thriler, #romantasy

Editado: 20.01.2026

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