El Legado de los De' Rosas

Catorce

El reloj marcó las ocho. La luna menguante ya se alzaba por los jardines del palacio. Haze lanzó la cuerda al balcón, tirándola de un jalón férreo para subir. Fue más rápido y habilidoso que otras veces. El estado de Vega era una duda que lo estaba carcomiendo. No le dio vueltas al porqué.

Pegó un salto para aterrizar y abrió las puertas en un movimiento acostumbrado. Sus ojos recorrieron la habitación de un extremo a otro con inquietud. Se percató del camisón de Vega sobre la cama; no era el roto con el que la vio en el pasillo. ¿No estaba ahí? Pero si las velas ya estaban prendidas. Su nombre salió en un llamado imprevisto.

— ¿Vega?

El silencio gobernó por un momento. Hasta que su voz contestó a través de la pared.

— Estoy en la tina. Dame un momento.

Se sobresaltó, buscándola pavorido como si se tratase de un espíritu, hasta notar de dónde exactamente venía su voz. Había una sutil ranura a través del tapiz, de donde se elevaba un rastro de vapor.

Sus hombros se dejaron caer, reemplazando la tensión por un dulce alivio… hasta que volvieron a estarlo. En la tina. La imagen mental llegó como pecado. Sus latidos le tiñeron las orejas de rosa. Se pasó su mano por el rostro.

— Bien, te espero.

Apoyó las manos sobre el colchón, sus ojos azules ya brillando en frustración contra las imágenes que no deberían formarse en su cabeza. Después llegó lo peor.

— ¿Podrías pasarme mi camisón?

Su postura tambaleó.

— ¿Tu camisón? — Fue un logro no tartamudear.

— Sí, está sobre la cama.

Los ojos se posaron temblorosos sobre la prenda. Apretó su puño, más por vergüenza que por rabia.

— Claro. — Apretó los párpados.

Extendió sus brazos permaneciendo inmóvil. Los dedos tomaron la prenda justo al ras de sus costuras; quitó la vista al levantarlo.

— ¿Tengo que entrar?

— No, yo me levantaré.

— Está bien.

Caminó hacia la puerta, de donde emergió su mano. Su rostro volteó hacia otro lado. La prenda se le resbaló en cuanto ella la tomó. Una vez se encerró de nuevo, se dejó caer contra la pared, casi tragando aire.

— ¿No deberías tener doncellas que te apoyen en esto? — expresó con un nudo en el pecho.

Su mente aún en batalla con cualquier pensamiento indebido. Hasta que se percató de la ausencia de su respuesta.

— ¿Vega? — volvió a llamarla con una notoria preocupación.

— ¿Ah? ¡Oh! Lo siento — contestó ella, agitada —. Me… me siento más cómoda así.

Haze alzó la ceja, pero no le dio más importancia.

— Entiendo.

— Gracias, por cierto — oyó tras la pared —. Eres muy amable, sir Hazekiel — expresó Vega más jovial que otra cosa.

— ¿Estás bien? — La pregunta salió por instinto.

— Sí, ¿por qué?

— El desmayo…

—Se escuchó más inquieto que de costumbre.

— ¡Oh! No te preocupes. Era un truco — respondió con tranquilidad.

Sus palabras fueron un alivio. Su espalda se deslizó contra la pared sin tensión alguna. Hasta que reapareció.

Vega sobresalía de la puerta. Una sonrisa pícara se dibujaba en sus labios, y la ceja alzada denotaba lo humorístico de la situación.

— ¿Por qué lo preguntas? ¿Soy tan buena actriz que te preocupaste?

Haze se irguió al instante, su mano cubriendo el sonrojo lo más que le fue posible. Y no fue suficiente.

— ¡Aww! ¿Estás rojo?

— ¡Te estabas aseando! — carraspeó —. Claro que estoy avergonzado.

Vega observó su caminar rápido y soso, alejándose de ella. Se le salió una carcajada engreída.

— Eres tierno.— Basta.

La risa de Vega se apaciguó gradualmente, hasta que solo quedó una sonrisa complacida. Se enorgulleció de su "talento actoral" que a Haze le costaba aceptar. La razón de su comportamiento no era esa.

Haze exhaló con la intención de que el sentimiento se enterrara. Funcionó por ese momento al menos.

— Bien, ya dejémonos de juegos — exclamó más frustrado que decidido. Vega se acercó, su mente más enfocada con la seriedad que ameritaba el asunto.

— Analicé el libro. — Hundió sus manos en su bolsa hasta sacarlo y lo colocó sobre la cama.

— ¿Averiguaste algo?

— No mucho. Tuve un problema.

— ¿Cuál?

Haze partió el libro, mostrando una imagen al azar, pero igual de impactante.

— Todo está en el mismo idioma.

Vega tomó aire; sus ojos recorrerieron la página de un lado al otro sin hallar significado en sus escritos. Signos circulares, cuadrados, equis. Todos ellos puestos como códigos.

Ridoqua.

— Sí.

— Eso significa que…

Vega se llevó la mano sobre su corazón ya agitado. La aterradora razón de su estancia se dijo entre palabras mudas. Traición, pensaron los dos.

— Exacto.

— Esto-

— No importa ya.

— Haze-

— Lo importante ahora es romper tu maldición — demandó —. No nos importa lo que esto significa.

Vega analizó al caballero, quien seguía sin despegar los ojos de los signos, sus puños contrayéndose poco a poco. Sintió su impotencia en carne propia. Las atrocidades cometidas hacia su gente desde hacía décadas. Un "lo siento" no tenía cabida como consuelo.

— Entiendo.

El tema se cerró ahí.

Vega avanzó hacia el soldado. Haze ya había sentido su mirada de pena. Ella volvió a bajar los ojos, centrándose nuevamente en los inusuales escritos.Los recorrieron, aunque sin mucha curiosidad por el momento. Formas y puntos dignos de una runa antigua de ficciones ya prohibidas por el imperio De'Rosas.

Entonces, una palabra llamó su atención, si pudiese nombrarse así. La recorrió desganada, hasta que algo hizo clic en su cabeza.

— Un minuto. Haze se dirigió a ella.

— Ahora que recuerdo…

— Sus dedos recorrieron la página a través de aquel símbolo —. Me parecen familiares.

— ¿De qué hablas?

Sus dedos siguieron acariciando el papel. Los recuerdos subyacieron de las cenizas.

— Haze, ¿estarías dispuesto a hacer algo arriesgado?



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En el texto hay: magia, thriler, #romantasy

Editado: 06.02.2026

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