La aparición del grifo de las sombras de Lyra desató un pandemonio en Ítaca. El rugido de la bestia, combinado con los gritos de los combatientes desorientados por la niebla mágica, creó una cacofonía aterradora. Gideon, junto a Kaelen y Elena, se movía con urgencia por los túneles subterráneos, sus pasos resonando en la oscuridad.
—El "Céfiro Veloz" está en el muelle oeste, cerca de las bodegas de vino —dijo Kaelen, guiando a Gideon a través de un laberinto de pasajes olvidados—. Es un barco rápido, ideal para escapar. Pero Lyra no nos dejará ir tan fácilmente.
Elena, con su agilidad natural, iba delante, abriendo camino y vigilando posibles emboscadas. Su espada relucía a la luz de las antorchas, un reflejo de su férrea determinación. Había crecido escuchando las historias de su padre sobre las maravillas y peligros del mundo, pero nunca había imaginado que se vería inmersa en algo de esta magnitud.
Al salir del túnel, se encontraron en un callejón estrecho, a pocos metros del bullicioso muelle oeste. La niebla mágica de Lyra se disipaba lentamente, revelando el caos: espartanos y Hijos de la Luna, exhaustos y heridos, se miraban con recelo, mientras algunos barcos habían sido dañados o incendiados. El grifo, con Lyra aún sobre él, surcaba el cielo, su silueta oscura recortada contra el amanecer.
—¡Ahí están! —gritó Lyra, su voz amplificada por la magia. El grifo descendió, sus enormes alas batiendo el aire, levantando polvo y escombros.
Kaelen empujó a Gideon hacia la cubierta del "Céfiro Veloz", un trirreme ágil y bien construido, preparado para la navegación rápida. —¡Sube! ¡Yo aseguraré el ancla!
Elena ya estaba a bordo, desatando las cuerdas que sujetaban el barco al muelle. Gideon, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros, se apresuró a subir. El poder de Lyra era abrumador; sentía una extraña conexión con la furia del grifo, como si una parte de él respondiera a la bestia.
Justo cuando Gideon estaba a punto de ayudar a Kaelen, el grifo lanzó una llamarada de energía sombría hacia ellos. Kaelen, con un grito, se lanzó al agua, desatando el ancla en el último segundo. La llamarada impactó contra la madera del muelle, reduciéndola a cenizas humeantes.
El "Céfiro Veloz" comenzó a deslizarse por el agua, impulsado por las hábiles manos de Elena y la fuerza del viento. Gideon miró hacia atrás. Vio a Kaelen nadando hacia el barco, su rostro tenso. Lyra, frustrada, se elevó más alto en el cielo, y el grifo lanzó otra llamarada, esta vez apuntando al barco.
—¡Prepárate! —gritó Elena a Gideon—. ¡Necesitamos ganar velocidad!
Gideon, recordando las palabras de su madre, cerró los ojos y se concentró. No sabía qué hacer, pero sentía una energía latente en su interior, una conexión con algo vasto y poderoso. Pensó en el viento, en la velocidad, en la necesidad de escapar. Abrió los ojos y vio que las velas del "Céfiro Veloz" se hinchaban con una fuerza inusitada, incluso sin una brisa fuerte. El barco comenzó a acelerar, dejando atrás la caótica Ítaca.
Lyra, al ver la repentina aceleración del barco, lanzó una maldición inaudible. Había subestimado la influencia divina sobre el muchacho. Sabía que su plan inmediato de captura había fracasado. Pero no se rendiría. La era de los dioses era un juego de paciencia y estrategia.
Mientras se alejaban de la isla, Kaelen subió a bordo, empapado pero ileso. Miró a Gideon, una mezcla de admiración y preocupación en sus ojos. —Parece que tu linaje es más poderoso de lo que pensaba, muchacho. Pero ese poder es un imán para el peligro.
—¿A dónde vamos ahora? —preguntó Gideon, el corazón aún latiendo con fuerza.
—Primero, a un lugar seguro donde puedas aprender a controlar tu don —respondió Kaelen—. Hay un templo oculto en las islas Cícladas, dedicado a un dios que valora el conocimiento y la protección. Allí, quizás encuentres respuestas. Pero el camino no será fácil.
Elena asintió, sus ojos fijos en el horizonte. —Mi padre sabe cómo movernos sin ser detectados. Sin embargo, Lyra no es la única que te quiere. Hay fuerzas en el Olimpo que no ven con buenos ojos a los hijos de Zeus, y el propio Zeus… bueno, su favor puede ser tan volátil como una tormenta.
De repente, una voz profunda y resonante, como el eco de las montañas, pareció llenar el aire a su alrededor, aunque no provenía de ninguna dirección concreta.
—Hijo mío…
Gideon se detuvo, su cuerpo erizado. Era una voz que sentía antigua, poderosa, y extrañamente familiar.
—¿Quién es? —preguntó, mirando a su alrededor, buscando la fuente de la voz.
—Ese es el eco del Olimpo, muchacho —murmuró Kaelen, su rostro pálido—. Es la voz de tu padre. Y rara vez se manifiesta sin un propósito.
La voz resonó de nuevo, esta vez más cercana, cargada de una autoridad innegable.
—Gideon. Te he observado. Tu nacimiento fue un regalo y una carga. No temas a tu linaje. Úsalo. Pero cuidado con las sombras que te persiguen. Ellas buscan corromper el poder que te ha sido otorgado.
Gideon sintió una oleada de emociones: asombro, confusión, y una extraña sensación de pertenencia. ¿Su padre, el mismísimo Zeus, le hablaba?
—¿Qué debo hacer, padre? —gritó Gideon hacia el cielo vacío.
—Encuentra a los Hijos del Amanecer. Ellos te guiarán. Y aprende a dominar la chispa que llevas dentro. El destino te espera.
La voz se desvaneció, dejando un silencio cargado de significado. Kaelen y Elena miraron a Gideon con asombro. Habían sido testigos de algo extraordinario.
—Los Hijos del Amanecer… —murmuró Kaelen, con el ceño fruncido—. Nunca había oído hablar de ellos. Pero si Zeus te envía, deben ser importantes.
Elena, sin embargo, frunció el ceño. —Mi padre tiene razón. El favor de Zeus es tan peligroso como su ira. Y los dioses rara vez hacen favores sin esperar algo a cambio.
Mientras el "Céfiro Veloz" navegaba hacia las Cícladas, Gideon se dio cuenta de que su viaje apenas comenzaba. Ya había escapado de su hogar, evadido a sus perseguidores y recibido un mensaje de su divino padre. El legado de Zeus era un camino de luz y oscuridad, de poder y peligro, y él estaba a punto de dar sus primeros pasos en él. La pregunta era, ¿estaría preparado para lo que el Olimpo y la tierra tenían reservado para él?...