El Legado Del Poder

LAS LLAMAS DE LA VERDAD

El estruendo resonó una segunda vez.

La casa tembló y una lluvia de polvo cayó desde las vigas del techo. Afuera, los gritos se mezclaban con el crepitar del fuego.

—¿Qué está pasando? —preguntó Anaya, retrocediendo hacia la puerta.

Sahana se levantó con dificultad. Su rostro había perdido el color.

—Han llegado antes de lo que esperaba.

Otro grito atravesó la noche.

Anaya corrió hasta la ventana. Varias casas ardían en la distancia. Figuras encapuchadas avanzaban por las calles del pueblo mientras los aldeanos huían aterrados.

No parecían soldados.

Se movían como sombras.

—Tenemos que ayudarles —dijo Anaya.

—No.

La firmeza de la voz de Sahana la hizo girarse.

—¿Cómo que no? ¡Van a matar a todos!

—Si te encuentran, morirán muchos más.

Anaya sintió un nudo en el estómago.

—¿Quiénes son?

Sahana guardó silencio durante unos segundos.

—Te han estado buscando desde antes de que nacieras.

Las palabras golpearon a Anaya como una piedra.

—¿Qué?

La anciana se acercó a una vieja caja de madera escondida bajo el suelo. La abrió con manos temblorosas y sacó un pequeño colgante dorado con la forma de una llama.

—Esto perteneció a tu madre.

Anaya observó la joya sin comprender.

—Mi madre murió cuando yo era un bebé.

—Sí. Y murió para salvarte.

El mundo pareció detenerse.

Durante años había hecho preguntas. Durante años había recibido evasivas.

Y ahora, cuando todo se derrumbaba a su alrededor, las respuestas comenzaban a aparecer.

Un golpe brutal sacudió la puerta.

Las dos se sobresaltaron.

Otro golpe.

Y otro más.

La madera empezó a agrietarse.

—Escúchame con atención —dijo Sahana mientras colocaba el colgante en las manos de Anaya—. Tu madre se llamaba Priya. Fue una de las mujeres más valientes que he conocido.

—¿Priya?

—Y tú eres la razón por la que murió.

Las lágrimas aparecieron en los ojos de Anaya.

—No...

—No fue tu culpa.

La puerta cedió parcialmente.

Una mano oscura atravesó la abertura.

Sahana empujó a Anaya hacia una pequeña trampilla oculta detrás de la chimenea.

—Debes irte.

—No pienso abandonarte.

—No es una petición.

Los golpes continuaron.

La anciana tomó el rostro de la joven entre sus manos.

—Hay cosas dentro de ti que aún no entiendes. Cosas que el mundo teme.

Anaya sintió que el corazón le latía con violencia.

—Ven conmigo.

Sahana sonrió con tristeza.

—Mi camino termina aquí.

La puerta explotó.

Tres figuras encapuchadas irrumpieron en la vivienda.

Sus ojos brillaban con una luz rojiza.

Anaya retrocedió.

El miedo recorrió todo su cuerpo.

Entonces ocurrió algo extraño.

El colgante comenzó a calentarse.

Una energía desconocida despertó en su interior.

Las llamas de la chimenea se elevaron varios metros en el aire.

Los encapuchados se detuvieron.

Uno de ellos habló con una voz grave.

—La heredera...

Anaya no entendía lo que estaba sucediendo.

Pero por primera vez sintió aquella fuerza que había vivido dormida dentro de ella.

Y supo que su vida jamás volvería a ser la misma.

Continuará...



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En el texto hay: misterio, mis experiencias, parati

Editado: 15.06.2026

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