El Legado Del Poder

 El hombre de los ojos dorados

El bosque quedó en silencio.

Anaya no apartó la vista del desconocido. Cada instinto le gritaba que huyera, pero algo en aquellos ojos dorados la mantenía inmóvil.

Eran iguales a los suyos.

Demasiado iguales.

—¿Conociste a mi madre? —preguntó con cautela.

Kael asintió lentamente.

—Hace muchos años.

—¿Quién eres realmente?

—La respuesta es complicada.

—Pues empieza a explicarla.

A pesar del miedo, su voz sonó firme.

Kael esbozó una pequeña sonrisa.

—Te pareces mucho a ella.

Aquellas palabras hicieron que el corazón de Anaya se encogiera.

Toda su vida había vivido con preguntas.

Y ahora alguien parecía tener respuestas.

Pero ¿podía confiar en él?

—Si conocías a mi madre, dime algo que nadie más sepa.

Kael guardó silencio unos segundos.

—Priya odiaba las tormentas.

Anaya frunció el ceño.

—Eso podría saberlo cualquiera.

—No. Porque la razón no era el miedo a los rayos.

La expresión de Kael se volvió seria.

—La noche que tú naciste, una tormenta cubrió el cielo durante tres días.

Anaya sintió un escalofrío.

Era exactamente la misma historia que Sahana le había contado cuando era niña.

Una historia que nunca había compartido con nadie.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo estaba allí.

El mundo pareció inclinarse bajo sus pies.

Kael había visto a Priya.

Había estado presente el día de su nacimiento.

Y eso significaba que decía la verdad... o era un mentiroso extraordinario.

Antes de que pudiera responder, un ruido resonó entre los árboles.

Kael giró la cabeza inmediatamente.

Su expresión cambió.

—Nos encontraron.

—¿Qué?

—Corre.

—Estoy cansada de correr.

—Entonces morirás.

El tono de su voz hizo que Anaya comprendiera que no exageraba.

Una flecha oscura salió disparada desde el bosque.

Kael la desvió con una daga en el último segundo.

Otra flecha impactó contra un árbol.

Y otra.

Y otra más.

—¡Muévete!

Kael sujetó a Anaya del brazo y ambos comenzaron a correr.

El bosque parecía interminable.

Las ramas golpeaban su rostro mientras avanzaban.

Detrás de ellos se escuchaban pasos.

Muchos pasos.

Los perseguidores estaban cerca.

Demasiado cerca.

—¿Quiénes son? —gritó Anaya.

—La Orden del Vacío.

—¿Qué quieren de mí?

Kael la miró brevemente.

—Lo mismo que querían de tu madre.

—¡Eso no responde nada!

—Porque aún no estás preparada para la respuesta.

Anaya estuvo a punto de protestar cuando una explosión sacudió el suelo.

Ambos cayeron.

La tierra se abrió a pocos metros de distancia.

Una figura descendió desde los árboles.

Vestía una armadura negra cubierta de símbolos plateados.

Su rostro estaba oculto tras una máscara.

Pero la presencia que emanaba era aterradora.

Kael se puso de pie lentamente.

—Maldita sea...

—¿Quién es?

Por primera vez, Anaya vio miedo en los ojos del hombre.

—Problemas.

La figura desenfundó una espada oscura.

La hoja parecía absorber la luz de la luna.

—Entrégame a la muchacha —dijo una voz fría bajo la máscara.

—No.

—Entonces morirás junto a ella.

Kael soltó una carcajada seca.

—Ya intentaste matarme una vez.

—Y esta vez no fallaré.

Anaya observó la escena sin comprender.

Aquello ya no era una simple persecución.

Era una guerra.

Y ella estaba en el centro.

El colgante que Sahana le había entregado comenzó a calentarse nuevamente.

Una luz dorada apareció bajo su ropa.

La figura enmascarada se quedó inmóvil.

—Así que es cierto...

Kael giró hacia ella.

—Anaya, escucha con atención.

—¿Qué ocurre?

—Pase lo que pase, no uses tu poder.

—¿Qué poder?

La luz del colgante se hizo más intensa.

El viento comenzó a girar a su alrededor.

Las hojas se elevaron del suelo.

Y una voz antigua resonó en lo más profundo de su mente.

Una voz femenina.

Familiar.

Dolorosa.

Poderosa.

"Hija mía..."

Anaya abrió los ojos de par en par.

Era la misma voz de sus sueños.

La voz que había escuchado durante años.

La voz de Priya.

Y acababa de llamarla por primera vez.



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En el texto hay: misterio, mis experiencias, parati

Editado: 15.06.2026

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