El Legado Del Poder

La marca del Alba

El bosque permaneció inmóvil.

Ni Kael ni la figura enmascarada apartaban la vista del símbolo que brillaba en el colgante de Anaya.

La Marca del Alba.

Un nombre que no significaba nada para ella.

Pero que parecía significarlo todo para los demás.

—¿Alguien va a explicarme qué está pasando? —preguntó.

Kael no respondió de inmediato.

Su atención seguía fija en el enemigo.

—Después.

—¡No! Ya estoy cansada de que todos me oculten cosas.

La figura enmascarada soltó una breve carcajada.

—Tiene derecho a saber la verdad.

—Tú no dirás una sola palabra —gruñó Kael.

—¿Por qué? ¿Temes que descubra quién era realmente su madre?

El rostro de Kael se endureció.

Anaya sintió que algo no encajaba.

Había demasiados secretos.

Demasiadas mentiras.

Y cada respuesta parecía traer nuevas preguntas.

—Habla —ordenó la joven al hombre enmascarado.

Kael dio un paso adelante.

—Anaya...

—Quiero escuchar lo que tiene que decir.

El enemigo inclinó ligeramente la cabeza.

—Priya no era una simple mujer.

—Eso ya lo sé.

—No. No lo sabes.

La espada oscura brilló bajo la luna.

—Priya era la Guardiana del Alba.

El nombre quedó suspendido en el aire.

—¿Qué significa eso?

—Significa que poseía el poder de una diosa.

Anaya sintió un vuelco en el estómago.

Las palabras de Sahana regresaron a su memoria.

"Hay cosas dentro de ti que el mundo teme."

La voz de Priya también.

"Llevas algo que ellos temen."

Todo apuntaba hacia el mismo lugar.

Hacia ella.

—Y tú heredaste ese poder.

El bosque pareció volverse más frío.

—Estás mintiendo.

—¿Lo estoy?

El hombre señaló el colgante.

—Entonces explícame eso.

Anaya bajó la vista.

La marca seguía brillando.

Débilmente.

Como una brasa escondida bajo las cenizas.

—La Marca del Alba solo aparece en la heredera legítima.

Kael cerró los ojos un instante.

Como si supiera que ya no podía ocultar la verdad.

—Es cierto.

Anaya lo miró.

—¿Qué?

—La marca es real.

La joven sintió que le faltaba el aire.

Durante toda su vida había deseado respuestas.

Pero ahora que las tenía, eran demasiado grandes para comprenderlas.

—¿Qué soy?

Ninguno respondió inmediatamente.

Finalmente, Kael habló.

—Eres la última descendiente de una línea que se creía extinguida.

—¿De qué línea?

—De las Guardianas del Alba.

Un trueno resonó en la distancia.

Las nubes comenzaban a cubrir la luna.

—¿Y qué significa eso?

—Que si aprendes a controlar tu poder...

La figura enmascarada terminó la frase.

—Podrías destruir todo lo que hemos construido.

El tono de su voz no contenía miedo.

Contenía odio.

Puro odio.

—Por eso debemos acabar contigo.

De repente levantó la espada.

Una energía oscura explotó a su alrededor.

Los árboles comenzaron a agrietarse.

La tierra tembló.

Anaya retrocedió.

Aquello era imposible.

Ningún ser humano debería poseer semejante poder.

—Corre —dijo Kael.

—¿Y tú?

—Voy a detenerlo.

—No puedes vencerlo solo.

Kael sonrió.

—Probablemente no.

El enemigo avanzó.

La oscuridad parecía seguir cada uno de sus pasos.

—Entonces muere.

La batalla comenzó.

Las espadas chocaron.

Una onda de energía atravesó el bosque.

Varios árboles cayeron de inmediato.

Anaya observó horrorizada.

Kael era rápido.

Más rápido que cualquier persona que hubiera visto.

Pero el hombre enmascarado era algo diferente.

Algo monstruoso.

La oscuridad envolvía su espada como una criatura viva.

Cada golpe obligaba a Kael a retroceder.

Y entonces ocurrió.

La máscara se agrietó.

Solo un instante.

Solo una fracción de segundo.

Pero fue suficiente.

Anaya vio uno de sus ojos.

Y lo reconoció.

No sabía cómo.

No sabía por qué.

Pero lo reconoció.

Era el mismo ojo que aparecía en algunas de sus pesadillas.

El mismo que observaba a Priya antes de que todo se volviera fuego y sangre.

La joven sintió un escalofrío.

—No puede ser...

El hombre enmascarado también la vio.

Y comprendió que ella lo había reconocido.

Durante unos segundos ninguno habló.

Luego sonrió.

Una sonrisa fría.

Cruel.

Y aterradora.

—Así que empiezas a recordar.

La sangre de Anaya se heló.

Porque por primera vez comprendió algo horrible.

Aquel hombre no era un desconocido.

De alguna manera...

Había estado conectado con su pasado desde el principio.

Fin del Capítulo 6



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En el texto hay: misterio, mis experiencias, parati

Editado: 15.06.2026

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