El gigantesco lobo avanzó entre los árboles.
Cada paso hacía temblar el suelo.
Su pelaje plateado reflejaba la luz de la luna como si estuviera cubierto de miles de pequeñas estrellas.
Anaya no podía apartar la mirada.
Aquellos ojos dorados.
Aquella presencia.
No sentía miedo.
Sentía algo diferente.
Una extraña familiaridad.
"Por fin te encontré, heredera."
La voz volvió a resonar dentro de su mente.
No provenía de su boca.
Era como si hablara directamente a su alma.
—¿Fuiste tú? —susurró Anaya.
El lobo inclinó ligeramente la cabeza.
"Sí."
La joven abrió los ojos de par en par.
—¿Puedes hablar?
"Solo contigo."
Kael observó la escena con sorpresa.
—¿Está comunicándose contigo?
Anaya asintió lentamente.
El hombre enmascarado, en cambio, parecía furioso.
—No...
La oscuridad comenzó a agitarse violentamente a su alrededor.
—No debía despertarse todavía.
El lobo mostró los colmillos.
Un gruñido profundo atravesó el bosque.
"Sigues sirviendo a las sombras, Darius."
Por primera vez, el hombre enmascarado reaccionó.
—No pronuncies ese nombre.
Anaya parpadeó.
Darius.
Por fin tenía un nombre.
Y al parecer, uno que él quería olvidar.
El lobo avanzó hasta colocarse delante de Anaya.
Protegiéndola.
Como un escudo viviente.
—¿Quién eres? —preguntó ella.
La criatura la observó durante varios segundos.
"Mi nombre es Arkan."
El viento agitó su enorme pelaje.
"Fui el guardián de tu madre."
El corazón de Anaya se aceleró.
Otra conexión con Priya.
Otra pieza del rompecabezas.
—¿Conociste a mi madre?
"La acompañé durante toda su vida."
La tristeza apareció en la voz de la criatura.
"Y no pude salvarla."
Anaya bajó la mirada.
Por un instante sintió el dolor que Arkan había cargado durante años.
La culpa.
La pérdida.
La impotencia.
Emociones que ella misma comenzaba a conocer.
—Qué conmovedor.
La voz de Darius rompió el momento.
La oscuridad giró a su alrededor como una tormenta.
—Pero esto termina aquí.
Levantó la espada.
Una energía negra atravesó el bosque.
Los árboles comenzaron a marchitarse a su paso.
Las hojas caían secas al suelo.
La vida desaparecía.
Arkan rugió.
Un rugido tan poderoso que las montañas parecieron responder.
Y entonces saltó.
La batalla comenzó.
Anaya apenas podía seguir los movimientos.
Arkan y Darius chocaron con una fuerza devastadora.
La espada oscura dejó una herida en el costado del lobo.
Pero la criatura respondió derribando a su enemigo contra varios árboles.
Kael aprovechó la oportunidad.
Su espada brilló con una luz azul.
Atacó desde un costado.
Por primera vez, Darius retrocedió.
Solo un paso.
Pero fue suficiente.
—Interesante —dijo.
—¿Sorprendido? —preguntó Kael.
—No.
La oscuridad volvió a crecer.
—Simplemente estoy cansado de jugar.
El aire se volvió pesado.
Demasiado pesado.
Anaya sintió que le costaba respirar.
Algo terrible estaba ocurriendo.
Algo mucho peor que la batalla.
Entonces el colgante comenzó a arder.
Una luz dorada envolvió a Anaya.
Las heridas de Arkan empezaron a cerrarse.
La energía fluía desde ella sin que pudiera controlarla.
Como un río desbordado.
—¿Qué está pasando? —gritó.
"Tu poder responde a tus emociones." dijo Arkan.
—¡No sé cómo detenerlo!
"No debes detenerlo."
La voz de la criatura sonó firme.
"Debes aprender a dirigirlo."
La luz siguió creciendo.
Más brillante.
Más intensa.
Hasta que todo el bosque quedó iluminado.
Darius observó la escena en silencio.
Y por primera vez desde que apareció...
Pareció preocupado.
Cuando la luz se disipó, algo había cambiado.
Una marca dorada apareció en la muñeca izquierda de Anaya.
Diferente a la del colgante.
Más compleja.
Más antigua.
Arkan la observó.
Kael también.
Ninguno parecía feliz.
—¿Qué significa? —preguntó ella.
El lobo tardó unos segundos en responder.
"Significa que el tiempo se está acabando."
—No entiendo.
Kael pasó una mano por su rostro.
Como si acabara de recibir una mala noticia.
—Esa es la segunda marca.
—¿Segunda?
—Las Guardianas del Alba desarrollaban siete marcas.
El corazón de Anaya se aceleró.
—¿Y qué ocurre cuando aparecen las siete?
El silencio se volvió incómodo.
Darius fue quien respondió.
Con una sonrisa oscura bajo la máscara.
—Despierta el poder capaz de cambiar el destino del mundo.
El viento sopló entre los árboles.
Nadie dijo nada.
Porque todos sabían una cosa.
La carrera había comenzado.
Y no eran los únicos que buscaban ese poder.
Fin del Capítulo 8