1
Hablo desde el hueco donde la ciudad recuerda su propio peso.
Subsuelo: no sólo tierra bajo el pavimento, sino aquel lugar del alma donde se entierran los olvidos; la bodega donde fermentan las excusas; el rincón de las madres que callan y de los hombres que regresan más pequeños que sus sombras.
Las memorias del subsuelo no son luz; son raíces. Son aquello que, al ser removido, huele a carne y a pan viejo.
2
En los días en que el Reino parecía tener por fundamento la palabra, el subsuelo estaba activo: voz baja, manos que cosían, ojos que miraban sin pedir permiso.
Las gentes del subsuelo aprendieron pronto una ley sencilla: la verdad no compone, sólo provoca.
Que la verdad provoque no es culpa de la verdad; es culpa de los hombres que aún no saben recibirla templadamente.
Así, decidieron guardar la verdad en cofres cerrados y entregaron al mundo las versiones más dóciles de sus vidas.
Lo llamaron comunidad. Eso llamaron paz.
3
Memorias: el herrero antiguo que forjó una llave para una puerta que no existe; la mujer que prestó su pan a un niño y lo anotó en una libreta mental para el día de su venganza; el joven que aprendió a decir “sí” con los labios y a decir “no” con el puño. Todo eso crece en el subsuelo y no es decadencia: es una escuela.
El subsuelo enseña a sobrevivir sin confianza; da técnicas y rituales para pasar la noche sin ser devorado por la certeza de la soledad.
4
No confundáis el subsuelo con villanía. En el subsuelo también se canta; se cantan himnos de resistencia que no figuran en los libros.
Cuando la torre escribe la historia de la ciudad, el subsuelo la subraya en su propia lengua, por eso, cuando un hombre de la torre desciende y escucha, sale cambiado.
Poco tiempo dura el cambio si la fuerza del palacio es mayor que la bellota de su nueva comprensión, pero a veces queda una hebra; a veces la hebra se transforma en luz y en esa luz es peligrosa para los señores, porque recuerda que la estructura puede derrumbarse por la voluntad de los pequeños.
5
El subsuelo recuerda de manera más honesta: Allí se confiesan los ladrones y se perdonan las mujeres que no desean más esposos; allí, un pan es un derecho y la palabra “misericordia” aún tiene peso.
Si el lectorse pregunta por qué existe el subsuelo, respondo: para que los demás sepan que la superficie no es todo y si pregunta si merece respeto, respondo: para ello basta que lo visite sin afán de conquistar.
6
Aprended del subsuelo la moderación: el que guarda el hambre en su costado no lo exhibe en la mesa del otro.
La supervivencia del hombre no es heroísmo; es acopio de sentido, por eso el Libro comienza aquí, en la bodega profunda, donde las cosas no se muestran y, sin embargo, son más sinceras.
Notas a pie de página: MEMORIAS DEL SUBSUELO Por el cronista Caøs, heredero del eco de las mentiras.
“Aun en las profundidades del alma, el hombre cava túneles con la esperanza de hallar luz. Pero sólo encuentra otra sombra que le pertenece.”
Hablar del subsuelo es hablar de nosotros; de ese reino que yace bajo la piel, donde las verdades se pudren con lentitud y las mentiras florecen con aroma de incienso.
En los días del Reino de las Mentiras, no se distinguía entre virtud y conveniencia. El pueblo aprendió a sonreír con la boca cerrada, y a amar con el pensamiento dormido.
Decían los viejos que el aire mismo tenía memoria, y que si uno respiraba hondo, podía escuchar los susurros de los muertos que alguna vez creyeron en algo.
El Reino se sostenía sobre un pacto invisible: nadie debía recordar que la verdad alguna vez existió, porque si alguien lo hacía, el equilibrio de las mentiras se rompería, y con él, todo lo que daba sentido al poder. Y así, el subsuelo humano, donde habitaban los pensamientos prohibidos, empezó a temblar. No por un cataclismo, sino por algo más terrible:la conciencia.
“En aquel tiempo,” —diría Caøs decadas después—la mentira era una arquitectura del alma y todo aquel que osaba vivir sin ella, se convertía en ruina.”