El Libro de la Paz

II. DEL ORDEN

El orden no es un mandato divino; es una técnica humano: No se proclama, se instituye, se hila con costumbres, no con decretos y el que pretende imponer orden sin entender la costura está, en verdad, fabricando tiranía.

Escuchad: el orden que busca la paz no es el que obliga a callar el grito por siempre, sino el que previene que el grito arrase con la ciudad.

Fundamento: el orden nace donde hay reconocimiento de límites.

El hombre que no reconoce su límite cae en dos abismos: la soberbia o la desbandada; la soberbia produce orgullosos que rompen la comunidad; la desbandada, hombres sin normas que devoran el mañana.

El orden es, por tanto, la técnica que mantiene la comunidad en un punto medio: suficiente disciplina para sostener la vida; suficiente libertad para que la vida no se convierta en fábula de mármol.

Parábola del molino:

Hubo un tiempo en que dos molinos se disputaban el mismo río. Uno marchó con orgullo y cerró las compuertas al vecino; el río cambió su curso y la aldea entera se quedó sin harina. El otro molino, que compartía agua en secreto mientras el orgulloso acumulaba, fue el que al final mantuvo la aldea viva.

La lección: la supervivencia requiere pacto. El orden exige que el recurso circule con reglas, no con caprichos.

Práctica: el orden se ejercita mediante ritos y libros, por lo cual recomiendo pequeñas liturgias:Horas públicas en las que la ciudad recuerda sus deberes; librerías locales para quien quiera comprobar la memoria y juicios previsibles, con reglas sencillas de apelación. No propongo burocracia por amor a la burocracia; propongo cadenas leves que sostengan el vivir común; agrego que el estandarte del orden no es la espada, sino el pergamino leído en la plaza.

Advertencia: no confundáis orden con conformismo; un orden que devora la pregunta es dogma; un buen orden protege la pregunta hasta que el pueblo tenga la fuerza de sostenerla. Quien pretende erradicar la pregunta para ganar paz personal no persigue el bien común: persigue su refugio.

Aforismo:

“Orden sin humanidad es un sepulcro que respira. Humanidad sin orden es una hoguera devorando su propio bosque.”

Saber medir: la virtud del legislador consiste en no exagerar.

El que regula demasiado entierra la vida en papeles; el que regula poco la deja a los vientos del saqueo.

El arte del Estado prudente es conciliar la norma con la compostura de los hombres: reglas que no aten, sino que orienten.

Sobre la aplicación del orden en tiempos de hambre: Cuando el pan falta, el orden debe ser moderador no verdugo. No propongo indulgencia para los que abusan, sino estrategia para que la falta no se vuelva guerra. Distribuid lo necesario, preservad el resto, evitad discursos grandilocuentes que sólo alimentan las pasiones.

Del liderazgo: El jefe no es quien manda sin escucha; es quien propone límites y escucha a los pequeños. El gran error es creer que la voz del palacio basta, puesto que la altura del trono enseña la geografía del Estado, pero no lo enseña a sufrir como los suelos; un gobernante que no baja a medir la humedad de la ciudad no es sabio; es un astrónomo del poder.

Conclusión del tratado:

Orden como instrumento, no como divinidad. Quien cree que el orden es fin en sí mismo transforma la paz en tumba.

Este Libro enseña el orden que sirve a la vida: disciplina que protege la fragilidad humana, reglas que reconocen los límites, y autoridad que se ejerce con mesura.



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En el texto hay: reglas, historia de leyes

Editado: 20.01.2026

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