El Libro de la Paz de Armagedón y MaelgorÏun

VII. DEL ESTUDIO

Defensa del conocimiento como arma y escudo

1

El saber no ennoblece por sí mismo; ordena y quien lo administra, gobierna más profundamente que quien empuña la espada. El ignorante puede rebelarse; el instruido, si se educa bien, se somete con lógica, por eso el estudio no debe ser libre, sino útil; la libertad sin doctrina produce monstruos de razón sin causa.

2

La educación del pueblo no consiste en enseñar a pensar, sino en enseñar qué pensar sin peligro. El maestro no debe abrir puertas, sino diseñar pasillos y si el alumno ha de errar, que lo haga dentro del margen previsto. El desvío útil es preferible al genio indócil.

3

El conocimiento sin orden destruye el alma; la sabiduría sin jerarquía es ruido disfrazado de virtud, por ende el sabio debe saber su lugar como el soldado conoce su puesto y así como un ejército se derrumba si cada soldado interpreta la orden, la sociedad se disuelve si cada sabio interpreta la verdad a su gusto.

4

De las escuelas y sus templos: El estudio es la nueva religión; los maestros, sus sacerdotes, pero todo templo necesita dogma, por ello, la enseñanza debe contener fe en su estructura, fe en que hay límites santos que no se discuten. La duda ilimitada destruye la arquitectura del alma. Por ende, educar no es liberar: es domar con elegancia.

5

Parábola del Copista: Un hombre aprendió todas las letras del alfabeto, y quiso crear una palabra nueva para nombrar la alegría. Sus maestros lo castigaron: “No fue para inventar que te enseñamos, sino para repetir.” Entonces el hombre borró su palabra, y copió con perfección la de los otros. El pueblo lo celebró por su exactitud, y él murió sin errores, pero sin voz.

Moral: la perfección es la forma más respetada de la servidumbre.

6

El saber es espada cuando corta la ignorancia; pero también escudo cuando se blande con prudencia. El sabio que no se protege de su propio conocimiento termina herido por él; la ciencia sin cautela crea tiranos; la filosofía sin gobierno, locos y ambos, si coinciden, fundan revoluciones.

7

De la lectura y el olvido: No se debe leer para recordar, sino para obedecer mejor. El libro no fue creado para liberar al hombre, sino para organizar su memoria. El lector disciplinado no busca verdad, busca instrucción y la instrucción es la forma más estable del control.

8

De los maestros: El maestro debe ser puente, no destino; su deber es hacer que el alumno crea que comprende, sin permitirle descubrir que aún ignora. El exceso de lucidez produce desobediencia, por ello el mejor maestro enseña lo suficiente para evitar la duda profunda.

9

Él me decía que enseñar es como mentir con método.

“Majestad,” —me dijo— “si queréis un reino eterno, educad al pueblo en las verdades que no cambian.”

Y comprendí que el estudio debía ser preservador, no revelador. El conocimiento debe girar como rueda, no avanzar como flecha y aquel progreso sin frontera es la forma más educada del caos.

10

Conclusión: El estudio, bien administrado, es la forma más duradera del poder, porque el hombre instruido no destruye el sistema: lo perfecciona. Dad a cada alma su cuota de luz,y se creerá libre dentro de su jaula; esa es la armonía verdadera del Reino: saber sin sospecha, comprender sin rebelarse.

Notas a pie de página: DEL ESTUDIO Por el cronista Caøs.

“El maestro que no enseña a desobedecer educa para el silencio.”

— Fragmento atribuido al Bufón, hallado en los márgenes carbonizados del códice de Poniente.

Este capítulo fue durante decadas considerado la joya racional del Libro de la Paz. Las generaciones lo citaron como fundamento de una pedagogía ordenada, pero a la luz del tiempo, comprendimos que no fue tratado educativo, sino manual de domesticación intelectual.

Aquí, el Rey Mentiroso revela con elegancia la verdadera arquitectura del dominio: enseñar para limitar, ilustrar para contener, formar para inmovilizar.

1

La idea de que “el estudio no ennoblece, sino ordena” cambió la historia. El saber dejó de ser búsqueda espiritual y se convirtió en mecánica de la obediencia. Los hombres comenzaron a estudiar para conservar el orden, no para cuestionarlo.

Los templos del conocimiento fueron templos del poder; los maestros, sacerdotes de un credo racional que bendecía la conformidad.

2

El Rey sugiere que el maestro debe “diseñar pasillos” en lugar de abrir puertas. Esa metáfora, convertida en norma, marcó el destino del Reino. Las escuelas fueron diseñadas como laberintos morales: El alumno siempre avanzaba, pero jamás salía. Se enseñaba progreso, pero se impartía circularidad y cada generación repitió la fórmula con fervor litúrgico: La educación se volvió el rito de iniciación del conformismo.

3

La Parábola del Copista sobrevivió a la caída del Reino. Fue reproducida incluso en los regímenes posteriores, como en el de Eira, quien no pudo detener la guerra a tiempo, porque su mensaje: la belleza de la obediencia perfecta, era demasiado cómodo para desaparecer.

Durante esas ultimas decadas, se creyó que el Copista era ejemplo de virtud, hasta que los cronistas de la ruina descubrieron su tragedia: murió sin voz, pero con honores.

MaelgorÏun había creado una lección inmortal: “Nada hay más peligroso que un hombre que repite con exactitud lo que no comprende.”

4

El Rey advierte contra la “duda ilimitada”,y en ello revela su miedo más profundo: La duda es el único acto de libertad que no puede ser castigado, porque nace en el silencio interior, por eso los sabios del Reino fueron educados para no dudar con intensidad, sino con elegancia.

5

En las decadas posteriores, las universidades del Reino {las que aun existian} se convirtieron en santuarios del eufemismo. Cada tesis debía elogiar el sistema antes de corregirlo; cada verdad debía ser expuesta con el debido miedo y quien pensaba demasiado, debía fingir modestia para sobrevivir. Así se gestó la figura del “intelectual prudente”,



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En el texto hay: reglas, historia de leyes

Editado: 12.02.2026

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