Mineral de Angangueo, Michoacán, 1893.
En un pequeño pueblo minero localizado en Michoacán, había un bosque, un bosque parecía esconder secretos, secretos que no querían ser revelados, al menos no a cualquier persona.
Las mariposas vuelan, revolotean alrededor de los árboles, buscando el calor que se les fue negado en el Norte, en verdad son una belleza, o eso siempre he pensado yo.
Tal vez por eso la vida me trajo aquí.
No se me hace coincidencia, yo llegando aquí, solamente del brazo de mi marido, con una maleta, mientras el olor de la guerra que muchos dicen está a punto de comenzar, pasa justo por debajo de nuestras narices.
Supongo que, si alguien llega a encontrar este escrito, después de muchos años, sabrán que todo comenzó aquí, con un enorme árbol, conmigo y con las mariposas.
Siempre con las mariposas.