El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 0. Antes de Todo.

Donde nació el fuego eterno.

Antes de que el tiempo se fragmentara, antes de que los mundos humanos conocieran siquiera la existencia de lo imposible, EXO Planet flotaba en el corazón de una constelación viva.

No era un planeta común.
Desde la distancia, EXO Planet parecía una esfera de luz suspendida en el vacío, rodeada por anillos de energía que pulsaban como respiraciones antiguas. Sus cielos jamás eran completamente oscuros: auroras doradas y plateadas cruzaban la bóveda celeste incluso durante la noche, reflejando la energía elemental que sostenía la vida en aquel mundo.

El suelo estaba compuesto por minerales vivos. Montañas de cristal negro y rojo emergían como colmillos del planeta; océanos de agua luminosa se extendían hasta perderse en el horizonte; bosques de árboles altos y blancos murmuraban con el viento, como si el planeta mismo tuviera conciencia.

EXO Planet sentía a sus habitantes.
Y ellos lo sabían.

La gente de EXO Planet vivía en armonía con la energía que fluía bajo su piel. No todos poseían habilidades extraordinarias, pero todos nacían con una conexión natural al planeta.

Las ciudades se alzaban en terrazas circulares, construidas alrededor de núcleos de energía que alimentaban hogares, templos y centros de entrenamiento. No existía la pobreza como se conocía en otros mundos; cada ciudadano tenía un rol, una función, una razón de existir dentro del equilibrio planetario.

Sin embargo, había una diferencia clara entre el pueblo común y los privilegiados.

Algunos nacían marcados.
Desde la infancia, ciertos niños manifestaban dones imposibles de ocultar: fuego que respondía a sus emociones, agua que danzaba a su alrededor, control del viento, del hielo, de la tierra, luz, electricidad, sanación y teletransportación.

Eran llamados los Portadores.

Y desde el momento en que su poder despertaba, su destino dejaba de pertenecerles.

Cuando un Portador alcanzaba la edad adecuada, era llevado ante el Palacio Solar, el corazón del reino.

El palacio no era solo una construcción; era una extensión del linaje real. Muros de piedra blanca y oro vivo se elevaban hacia el cielo, protegidos por barreras invisibles que solo los elegidos podían atravesar. En su interior ardía el Fuego Primordial, una llama eterna que solo reconocía la sangre del Fénix.

Allí, frente a los reyes, los Portadores juraban lealtad.

-Por EXO Planet.
-Por el equilibrio.
-Por la corona.

Pasaban a formar parte del Ejército Real, entrenados para defender el planeta de amenazas externas y fuerzas oscuras que, desde siempre, intentaban reclamar el poder del Fénix.

Pero entre todos ellos, solo unos pocos sobresalían.

Los más fuertes.
Los más leales.
Los que sobrevivían al entrenamiento final.

Ellos eran nombrados Guardianes del Palacio.

Nueve en total.
Nueve pilares destinados a proteger no solo el reino, sino a la familia real misma.

El trono de EXO Planet no era heredado por conquista ni política.

Era heredado por sangre.

Desde el origen del planeta, el Fénix Primordial había elegido a un linaje para contener su poder. No cualquiera podía portarlo. El cuerpo debía ser capaz de resistir el fuego eterno sin consumirse.

El actual rey, quien anteriormente habia sido el guardian del fuego, llevaba ese legado en cada célula de su cuerpo.
Su nombre era Aurelion Ignis.

Desde su nacimiento, el pueblo supo que el linaje puro había regresado.
Su cabello era de un rojo profundo, como brasas encendidas incluso bajo la luz más suave. Sus ojos, dorados como el sol al amanecer, brillaban con una intensidad imposible de imitar. Pero fue la marca lo que confirmó la verdad absoluta:

En su espalda, entre los omóplatos, ardía el símbolo del Fénix.

No tatuado.
No grabado.

Sino vivo, latiendo con su corazón.
Cuando el rey alcanzó la mayoría de edad, la marca se desplegó por primera vez en llamas doradas visibles ante todo el consejo.

EXO Planet tembló suavemente en reconocimiento.

El Fénix había aceptado a su heredero.

La reina, Elara Solenne, no pertenecía al linaje.

Era una persona común.
Sin poderes.
Sin marca.
Y aun así, fue elegida por el amor del rey.

Elara poseía algo que el Fénix jamás había podido consumir: serenidad, compasión y una fuerza silenciosa que equilibraba el fuego del rey. Su presencia calmaba las llamaradas internas de Aurelion, recordándole que el poder sin humanidad solo conduce a la destrucción

El pueblo la amaba.

No por lo que podía hacer, sino por lo que era.

Juntos, tuvieron una hija.

Lysara Ignis.

De cabello negro como la noche sin estrellas y ojos café profundos, cálidos, herencia absoluta de su madre. No mostró signos de portar el Fénix, y el reino lo aceptó con naturalidad: no todos los hijos del linaje debían portar el fuego.

Lysara creció entre jardines flotantes y pasillos dorados, riendo con los hijos de algunos portadores, aprendiendo historia, estrategia y diplomacia. Era la luz suave del palacio, el equilibrio perfecto entre fuego y calma.

Pero el Fénix no dormía.

El rey lo sabía desde siempre:
cuando naciera un hijo varón, el Fénix lo abandonaría a él para continuar su misión eterna.

Una noche, mientras el planeta dormía bajo auroras tranquilas, la reina pidió hablar con el rey en la cámara del fuego.

Sus manos temblaban.
-Aurelion... -susurró- estoy esperando un hijo.

El fuego respondió antes que el rey.
Las llamas del recinto se elevaron, doradas, puras.

-Es un varón -continuó Elara, con una mezcla de miedo y esperanza-. Lo he sentido.

El rey cayó de rodillas.

No por debilidad.
Sino por reverencia.

El Fénix había escuchado.

Durante los meses siguientes, EXO Planet cambió.

La energía se volvió más intensa. El cielo ardía con tonos rojizos al amanecer. Los Guardianes entrenaban sin descanso, conscientes de que el nacimiento del heredero atraería fuerzas oscuras.




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