El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 2. Lo que el planeta espera de ti.

El silencio que siguió al golpe fue espeso.

Chanyeol seguía en shock, respirando con dificultad, más sorprendido que herido. El eco del impacto aún vibraba en sus oídos.

Frente a él, Kyungsoo permanecía inmóvil, con el ceño fruncido, los brazos tensos a los costados.

—¿Estás satisfecho? —murmuró Chanyeol, incorporándose lentamente—. ¿Eso era necesario?

—Sí —respondió Kyungsoo sin titubear—. Para que entiendas dónde estás parado.

La dureza de su voz hizo que varios de los presentes fruncieran el ceño.

—Kyungsoo —advirtió Suho.

—No —replicó él, sin mirarlo—. Es mejor que lo sepa ahora. Este no es un juego. Aquí no traen humanos por compasión.

Chanyeol apretó los dientes.

—Yo no pedí venir —espetó—. Me arrancaron de mi casa.

Kyungsoo lo observó con frialdad.

—Y aun así estás aquí —dijo—. En un lugar donde otros entrenamos desde niños, donde sangramos para merecer el título de Guardianes. Y tú apareces sin poder, sin disciplina, sin preparación... ¿y se supone que debemos aceptarlo?

Un murmullo incómodo recorrió la sala.

—Basta —intervino Suho con firmeza—. No es momento.

Kyungsoo chasqueó la lengua, apartando la mirada.

—Haz lo que quieras —dijo—. Pero no esperes que confíe en él.

Se giró ligeramente, dando por terminada la discusión.

Chanyeol sintió un nudo en el pecho, mezcla de rabia y confusión.

—Yo tampoco confío en ustedes —murmuró.

Suho respiró hondo y se colocó entre ambos.

—Suficiente —ordenó—. Chanyeol, ven conmigo.

El joven lo miró con recelo, pero asintió. No tenía a dónde más ir.

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El pasillo al que entraron era más tranquilo, menos imponente. La luz era cálida y el aire parecía más ligero. El ruido distante del salón quedó atrás.

Suho caminaba despacio, permitiéndole seguirle el paso.

—Sé que todo esto es demasiado —dijo al fin—. Nadie reacciona bien al llegar.

—¿Llegar a qué? —replicó Chanyeol—. ¿A otro planeta? ¿A una secta con superpoderes?

Suho esbozó una pequeña sonrisa cansada.

—A EXO Planet.

Se detuvo frente a un gran mural tallado en la pared. Mostraba figuras antiguas, estrellas, símbolos circulares y siluetas humanas rodeadas de energía.

—Este es nuestro mundo —comenzó—. Un planeta nacido del equilibrio entre fuerzas elementales. Aquí, algunos nacen con la capacidad de canalizar esa energía.

Chanyeol observó las figuras con atención.

—¿Los poderes?

—Sí —asintió Suho—. No son dones al azar. Son afinidades. Elementos que responden al alma de quien los porta.

Señaló distintas figuras.

—Agua, fuego, tierra, viento, luz, hielo, electricidad, sanación... Cada uno mantiene el balance del planeta.

Chanyeol frunció el ceño.

—¿Y por qué ustedes?

—Porque nuestras familias han servido durante generaciones —explicó—. Los linajes guardianes nacen y se entrenan para eso. Desde niños aprendemos disciplina, control, combate, equilibrio.—
Hizo una pausa antes de continuar.—Los más aptos se convierten en Guardianes del Palacio. Protectores del Consejo... y del planeta entero.

Chanyeol tragó saliva.

—¿Y yo qué tengo que ver con eso?

Suho dudó un segundo.

—Fuiste... traído —dijo con cuidado— porque algo en ti respondió al llamado del planeta.

—¿Un error? —ironizó Chanyeol.

—No lo creo —respondió Suho con firmeza—. EXO Planet no se equivoca.

Caminaron unos pasos más.

—Existen fuerzas que buscan romper el equilibrio —continuó—. Entidades antiguas que codician el poder que sostiene este mundo. Por eso los Guardianes entrenan. Por eso el Consejo existe.

Chanyeol recordó el rostro de Kyungsoo, su desprecio evidente.

—Entonces él piensa que soy un estorbo.

Suho suspiró.

—Kyungsoo es... estricto. Cree profundamente en el mérito. Para él, cualquiera que no haya pasado por el mismo entrenamiento no debería ocupar un lugar aquí.

—Genial —murmuró Chanyeol—. Me odia sin conocerme.

—No te odia —corrigió Suho—. Le molesta lo que representas.

Chanyeol frunció el ceño.

—¿Y qué se supone que represento?

Suho lo miró con seriedad.

—Eso... aún no puedo decírtelo.

El silencio cayó entre ambos.

Mientras tanto, en la sala los Guardianes permanecían reunidos, el ambiente todavía tenso.

Kyungsoo cruzó los brazos.

—Esto es un error —sentenció—. No tiene control. No tiene entrenamiento. No tiene poder visible.

—Eso no significa que no lo tenga —replicó Baekhyun, apoyado despreocupadamente contra una columna—. Solo que está dormido, tal vez.

—Dormido o inexistente —bufó Kyungsoo—. No podemos arriesgar el equilibrio por un humano.

—No parece tan humano —comentó Kai, pensativo—. ¿Sentiste esa presión cuando se enfadó?

Chen asintió lentamente.

—El aire vibró.

—Y el suelo reaccionó —añadió Xiumin—. Eso no pasa sin motivo.

Kyungsoo apretó la mandíbula.

—Aun así, no confío en él.

—Nadie te está pidiendo que lo hagas —respondió Lay con suavidad—. Solo que observes y entiendas.

Sehun, apoyado contra la pared, habló por primera vez:

—Si el Consejo lo trajo... algo grande se aproxima.

El silencio volvió a caer.

Kyungsoo desvió la mirada hacia la puerta por donde habían salido Suho y Chanyeol.

—Sea lo que sea —murmuró—, más le vale no convertirse en un problema.

Y sin saberlo, mientras decía esas palabras, algo antiguo y paciente comenzaba a agitarse muy despacio... en el interior del muchacho que acababa de llegar.

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El pasillo se abría ante ellos como una arteria viva del palacio.

La luz cambiaba a cada tramo: dorada, azulada, violácea, como si el edificio respirara y reaccionara a quienes lo atravesaban. Chanyeol caminaba detrás de Suho, todavía con la cabeza llena de ruido, tratando de ordenar todo lo que había escuchado... y todo lo que aún no entendía.




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