El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 3. La llama que responde.

El comedor había quedado en silencio.

Las mesas largas, aún iluminadas por la luz tenue de los cristales flotantes, conservaban el eco de lo ocurrido: el calor residual en el aire, las antorchas apenas recuperando su estabilidad, y la sensación incómoda de que algo había cambiado para siempre.

Uno a uno, los guardianes comenzaron a retirarse.

No lo hicieron hablando en voz alta ni con bromas como otras noches. Esta vez caminaban despacio, pensativos, cada uno atrapado en sus propias conclusiones.

El grupo avanzó por los corredores principales del ala oeste del palacio, donde los pasillos se bifurcaban hacia las habitaciones personales.

-Eso fue... inesperado -murmuró Baekhyun, rompiendo el silencio-. Jamás había visto que alguien sin entrenamiento hiciera reaccionar así al fuego.

-Ni siquiera los aprendices -añadió Chen, frunciendo el ceño-. Normalmente el elemento tarda años en responder.

-Fue un accidente -intervino Xiumin-. Pero no uno común.

Lay caminaba con los brazos cruzados, pensativo.

-No parecía consciente de lo que hacía -dijo-. Su energía estaba desordenada... pero no caótica.

Sehun, que iba un poco más atrás, habló con tono serio:

-Como si algo dentro de él estuviera despertando antes de tiempo.

Las palabras quedaron suspendidas, pesadas.

A unos pasos de distancia, Kai caminaba junto a Kyungsoo.

El contraste entre ambos era evidente.

Kai avanzaba relajado, aunque su expresión ya no tenía la ligereza habitual. Kyungsoo, en cambio, caminaba rígido, la mirada fija al frente, mandíbula apretada.

-Oye -dijo Kai tras unos segundos-, llevas rato muy callado.

Kyungsoo no respondió.

-Te vi -insistió Kai-. Desde que ese humano llegó no dejas de mirarlo.

Kyungsoo se detuvo en seco.

-No digas tonterías.

Kai arqueó una ceja.

-No son tonterías. Te alteró más de lo que quieres admitir.

Kyungsoo giró finalmente hacia él, con una mirada fría.

-Es un estorbo.-La palabra cayó seca, cortante.-Un humano sin control, sin preparación, traído aquí por razones que nadie nos explica -continuó-. ¿Sabes cuántos años entrenamos nosotros? ¿Cuántas pruebas pasamos para estar aquí?

Kai lo observó con atención.

-Lo sé -dijo con suavidad-. Pero eso no explica por qué te afecta tanto.

Kyungsoo apretó los labios.

-Porque si pierde el control... alguien puede salir herido.

-¿Eso es todo? -preguntó Kai.

Hubo un silencio incómodo.

Kyungsoo desvió la mirada.

-No tengo por qué darte explicaciones.-Dio media vuelta y se dirigió hacia uno de los corredores laterales.-Buenas noches.

Kai lo vio alejarse, pensativo. Por un momento apretó el puño, como si quisiera decir algo más... pero se contuvo.

-Siempre igual -murmuró para sí.

Luego suspiró y tomó el camino opuesto hacia su propia habitación, aunque su mente seguía anclada en la imagen de Chanyeol, rodeado del fuego de las antorchas, con los ojos llenos de confusión.
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La habitación de Kyungsoo era sobria, ordenada hasta el extremo. Paredes de piedra clara, símbolos de tierra grabados en los muros y una iluminación tenue proveniente de cristales verdes incrustados en el techo.

Cerró la puerta tras de sí y apoyó la frente contra ella durante un instante.

Exhaló lentamente.

-Tch...

Se apartó y caminó hacia el centro del cuarto. Se sentó en el borde de la cama, apoyando los codos sobre las rodillas.

No podía borrar la imagen.

El fuego respondiendo al grito de Chanyeol.

La forma en que el aire había vibrado.

La intensidad cruda, desordenada... pero poderosa.

-No tiene sentido -murmuró.

Cerró los ojos.

Él había entrenado desde niño. Había soportado pruebas físicas, espirituales, pérdidas. Había aprendido a dominar la tierra, a escucharla, a obedecer su pulso.
Y aun así... aquel humano había provocado una reacción que ni siquiera los aprendices más avanzados lograban.

Frunció el ceño.

-No debería estar aquí...

Pero la frase sonó vacía incluso para él.

Había algo que lo inquietaba más que la injusticia.

Algo que no quería admitir.

Cuando Chanyeol había gritado, cuando su rabia había estallado... Kyungsoo había sentido una vibración bajo sus pies. No una amenaza. Una llamada.

La tierra había respondido.
Y eso lo perturbaba.

Se levantó de golpe y apoyó una mano contra la pared.

-No -susurró-. No puede ser.
Respiró hondo, intentando calmarse.
-Solo es un humano -se dijo-. Nada más.

Pero la duda ya se había sembrado.

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En una sala profunda del palacio, lejos de los dormitorios, el Consejo se había reunido.

La estancia era circular, sostenida por columnas antiguas cubiertas de runas. En el centro flotaba un disco de energía translúcida que proyectaba ecos de lo sucedido en el comedor: destellos de fuego, el muro de agua, las reacciones.

Nereth Aqualis se encontraba de pie frente a ellos.

-Lo ocurrido confirma nuestras sospechas -dijo con voz grave-. El vínculo está despertando.

Uno de los consejeros, envuelto en túnicas plateadas, habló:

-El fuego respondió sin invocación conscinte. Eso no debería ser posible.

-No en alguien común -respondió Nereth.

-¿Está listo? -preguntó otra voz-. Apenas comprende dónde está.

Nereth negó lentamente.

-No. Pero el tiempo no nos favorece.

El disco mostró por un instante una distorsión oscura, una sombra retorcida que parecía palpitar.

-Las señales se intensifican -continuó uno de los ancianos-. La amenaza que expulsamos hace años se mueve otra vez.

Nereth apretó los puños.

-Entonces debemos actuar con cautela. Forzarlo sería peligroso.

-¿Y ocultarlo? -preguntó otro-. Ya no es posible. Los guardianes lo han visto.




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