El instructor Vaelor no les dio mucho tiempo para procesar lo ocurrido.
Apenas el murmullo comenzó a disiparse, dio una palmada seca que resonó en todo el campo.
-Bien. Ahora que he visto sus afinidades, pasaremos al entrenamiento físico. El poder sin cuerpo es inservible. Y el cuerpo sin disciplina, un peligro.
Los guardianes se acomodaron de inmediato, como si esas palabras les resultaran familiares.
-Formen filas.
Chanyeol obedeció con algo de torpeza, colocándose al final. Aún sentía un leve cosquilleo en la mano que había ardido, como un recuerdo persistente del fuego.
-Empezaremos con resistencia básica -continuó Vaelor-. Quiero ver cuánto aguantan sin recurrir a sus habilidades.
El instructor hizo un gesto, y el suelo frente a ellos cambió.
Las placas minerales se reorganizaron con un suave retumbar, formando una pista irregular llena de desniveles, rampas inclinadas y zonas de gravedad variable.
-Cinco vueltas -ordenó-. Sin poderes.
Un murmullo general se alzó, pero nadie protestó.
El silbato resonó.
Y comenzaron.
Desde el primer tramo, Chanyeol sintió la diferencia.
El terreno parecía empujarlo hacia atrás, como si cada paso pesara el doble. Sus piernas ardieron casi de inmediato. A su alrededor, los demás avanzaban con mayor soltura, acostumbrados al esfuerzo.
Kai corría con ligereza, ajustando su ritmo con naturalidad. Chen mantenía un paso constante, respirando con control. Baekhyun, aunque jadeaba un poco, se las arreglaba para no quedarse atrás, lanzando comentarios distraídos incluso mientras corría.
Kyungsoo, en cambio, avanzaba con una concentración absoluta. Su cuerpo era compacto, preciso; cada movimiento tenía intención. No corría rápido, pero tampoco disminuía el paso. Simplemente... resistía.
Chanyeol intentó imitarlo.
Pero su respiración empezó a volverse irregular.
El sudor le corría por la frente, por la espalda. Sentía los músculos tensarse, protestar. El calor interno -ese que siempre aparecía cuando se exigía demasiado- volvió a agitarse bajo su piel.
Y con él, los recuerdos.
Un destello del pasado lo golpeó sin aviso.
Tenía doce años.
Un día frío, demasiado frío. Había discutido con un niño del barrio. Recordaba el enojo, el pecho ardiendo... y luego ese olor extraño.
Quemado.
El grito.
El susto.
La piel del otro niño enrojecida.
Los adultos diciendo que no era posible, que solo había sido una alergia, una coincidencia.
Otro recuerdo.
Tenía dieciocho.
Estaba solo en la cocina. Una discusión previa con su madre, puertas cerradas de golpe. De pronto, una llama pequeña brotando de la hornilla sin haberla tocado. Apagándose sola segundos después.
Y él... temblando, aterrorizado.
Nunca se lo dijo a nadie.
Siempre pensó que estaba loco. Que eran simples coincidencias.
El impacto de un cambio brusco en el terreno lo devolvió al presente.
Tropezó, cayendo de rodillas, jadeando.
-Concéntrate -murmuró para sí mismo.
Siguió adelante, a pura voluntad.
Cuando por fin Vaelor dio la orden de detenerse, Chanyeol sentía las piernas pesadas como piedra. Se inclinó hacia adelante, apoyando las manos sobre los muslos, respirando con dificultad.
-Suficiente -anunció el instructor-. Han cumplido.
Uno a uno fueron deteniéndose.
Algunos apenas sudaban. Otros mostraban cansancio moderado.
Chanyeol estaba exhausto.
-Descansen -continuó Vaelor-. Luego deberán asearse y vestir su atuendo ceremonial. Serán presentados ante el Consejo. Ahora que están completos, el protocolo debe cumplirse.
Los guardianes asintieron.
Suho dio un paso al frente.
-Escucharon al instructor. Tienen tiempo para ducharse y cambiarse. Preséntense en el ala oeste cuando estén listos.
Poco a poco comenzaron a retirarse, hablando entre ellos en voz baja.
Chanyeol se dejó caer sentado sobre el suelo frío del campo, con la espalda encorvada y la mirada perdida. Sentía el cuerpo cansado, pero era su mente la que más pesaba.
Todo encajaba demasiado bien.
Los recuerdos. El fuego. Las miradas.
Las palabras del instructor.
Se llevó una mano al pecho, respirando hondo.
-Entonces... nunca estuve loco -murmuró.
-No.
La voz lo tomó por sorpresa.
Levantó la cabeza.
Kyungsoo estaba de pie a su lado.
Chanyeol parpadeó, sorprendido.
-Ah... yo... no te escuché llegar.
Kyungsoo cruzó los brazos, pero su postura no era hostil. Solo... firme.
-Estabas muy metido en tus pensamientos.
Hubo un silencio breve.
-Baekhyun se te acerco y te dijo que ya era hora de irse -añadió Kyungsoo-. Pero no le prestaste atención... y decidió no insistir.
Chanyeol soltó una risa corta, sin humor.
-Claro.-Volvió a mirar el suelo.-Oye... -dijo al cabo de unos segundos-. ¿Siempre es así? ¿Traer a alguien que no sabe nada y decirle que de pronto pertenece aquí?
Kyungsoo frunció ligeramente el ceño.
-No.
-Entonces... ¿por qué yo?
La pregunta salió sin reproche, solo cansancio.
Kyungsoo tardó en responder.
-No lo sé -admitió al fin-. Y eso es precisamente lo que me molesta.
Chanyeol levantó la vista, sorprendido por la honestidad.
-No es personal -continuó Kyungsoo-. Es solo que... tú no entrenaste. No creciste aquí. No pasaste por lo que nosotros pasamos. Y aun así...-Se interrumpió, apretando los labios.-Y aun así el fuego te responde -terminó con un dejo de frustración.
Chanyeol tragó saliva.
-Créeme... yo tampoco lo pedí.
El silencio volvió a caer entre ellos, distinto al anterior. Menos tenso.
Más... pesado.
Kyungsoo suspiró, desviando la mirada.
-No pareces alguien peligroso -dijo finalmente-. Solo... confundido.
Chanyeol soltó una risa breve y cansada.
-Eso sí.
Kyungsoo lo observó un segundo más, como si evaluara algo internamente.
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Editado: 18.04.2026