El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 5. La grieta invisible.

Un anuncio llegó acompañado por un suave repique metálico. Varios sirvientes se acercaron con pasos coordinados y reverencias profundas, interrumpiendo a los jovenes presentes.

-Guardianes -dijeron al unísono-, el banquete real está listo. Por favor, acompáñennos al Palacio Solar.

El grupo comenzó a avanzar escoltado por filas de asistentes. A medida que caminaban, la arquitectura cambiaba: los muros se volvían más claros, casi dorados, y la luz parecía provenir de todas partes a la vez, como si el propio edificio respirara energía cálida.

El Palacio Solar se abrió ante ellos con una grandeza que dejó sin palabras incluso a quienes ya habían estado ahí antes.

Altos arcos translúcidos sostenían una cúpula inmensa donde flotaban fragmentos de luz dorada, como pequeños soles suspendidos. Cortinas etéreas descendían desde lo alto, moviéndose con una brisa inexistente. El suelo reflejaba cada paso como un espejo pulido, y largas mesas se extendían a ambos lados del salón central, cubiertas con manteles claros y vajilla finamente tallada.

Apenas cruzaron el umbral, decenas de sirvientes inclinaron la cabeza.

-Bienvenidos, guardianes -dijeron con respeto.

Las palabras resonaron con solemnidad.

Familias enteras se encontraban ya dentro: padres, madres, hermanos, ancianos importantes. Rostros llenos de orgullo se volvieron hacia ellos apenas los reconocieron por las insignias brillando en sus pechos.

Xiumin fue recibido por figuras de expresión serena que lo abrazaron con contención. Chen fue rodeado por voces cálidas y risas. Lay inclinó la cabeza con humildad ante los suyos. Sehun recibió palmadas orgullosas en el hombro. Baekhyun fue casi asaltado por abrazos y comentarios emocionados al igual que Kai.

Chanyeol, en cambio, se quedó ligeramente atrás.

Observó la escena con una sonrisa suave, educada, pero distante.
Sus dedos rozaron la insignia sobre su pecho sin darse cuenta.

Pensó en su madre.

En su voz.

En su risa.

En la forma en que lo felicitaba incluso por las cosas más pequeñas.

Un nudo se formó en su garganta.

Ojalá pudiera verte...te extraño mucho...

A unos metros, distinguió a Kyungsoo.

Estaba de pie, con los brazos cruzados, observando el salón con una seriedad que contrastaba con el ambiente festivo. No parecía incómodo... pero tampoco parte del bullicio. Había algo distante en su postura, como si mantuviera una barrera invisible.

Chanyeol pensó en acercarse.

Pero antes de dar un paso, un sonido metálico resonó con fuerza.

Clink.

El comandante del ejército real -un hombre alto, de hombros anchos y expresión severa- alzó una copa.

-Guardianes, familias y miembros del reino -anunció-. Tomen asiento. Celebremos esta noche como corresponde.

Las conversaciones se apagaron poco a poco.

Todos comenzaron a dirigirse a las mesas asignadas. El banquete dio inicio entre aromas intensos y platos que parecían pequeñas obras de arte: frutas luminosas, carnes glaseadas con especias brillantes, panes tibios que despedían vapor aromático.

Chanyeol se sentó, pero pronto sintió algo incómodo.

Levantó la vista.

El comandante lo observaba.
No directamente, pero lo suficiente como para notarlo. Murmuró algo al oído de la persona sentada a su lado, quien también giró a mirarlo con atención evaluadora.

Chanyeol frunció el ceño.

Bajó la mirada a su plato, sin apetito.

Otra vez...El murmullo, las miradas, la sensación de estar siendo medido y juzgado.

Se levantó con discreción, aprovechando que la atención general estaba dispersa. Caminó sin hacer ruido hasta una de las salidas laterales y la atravesó.

El aire cambió de inmediato.

El balcón se extendía amplio y abierto, sostenido por columnas delgadas. Desde ahí se veía el cielo de EXO Planet desplegado en tonos profundos: violetas, azules oscuros y destellos plateados. Varias lunas flotaban a distintas alturas, reflejándose en fuentes suspendidas que derramaban hilos de agua luminosa hacia el vacío.

El barandal estaba tallado con símbolos antiguos, suaves al tacto.

Chanyeol apoyó los antebrazos y dejó escapar un suspiro largo.

El silencio era distinto ahí. Más honesto.

Dejó vagar la mirada por el horizonte, tratando de ordenar sus pensamientos, cuando una voz calmada rompió la quietud.

-Parece que pensaste lo mismo que yo.

Chanyeol se sobresaltó visiblemente.

-¡...! -giró de golpe-. Yo...no te escuché llegar.

Kyungsoo estaba a unos pasos, recargado también en el barandal, con los brazos apoyados. La luz nocturna delineaba su perfil con suavidad.

-No suelo hacer ruido -respondió con sencillez.-Ademas, yo estaba aqui primero.

Chanyeol carraspeó, incómodo.

-Supongo que... necesitabas aire.

Kyungsoo asintió despacio.

-El ruido cansa -dijo-. Las miradas también.

Chanyeol lo miró, sorprendido por la franqueza.

-¿Te pasa seguido?

Kyungsoo ladeó apenas el rostro, observando el cielo.

-Desde siempre.

Hubo un breve silencio. No incómodo, pero sí cargado.

-No pareces disfrutar mucho de... todo esto -comentó Chanyeol con cautela, señalando vagamente el interior.

-No me molesta -respondió Kyungsoo-. Solo no me gusta fingir entusiasmo.

Chanyeol soltó una pequeña risa nasal.

-Supongo que en eso nos parecemos.

Kyungsoo lo miró de reojo, evaluándolo.

-Puede ser.

Se hizo otro silencio, más ligero.

El viento movió suavemente las telas del balcón. Chanyeol notó entonces lo cerca que estaba Kyungsoo. Más bajo. Más pequeño de lo que parecía cuando estaba rodeado de los demás. Y, aun así, había algo firme en él.

La luz de las lunas marcaba sombras suaves sobre su rostro, acentuando sus ojos oscuros, concentrados. Había una calma extraña en su expresión, casi melancólica.

Chanyeol tragó saliva sin darse cuenta.




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