El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 7. Los Exploradores Pt. 1.

El grupo terminó de reunirse frente al centro del campo.

El instructor Vaelor avanzó unos pasos, imponente, con su capa oscura ondeando apenas por la energía que vibraba en el lugar. Su voz resonó grave y clara, amplificada por la magia del recinto.

—Guardianes —dijo—, antes de comenzar, debo felicitarlos oficialmente por su nombramiento. Desde hoy, no solo portan un título, sino una responsabilidad directa con el equilibrio del reino y del palacio.

Algunos enderezaron la espalda con orgullo; otros, como Chanyeol, tragaron saliva, sintiendo el peso real de esas palabras.

Vaelor giró ligeramente y señaló el amplio círculo de piedra marcado con runas.

—El entrenamiento de hoy consistirá en un enfrentamiento individual contra un explorador mágico. Cada uno deberá sostener el combate durante tres marcas de pulso.

Chanyeol frunció el ceño, claramente confundido. Se inclinó un poco hacia Suho y susurró:

—¿Eso… cuánto es?

Suho apenas giró la cabeza y respondió en voz baja, para que solo él escuchara:

—En tiempo terrestre… unos veinte minutos.

Chanyeol abrió apenas los ojos.

—¿Veinte…? —murmuró, tragando saliva—. Ah.

Antes de que pudiera decir algo más, un sonido profundo recorrió el campo. Desde uno de los extremos, se abrieron lentamente unas grandes puertas de metal oscuro. De su interior comenzaron a deslizarse nueve cajas alargadas, altas, selladas con inscripciones luminosas. Cada una llevaba un número grabado en el frente.

Las cajas se alinearon frente a la plataforma central con un golpe seco y pesado.

Vaelor continuó:

—Dentro de cada contenedor se encuentra un explorador. El consejo ha registrado previamente la información de cada uno de ustedes en su núcleo mágico.—Alzó una mano y las runas de las cajas brillaron tenuemente.—Esto significa que los exploradores adaptarán su estilo de combate para presionarlos, detectar debilidades y forzarlos a mejorar. No buscan matar, pero sí llevarlos al límite.—
Un murmullo recorrió al grupo.—Son prototipos —añadió—, pero no los subestimen. En el futuro, podrían enfrentarse a versiones mucho más avanzadas.

Entonces sacó un pergamino enrollado y lo abrió con calma.
—El orden de combate será el siguiente.—Su dedo recorrió la lista mientras iba nombrando:
—Primero: Xiumin.
—Segundo: Lay.
—Tercero: Baekhyun.
—Cuarto: Chen.
—Quinto: Kai.
—Sexto: Sehun.
—Séptimo: Suho.
—Octavo: Kyungsoo.
—Y por último… Chanyeol.

Al escuchar su nombre al final, Chanyeol sintió un pequeño vacío en el estómago. No sabía si era alivio por tener más tiempo… o ansiedad por tener demasiado para pensar.

Vaelor enrolló el pergamino con un golpe seco.

—Antes de comenzar, escuchen bien. Solo el guardián que esté combatiendo podrá permanecer sobre la plataforma. Los demás deberán observar desde el área delimitada. Está prohibido intervenir.—Señaló una línea luminosa que se encendió alrededor del campo, marcando claramente la zona para los observadores.—Observen, analicen y aprendan. Cada combate es una lección.— El instructor dio un paso atrás. —Prepárense.

Mientras los demás comenzaban a acomodarse en el área indicada, Chanyeol se quedó un poco atrás. Bajó la mirada hacia sus manos.

Le temblaban apenas.

Las abrió y cerró despacio, tratando de controlar la respiración… pero entonces lo sintió.

Un cosquilleo extraño recorrió sus palmas, como pequeñas chispas bajo la piel. El calor empezó a acumularse en su pecho, subiendo por sus brazos. No era doloroso, pero sí intenso, inquietante.

—No ahora… —murmuró entre dientes.

Intentó relajarse, inhalar hondo, recordar las palabras de Suho. Pero cuanto más trataba de calmarse, más presente se hacía esa sensación ardiente, como brasas despertando.

A unos pasos de distancia, Kyungsoo, que se encontraba entre otros dos guardianes, levantó ligeramente la mirada.

Sus ojos se posaron en Chanyeol.
Notó el modo en que observaba sus manos, la rigidez de sus hombros, la forma contenida en que respiraba. Algo en su postura no era solo nervios comunes.

Kyungsoo frunció levemente el ceño, pensativo.

No dijo nada.

Pero por primera vez desde que habían llegado al campo, no apartó la mirada de él.

Xiumin avanzó hacia el centro de la plataforma con pasos firmes, aunque medidos. Se detuvo justo en el círculo grabado en el suelo y comenzó a mover los hombros, los brazos, el cuello, como si calentara cada músculo con disciplina casi militar. Inspiró hondo, exhaló despacio. Su expresión era seria, concentrada, pero no tensa.

Desde el área delimitada, varias voces se alzaron.

—¡Vamos, Xiumin!

—¡Tú puedes!

—¡Hazlo pedazos!

Baekhyun agitó una mano con entusiasmo, Chen chasqueó los dedos animándolo, incluso Suho asintió con una leve sonrisa de aprobación. Chanyeol observaba en silencio, atento, con los ojos muy abiertos, tratando de memorizar cada gesto, cada movimiento previo.
Entonces, una de las cajas numeradas —la marcada con el uno— emitió un zumbido bajo.

Las runas grabadas en su superficie comenzaron a encenderse una a una, emitiendo una luz azulada y plateada que pulsaba como un corazón artificial. El aire alrededor vibró, denso, cargado de magia. La tapa frontal se abrió lentamente con un sonido metálico profundo.

Desde el interior, algo se incorporó.

El explorador era humanoide, pero solo en apariencia general. Su cuerpo parecía formado por placas de un metal oscuro y flexible, unidas por líneas de energía luminosa que recorrían sus extremidades como venas. No tenía rostro definido: solo una máscara lisa, ligeramente alargada, con dos ranuras brillantes donde deberían estar los ojos, emitiendo una luz fría y analítica.
Sus articulaciones se movían con precisión inquietante, demasiado suaves para algo mecánico. Cada paso que daba dejaba una vibración sutil en el suelo, como si ajustara su peso a cada movimiento. En su espalda, pequeñas runas giraban lentamente, proyectando símbolos flotantes: datos, cifras, pulsos mágicos.




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