Kai y Sehun bajaron de la plataforma sosteniendo a Chen entre ambos. A cada paso, el olor tenue a electricidad quemada parecía seguirlos. La túnica de Chen estaba rasgada en varios puntos, ennegrecida por las descargas, y aún salía un hilo débil de humo de su hombro.
Chanyeol los observó con atención, tragando saliva. Cuando Chen levantó la vista y le dedicó una sonrisa cansada —pero sincera—, Chanyeol sintió un nudo extraño en el pecho.
—Buen… buen trabajo —atinó a decirle.
Chen solo alzó una mano en gesto despreocupado, como si aquello no hubiera sido nada, y se separó con esfuerzo de Kai y Sehun al recuperar un poco el equilibrio.
—Estoy bien, en serio —murmuró—. Solo… necesito sentarme luego.
El instructor volvió a tomar la palabra, su voz firme resonando en todo el campo.
—Siguiente guardián: Kai.
El ambiente cambió al instante.
Kai alzó la mirada, cruzándola primero con Kyungsoo. Este no dijo nada, pero sus ojos se suavizaron apenas.
—Suerte —dijo finalmente, en voz baja.
Kai esbozó una pequeña sonrisa, ladeada, sincera.
—Siempre.
Y entonces, sin previo aviso, desapareció.
Chanyeol dio un respingo, sobresaltado.
—¿Q-qué…?
Un parpadeo después, Kai reapareció directamente sobre la plataforma, a varios metros de donde estaba antes. El aire vibró con un leve chasquido.
—Odio cuando hace eso —gruñó Sehun, cruzándose de brazos—. Siempre me asusta.
El explorador destinado a Kai emergió de su caja con un sonido metálico profundo. Era más alto que los anteriores, con placas reforzadas y marcas lumínicas que pulsaban de forma errática. Sus extremidades parecían diseñadas para el combate directo, pesadas y afiladas.
—Comiencen —ordenó el instructor.
El explorador atacó sin dudarlo.
Kai desapareció justo antes del impacto, reapareciendo a su costado. Lanzó una patada que atravesó el aire… pero el explorador giró con sorprendente velocidad y logró rozarlo, enviándolo varios metros atrás.
Kai rodó por el suelo y se levantó de inmediato, chasqueando la lengua.
—Bien… así que eres rápido.
Desapareció de nuevo. Apareció detrás del explorador y descargó una ráfaga de golpes veloces, cada uno acompañado de destellos breves donde el espacio parecía romperse por un instante. El impacto resonó como un estallido seco.
El explorador respondió girando sobre sí mismo, extendiendo una onda de choque que obligó a Kai a teletransportarse otra vez, esta vez con un ligero retraso.
Chanyeol frunció el ceño.
—¿Tardó… más? —murmuró.
—Sí —respondió Suho con gravedad—. La teletransportación consume mucha energía. Si la usa demasiado, su cuerpo no puede seguirle el ritmo.
En la plataforma, Kai respiraba ya con más dificultad. Aun así, siguió forzándose.
Aparecía, atacaba, desaparecía… pero cada salto era un poco más lento que el anterior.
El explorador comenzó a anticipar sus movimientos.
En uno de esos saltos, Kai reapareció apenas un segundo tarde.
El golpe lo alcanzó de lleno en el costado.
El sonido fue seco, brutal.
—¡Kai! —exclamó alguien.
El cuerpo del guardián salió despedido varios metros y rodó por el suelo antes de detenerse. Se levantó con dificultad, apoyando una mano en el piso. Un hilo de sangre corría desde su ceja.
Desde abajo, Chanyeol sintió un vuelco en el estómago.
Miró instintivamente a Kyungsoo.
Kyungsoo estaba rígido. Su mandíbula apretada con tanta fuerza que los músculos se marcaban. Sus puños estaban cerrados, tensos, y sus ojos seguían cada movimiento de Kai con una intensidad contenida, casi dolorosa.
Kai volvió a teletransportarse, pero esta vez el destello fue más lento, imperfecto. El explorador lo alcanzó en el aire y lo golpeó con brutalidad, lanzándolo contra el suelo otra vez.
Un murmullo inquieto recorrió al grupo.
—Ya basta… —susurró Chanyeol sin darse cuenta.
Kai gruñó, apoyándose sobre un codo. Temblaba, pero aun así se incorporó, respirando agitadamente.
—Vamos… —masculló—. No… he terminado.
El explorador avanzó de nuevo, pero el tiempo asignado llegó a su límite.
Un sonido grave marcó el final del combate.
—Ejercicio concluido —anunció el instructor.
Kai soltó el aire con fuerza y, frustrado, golpeó el suelo con el puño.
—Maldición…
Se quedó allí, respirando con dificultad, los hombros tensos.
Sehun y Xiumin se acercaron de inmediato.
—Oye, ya estuvo —dijo Sehun, intentando ayudarlo a ponerse de pie—. Fue suficiente.
—Suéltame —gruñó Kai, apartándolo—. Estoy bien, no necesito ayuda.
Pero apenas intentó incorporarse, sus piernas flaquearon.
Antes de que cayera, una mano firme lo sostuvo del brazo.
Kyungsoo.
—Basta —dijo con voz baja pero dura—. No seas idiota.
Kai alzó la mirada, sorprendido.
Kyungsoo lo miraba serio, sin rastro de burla.
—No tienes que demostrar nada —continuó—. Te exigiste demasiado. Entrena mejor la resistencia antes de forzarte así. Para eso son estos entrenamientos.
Kai apretó los labios, respirando hondo.
—…Lo sé —murmuró al final, desviando la mirada—. Solo… quería hacerlo bien.
Kyungsoo aflojó un poco el agarre.
—Lo hiciste. Pero necesitas mejorar mas.
Kai asintió lentamente, aceptando la reprensión, y dejó que lo ayudaran a bajar de la plataforma.
Desde su lugar, Chanyeol observaba la escena con el pecho apretado.
Había visto poder, sí… pero también algo más: miedo, presión, orgullo.
Y entendió, quizá por primera vez, que ser guardián no era solo fuerza.
Era cargar con expectativas que podían romperte por dentro al no cumplirlas.
Kai regresó con los demás guardianes caminando con rigidez, el orgullo todavía ardiéndole en el pecho más que las heridas.
Chanyeol, sin darse cuenta, lo observó con atención; no por burla ni lástima, sino con una mezcla de inquietud y curiosidad tras haber visto lo duro que había sido el combate.
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Editado: 20.04.2026