El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 9. Los Exploradores Pt. 3.

Chanyeol salió de su ensoñación cuando una mano firme se apoyó en su hombro.

Parpadeó, confundido, y alzó la vista. Suho estaba frente a él, mirándolo con una leve sonrisa que intentaba ser tranquilizadora.

Recién entonces se dio cuenta de que todos los guardianes lo observaban: algunos con abierta preocupación, otros con curiosidad expectante, otros con una tensión difícil de ocultar.

Instintivamente buscó a Kyungsoo.

No lo estaba mirando.

Kyungsoo mantenía el rostro girado hacia el frente, la mandíbula apretada con fuerza y los puños cerrados a los costados, tan tensos que los nudillos se le veían pálidos.

Esa imagen le produjo a Chanyeol un nudo extraño en el pecho.

-Ya llegó tu turno -dijo Suho con suavidad-. Todo estará bien.

Chanyeol tragó saliva. Sintió cómo la sangre se le iba del rostro.

-Supongo... que no me queda de otra -respondió, intentando sonar firme, aunque su voz salió más baja de lo que pretendía.

El instructor dio un paso al frente, su voz resonó clara en todo el campo.

-Último combate. Que pase el guardián Chanyeol.

Un murmullo recorrió el lugar.

Chanyeol dio un paso... y luego otro. Cada movimiento parecía pesarle el doble. A medida que avanzaba, algo comenzó a removerse en su interior: una sensación conocida, desagradable y ardiente, como brasas deslizándose por sus venas.

Tragó saliva, llevando instintivamente una mano al pecho.

El calor aumentó.

-Respira -le dijo Suho en voz baja, acercándose apenas-. No dejes que el miedo tome el control. Recuerda lo que te dije: el fuego responde a tus emociones.

Chanyeol asintió, pero sus manos empezaron a temblar. Bajó la mirada y vio cómo la piel de sus dedos comenzaba a enrojecerse levemente, como si algo ardiera bajo ella.

Entonces sintió que alguien tomaba sus manos.

El contacto fue firme, inesperadamente cálido, pero no abrasador.

Alzó la vista de golpe.

Kyungsoo estaba frente a él.

Sus ojos oscuros lo observaban con una intensidad tranquila, distinta a la dureza habitual. No había burla ni rechazo ahí, solo concentración absoluta.

-No luches contra el fuego -dijo en voz baja, casi para que solo Chanyeol lo oyera-. Si lo empujas, te va a consumir. Déjalo salir... pero decide tú cuánto.

Chanyeol tragó saliva, sintiendo que su respiración comenzaba a acompasarse sin darse cuenta.

-No pienses en dominarlo. Piensa en sostenerlo. Como si fuera... parte de ti.

Las manos de Kyungsoo apretaron apenas las suyas.

-Si lo fuerzas, te quemas. Si lo temes, te devora. Pero si lo aceptas... obedece.

El temblor en las manos de Chanyeol disminuyó un poco. El ardor dejó de ser caótico, transformándose en un calor más estable, profundo.

-¿Por qué... me ayudas? -preguntó Chanyeol en un hilo de voz-. Pensé que no te agradaba.

Kyungsoo lo miró fijamente durante un segundo largo, ilegible.

-No confundas las cosas -respondió con tono seco-. Esto no tiene que ver con agradar o no.

Iba a decir algo más, pero la voz del instructor tronó desde la plataforma:

-¡Guardián Chanyeol, suba de inmediato!

Kyungsoo soltó sus manos de golpe, como si recién recordara dónde estaba.

-Suerte -añadió, seco, sin mirarlo del todo-. Y... procura no morir.

La frase fue tan directa, tan poco adornada, que Chanyeol no pudo evitar soltar una risa corta, nerviosa.

-Gracias... supongo.

Se dio la vuelta y caminó hacia la plataforma, con el corazón golpeándole el pecho.

Detrás de él, Baekhyun observaba la escena con los ojos muy abiertos, ladeando la cabeza.

-¿Desde cuándo Kyungsoo le da animos a alguien...? -murmuró, confundido.

Kai, en cambio, frunció el ceño con fuerza, cruzándose de brazos. Algo en su expresión era puro desconcierto... y molestia.

Chanyeol subió al centro del campo.

Desde lo alto, los miembros del consejo se inclinaron ligeramente hacia adelante. El padre de Suho mantenía el gesto severo, pero sus ojos reflejaban una tensión mal disimulada.

-Por fin -dijo uno de los ancianos-. Veamos al hijo de Aurelion.

-Ya era hora -respondió otro-. Deseo ver cómo supera lo que le hemos preparado.

Nereth Aqualis, el padre de Suho, frunció el ceño.

-¿Qué información cargaron en el núcleo del explorador? -preguntó con voz grave.

Uno de los consejeros respondió sin mirarlo:

-La del linaje que le corresponde.

Nereth se tensó.

-¿El linaje... de su padre?

-Exactamente. El antiguo rey.

El aire pareció enfriarse.

-Eso es una locura -gruñó Nereth, conteniendo la ira-. Ese poder está sellado en él. No tiene control. No ha sido entrenado.

-No cuestiones las decisiones del consejo -replicó el anciano con frialdad-. Si va a ocupar el lugar de rey en EXO Planet, debe probar que lo merece.

Nereth apretó los dientes, obligándose a guardar silencio, y volvió la mirada hacia el campo, con el corazón oprimido.

-Por favor... resiste Chanyeol. -murmuró para sí.

En la plataforma, Chanyeol inhaló profundamente.

Recordó las palabras de Kyungsoo.

No lo fuerces. No lo temas.

Cerró los ojos un segundo.

Sintió ese cosquilleo familiar subir por su pecho, extenderse por sus brazos. Esta vez no dolía. Era cálido, vibrante. Al abrir los ojos, un resplandor suave danzaba alrededor de sus manos.

El fuego apareció.

Pequeñas llamas se enroscaron alrededor de sus dedos, obedientes, vivas.

Un murmullo recorrió a los guardianes.

Kyungsoo, sin darse cuenta, dejó escapar una leve sonrisa.

Kai lo miró de reojo, confundido.

En ese momento, la caja del explorador comenzó a moverse.

Las runas brillaron con violencia.
El metal se abrió con un estruendo pesado, y de su interior emergió una figura enorme.

Era mucho más grande que el explorador de Kyungsoo.

Una criatura humanoide formada por roca volcánica y magma incandescente, con grietas ardientes recorriéndole el cuerpo como venas de fuego. Cada paso que daba dejaba marcas humeantes en el suelo. Sus ojos ardían como hornos abiertos.




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