El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 14. No lo toques.

Chanyeol cerró la puerta con suavidad.

La habitación era más grande de lo que esperaba. No ostentosa, pero sí… acogedora

Las paredes eran de piedra clara, pulida hasta obtener un tacto casi sedoso, con vetas muy sutiles de mineral rojizo que parecían palpitar tenuemente cuando la luz las rozaba. No era fuego, pero se parecía lo suficiente como para que su pecho respondiera con un latido más profundo.

En el techo, diminutas constelaciones de cristal incrustado emitían una luz ámbar muy suave, como si alguien hubiera decidido atrapar brasas en el firmamento y dejarlas allí, respirando despacio.

A un lado, una ventana amplia de arco ojival daba a uno de los jardines internos del palacio. No había cortinas: solo una fina membrana translúcida que filtraba la luz del atardecer en tonos miel y carmesí. Desde allí se escuchaba el murmullo lejano del agua y el canto tranquilo de algun ave.

Una estantería baja recorría media pared, todavía vacía salvo por tres objetos que alguien —probablemente Baekhyun o Lay— había dejado como bienvenida: un cuenco de cerámica negra con agua que nunca se evaporaba, una pequeña esfera de obsidiana que emitía calor cuando la tocabas y un libro sin título cuya cubierta era simplemente cuero rojo con una sola runa grabada en oro: Fuego Primordial.

En el centro de la habitación, dominándolo todo, estaba la cama.
Grande. Demasiado grande para una sola persona.
Sábanas de lino oscuro, gruesas mantas de lana teñida en degradados de granate y negro, almohadas que parecían haber sido diseñadas para sostener cabezas exhaustas después de batallas. Sobre la cabecera tallada en madera de ébano había un relieve sencillo: una llama estilizada que se convertía en alas abiertas.
Y a un lado de la cama, casi pegado a ella, un espejo de cuerpo entero.
No tenía marco. Solo era una lámina perfecta de cristal oscuro, suspendida en el aire por cuatro finas cadenas de metal que desaparecían en el techo. El borde inferior rozaba apenas el suelo.

Chanyeol se acercó despacio.
Se detuvo frente al espejo y se miró.

Los ojos dorados le devolvieron la mirada.
No eran los suyos. O sí lo eran… pero no como los recordaba.

El iris era un anillo de oro fundido, con vetas más oscuras —casi cobrizas— que parecían moverse lentamente, como brasas que se resisten a apagarse. Las pupilas se habían dilatado un poco más de lo normal, dándole un aspecto felino, hambriento, antiguo.

Bajó la vista a sus manos. Las giró. Las palmas estaban limpias, sin cicatrices, sin marcas. Y sin embargo… sentía que debajo de la piel había algo vivo, latiendo, esperando.

Se dejó caer sentado en el borde de la cama. El colchón cedió con una suavidad que casi lo sorprendió.

Suspiró largo.

Y entonces, sin pensarlo demasiado, se recostó hacia atrás, dejando que su cuerpo se hundiera en las sábanas.

El espejo quedaba justo a su derecha.

Giró la cabeza.
Allí estaba otra vez. Él. O lo que fuera que era ahora.

Se quedó mirando sus propios ojos en el reflejo.

Todavía le costaba creerlo.

Todavía le parecía una broma cruel del destino.

Cerró los ojos con fuerza, frustrado.
No recordaba nada después de que fue tomado por el cuello por el explorador. Solo oscuridad. Y luego… calor. Mucho calor. Y dolor.

Abrió los ojos de golpe.

Algo dentro de él se removió.

No era dolor.

Era… ansia.

Como si algo dormido dentro de su caja torácica estuviera arañando las costillas desde adentro, impaciente, furioso por salir.

—¿Qué demonios eres…? —susurró, hablando con su reflejo.

No hubo respuesta, por supuesto.
Solo esos ojos dorados que lo miraban fijos, serenos y a la vez salvajes.

Chanyeol exhaló por la nariz, cansado.

Cerró los ojos otra vez.

Y esta vez dejó que las últimas emociones del día lo atravesaran sin resistencia.

El abrazo aplastante de Baekhyun.
La emoción y amabilidad de Xiumin.
Los comentarios de Sehun.
La risa incrédula de Chen.
La mano firme y callada de Lay sobre su hombro.
La mirada seria de Suho, cargada de culpa y alivio al mismo tiempo.
La tensión contenida de Kai, que no sabía cómo entenderla.

Y Kyungsoo…

Kyungsoo de pie en la puerta, mirándolo como si quisiera grabarse cada centímetro de él.

Una sonrisa pequeña, involuntaria, se le escapó.

—Seguro a mamá le haría muy feliz saber que hay gente que se preocupa por mí… —murmuró en voz muy baja, casi como si temiera que decirlo demasiado alto lo hiciera menos real.

La sonrisa duró poco.

La nostalgia llegó detrás, silenciosa y afilada.

¿Cómo estaría ella?
¿Qué estaría haciendo en este momento?
¿Se habría dado cuenta de que ya no estaba?
¿Habría llorado?
¿O seguiría fingiendo que todo estaba bien, como siempre hacía cuando él se ausentaba por mucho tiempo?

Un nudo se le formó en la garganta.

Abrió los ojos y volvió a mirar el techo.

Las pequeñas constelaciones de cristal seguían brillando despacio, como si respiraran con él.

Chanyeol se llevó una mano al pecho, justo sobre el corazón.

Ahí seguía.
Ese calor.
Esa presencia.

No sabía si era su elemento, si era miedo, si era esperanza… o si eran todas esas cosas al mismo tiempo.

Pero estaba ahí.

Y no se iba.

Suspiró una vez más, esta vez más largo, más cansado, más resignado.

—Mañana… —susurró al silencio de la habitación—. Mañana empiezo a entender poco a poco qué carajos soy y cómo puedo cargar con esto.

Y con esa promesa a medio formular, giró sobre su costado, dándole la espalda al espejo.

No quería seguir mirándose.

No esa noche.

Porque esa noche, por primera vez desde que había llegado a EXO Planet…solo quería dormir tranquilo.

Y soñar —quizá— con un mundo donde todavía pudiera volver a casa.

Aunque, en el fondo, una parte muy pequeña y muy honesta de él ya empezaba a preguntarse si ese hogar… tal vez ya no estaba solo en la Tierra.




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