El comedor los recibió con un murmullo bajo y constante, una mezcla de voces cansadas, risas apagadas y el sonido metálico de los cubiertos chocando contra los platos. La luz que entraba por los ventanales altos caía oblicua, iluminando motas de polvo en el aire y resaltando, sin piedad, el estado en el que se encontraban los guardianes.
Kyungsoo fue el primero en notarlo.
Ropas manchadas de tierra, de ceniza, de sudor seco. Cabellos despeinados, algunos todavía húmedos. Hombros caídos. Espaldas tensas. Parecían haber librado una batalla más que un entrenamiento.
Chanyeol se detuvo apenas al cruzar el umbral.
—…¿Qué les pasó? —preguntó, con una mezcla de sorpresa y preocupación sincera.
Baekhyun fue el primero en girarse hacia ellos. Tenía una marca oscura en la mejilla y la túnica arrugada de forma casi indecente.
—¿Qué nos pasó? —repitió, alzando una ceja—. Vaelor decidió que hoy era un buen día para destruir nuestra autoestima.
—Y nuestros músculos —añadió Chen, dejando caer la cabeza sobre la mesa con un golpe suave—. Estoy bastante seguro de que ya no tengo piernas.
—Confirmo —dijo Sehun, estirando el cuello de un lado a otro—. Si mañana no me levanto, díganle a mi madre que lo intenté.
Xiumin bebía agua con lentitud, como si cada sorbo fuera un pequeño triunfo.
—No fue solo duro —intervino—. Fue… meticuloso. No dejó pasar ni un error.
Chanyeol frunció ligeramente el ceño.
—¿Tan malo fue?
—Nos hizo repetir un ejercicio básico hasta que alguien perdiera el control —respondió Baekhyun—. Y pasó más de una vez.
Kyungsoo tomó asiento con calma, como si aquel escenario no le sorprendiera en absoluto. Chanyeol se sentó a su lado casi sin pensarlo.
—¿Y tú? —preguntó Baekhyun entonces, girándose hacia Chanyeol—. ¿Cómo te fue a ti? ¿Sobreviviste a las clases privadas con el señor malhumor?
Kyungsoo le lanzó una mirada fría.
—Baekhyun...—dijo con tono amenazante.
El alto soltó una pequeña risa.
—Me fue… muy bien, en realidad —dijo—. Kyungsoo es un gran maestro. Estoy aprendiendo mucho.
El silencio que siguió fue inmediato.
—¿Perdón? —Baekhyun parpadeó—. ¿Gran maestro?
—¿El mismo Kyungsoo que me dijo “si no entiendes esto, no lo intentes” y luego se fue? —preguntó Chen, incorporándose.
—¿El que me hizo repetir un movimiento treinta veces sin decirme qué estaba mal? —añadió Sehun.
—Pues si...al parecer.—asintió Chanyeol, sin perder la sonrisa.
Kyungsoo bajó la mirada al plato que acababan de servirle, pero el leve tensarse de su mandíbula no pasó desapercibido.
—Pero conmigo fue distinto —continuó Chanyeol, girándose un poco hacia él—. Me explicó todo con calma. Paso a paso. De una forma muy clara.—Le sonrió. No fue una sonrisa grande ni exagerada. Fue pequeña, honesta. De esas que no buscan provocar nada… y aun así lo hacen.—Me tuvo mucha paciencia —añadió—. Y eso ayudó bastante.
La confusión se extendió por la mesa como una ola silenciosa.
—Estoy ofendido —murmuró Baekhyun—. ¿Por qué tú sí y nosotros no?
—Tal vez porque él sí escucha —respondió Kyungsoo sin levantar la vista.
—Eso dolió —dijo Chen, llevándose una mano al pecho.
—Un poco merecido —añadió Lay, divertido.
Chanyeol rió suavemente, pero volvió a mirar a Kyungsoo con sus ojos dorados.
—De verdad… gracias.
Kyungsoo no respondió de inmediato. Luego asintió apenas, casi imperceptible.
—Eres enfocado. —dijo—. Eso facilita las cosas.
Aquello solo aumentó la sorpresa general.
—Algo está muy mal en este universo —susurró Sehun.
—O muy bien al parecer. —corrigió Baekhyun, observándolos con atención.
A unos asientos de distancia, Kai apretó los cubiertos entre los dedos.
Había prometido confiar. Había prometido no intervenir, no dejarse llevar por ese nudo incómodo que se le formaba en el pecho cada vez que veía a Kyungsoo con alguien más.
Y aun así…
No podía dejar de notar cómo Kyungsoo se veía más relajado. Cómo respondía a Chanyeol sin la rigidez habitual. Cómo no se apartaba.
La conexión era sutil, casi invisible para cualquiera que no estuviera mirando con atención. Pero Kai la veía. La sentía.
Suho, desde el extremo de la mesa, levantó la vista y lo observó en silencio. No hubo reproche en su mirada, solo análisis, comprensión contenida.
—Me alegra escuchar eso —dijo finalmente el lider, rompiendo la tensión—. El progreso siempre es una buena señal.—Miró a Chanyeol.
—Y me tranquiliza saber que estás aprendiendo con una buena base.
Luego dirigió una breve mirada a Kyungsoo.—Gracias por tomarte el tiempo.
Kyungsoo inclinó ligeramente la cabeza.
—Era necesario.
Los sirvientes comenzaron a repartir los platos con más rapidez, y poco a poco la conversación se dispersó.
Baekhyun se quejaba más del entrenamiento, Chen exageraba cada caída como si hubiera sido una tragedia épica, Sehun bromeaba con no volver a entrenar jamás.
Chanyeol escuchaba, reía, pero de vez en cuando su atención regresaba a Kyungsoo. A la forma en que comía en silencio. A cómo parecía absorto en sus pensamientos.
Kyungsoo, por su parte, era consciente de esa presencia a su lado de una forma nueva. No invasiva. No incómoda.
Solo… constante.
Mientras el comedor recuperaba su bullicio habitual, algo había cambiado sin que nadie lo dijera en voz alta.
Y aunque ninguno de ellos estaba listo para admitirlo, ese día no había sido solo sobre entrenamiento, cansancio o comida.
Había sido el inicio de algo que ya no podía ignorarse.
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El ruido del comedor fue apagándose poco a poco.
Los platos quedaron casi vacíos, las conversaciones se diluyeron en murmullos cansados y uno a uno los guardianes comenzaron a levantarse de sus asientos. El entrenamiento había pasado factura y el cansancio pesaba en los cuerpos… pero no en todos por igual.
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Editado: 20.04.2026