El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 19. Umbrahel: Ecos del vínculo.

La cena avanzaba en el comedor menor del palacio, un espacio más íntimo que el gran salón matutino, iluminado por lámparas de cristal lunar que proyectaban una luz cálida sobre la mesa larga. Los platos ya habían sido servidos, pero el ambiente no era del todo animado.

Había dos asientos vacíos.

Xiumin fue el primero en notarlo.

-¿No les parece raro? -comentó, apoyando los codos en la mesa-. Kyungsoo y Chanyeol no han aparecido en toda la tarde después de la comida.

-Pensé que vendrían después -añadió Chen, mirando de reojo hacia la entrada-. Digo, después del recorrido por el palacio.

Lay asintió lentamente.

-Han pasado mucho tiempo juntos hoy... -dijo con cuidado-. No lo digo como algo malo, solo... es distinto.

Baekhyun jugueteó con los cubiertos, visiblemente incómodo y algo molesto.

-Distinto es poco -murmuró-. Kyungsoo nunca se salta una comida. Nunca. Y menos por alguien.

Sehun inclinó la cabeza hacia atrás en su silla.

-Tal vez Chanyeol se perdió -bromeó-. Ese lugar es un laberinto.

Nadie rió.

Kai, que había permanecido en silencio desde que se sentaron, apretó la mandíbula. Sus dedos rodeaban el vaso con demasiada fuerza.

-No van a venir ya -dijo de pronto, sin levantar la vista-. Obviamente.

El tono fue seco. Cortante.

Xiumin lo miró con atención.

-Kai...

-No digo que esté mal que convivan. -se apresuró a añadir, aunque su voz lo traicionó-. Solo... es evidente.

Suho, que había estado observándolos a todos con atención silenciosa, dejó los cubiertos sobre el plato.

La escena frente a él era clara.
Un equipo unido, sí. Pero también un equipo empezando a tensarse.
Le agradaba ver a sus guardianes preocuparse por Kyungsoo y por Chanyeol. Después de un inicio tan áspero entre ambos, ese acercamiento hablaba de crecimiento, de adaptación... de algo sano.

Y aun así...

No podía ignorar la sombra en los ojos de Kai. Ni la incomodidad mal disimulada de Baekhyun.

-Coman -dijo finalmente, con voz tranquila-. Si no aparecen, no hay problema.

Pero mientras retomaba la cena, Suho ya había tomado una decisión.

Hablaría con su padre por un consejo, antes de que esta situacion fracture al equipo.
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Los pasillos del palacio estaban casi vacíos a esa hora.

La luz nocturna se filtraba por los ventanales altos, tiñendo de azul las paredes de piedra clara. Kyungsoo caminaba a paso constante junto a Chanyeol, aún hablando del recorrido, aunque su voz era más baja ahora, más reflexiva.

-...y esa ala del palacio se usa solo durante ceremonias antiguas -explicó-. Ya casi nadie entra ahí.

Chanyeol escuchaba con atención genuina, asintiendo, haciendo preguntas breves. Aun así, algo en su interior estaba inquieto. Una sensación persistente que no sabía nombrar.

Kyungsoo se detuvo de pronto.

-Espera... -dijo, frunciendo el ceño-. No fuimos a la cena.

Chanyeol lo miró, sorprendido solo un segundo.

-¿Tienes hambre?

Kyungsoo negó con la cabeza.

-No realmente. -Dudó-. Creo que iré directo a dormir.

Chanyeol sintió un extraño alivio... y al mismo tiempo, una decepción inexplicable.
-Yo tampoco quiero ir a cenar. -admitió-. Supongo que... mañana será un día largo.

Se quedaron en silencio frente al cruce que separaba sus dormitorios.
El ojidorado fue el primero en hablar.

-Gracias por hoy -dijo, serio, pero sincero-. Fue... agradable.

Kyungsoo sonrió un poco sin pensar.
-Sí. Lo fue.

Hubo un instante en que ninguno se movió.

Chanyeol sintió ese calor otra vez, expandiéndose lento por su pecho, pidiéndole que no se fuera, que se quedara un poco más. No entendía por qué. No tenía sentido.

Ignóralo, se dijo.

-Buenas noches, Kyungsoo.

-Buenas noches, Chanyeol.

El bajo pelinegro giró y se alejó por el pasillo, sin mirar atrás.

Chanyeol lo observó desaparecer, con una mano cerrada sobre su pecho, respirando hondo hasta que esa sensación quemante se calmó lo suficiente como para poder caminar hacia su habitación.
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Kyungsoo cerró la puerta de su habitación con más cuidado del habitual, como si temiera que incluso el sonido del pestillo pudiera delatarlo.

El silencio lo envolvió de inmediato.

Apoyó la espalda contra la madera y cerró los ojos por un segundo más de lo necesario. Su respiración aún no había recuperado el ritmo normal desde que se había despedido de Chanyeol en los pasillos del palacio. Demasiado cerca. Demasiado... presente.

Caminó hacia el centro de la habitación y se sentó en el borde de la cama, los codos apoyados en las rodillas, la mirada fija en el suelo.

El jardín. La forma en que Chanyeol lo miraba, como si todo fuera nuevo y digno de asombro. La hoja atrapada en su cabello. La mano suspendida en el aire, sin tocarlo... y aun así provocando una reacción que Kyungsoo no recordaba haber sentido jamás.

Llevó una mano a su pecho, justo donde el latido se le había desbocado horas antes.

-Esto no es normal... -murmuró.

Y precisamente, no lo era.

Kyungsoo siempre había sido consciente de sus emociones, las controlaba como controlaba la tierra bajo sus pies: con firmeza, con disciplina. Nunca había sentido esa urgencia silenciosa de permanecer cerca de alguien. Nunca había necesitado la presencia de otro para sentirse... completo, o peor aún, inquieto en su ausencia.

Y sin embargo, todo parecía haber cambiado desde que Chanyeol apareció en EXO Planet.

Desde el sonido de su voz. Desde sus ojos dorados. Desde esa forma tan poco defensiva de existir.

Kyungsoo frunció el ceño, molesto consigo mismo.

-No puede volver a pasar.

Se puso de pie con algo de determinación. Si algo había aprendido como guardián era que los vínculos mal entendidos eran una debilidad. Y él no podía permitirse una. No ahora. No con todo lo que estaba en juego en EXO Planet.




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