El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 20. Umbrahel: El peso de la tierra.

El paisaje comenzó a cambiar mucho antes de que Umbrahel apareciera ante ellos.

Al principio fue algo casi imperceptible: el cielo, que durante el trayecto había sido claro y amplio, empezó a cubrirse con nubes bajas de un tono cenizo. El viento se volvió más pesado, como si arrastrara un polvo invisible que irritaba la piel.
Las plantas al costado del camino ya no tenían el verde vivo que caracterizaba a EXO Planet.
Las hojas estaban ennegrecidas en las puntas, retorcidas, como si algo las hubiera quemado desde dentro. Árboles enteros aparecían secos, con ramas quebradas que parecían garras extendidas hacia un cielo enfermo.

—Esto no es normal... —murmuró Lay, observando el suelo agrietado.— La tierra está muriendo.

Kyungsoo frunció el ceño.

Podía sentirlo.

Como portador de la tierra, el cambio le atravesaba el cuerpo entero. El suelo bajo los cascos de los caballos se sentía débil, inestable, carente de vida.

A lo lejos vieron animales que huían sin dirección. Aves con plumas manchadas de negro volaban en círculos erráticos. Una manada de criaturas pequeñas pasó corriendo frente a ellos, con los ojos brillando de un tono antinatural.

Chanyeol los observaba en silencio.
Cada nuevo detalle le hacía entender un poco más que esto no era un simple viaje.

Era algo grave.

Muy grave.

Cuando por fin divisaron las murallas de Umbrahel, un olor nauseabundo los golpeó de lleno.
Un hedor dulce y podrido que se metía por la nariz y se pegaba en la garganta.

—¿Qué es ese olor...?.—preguntó Baekhyun, cubriéndose el rostro con la manga.

Nadie respondió.

No hizo falta.

Al llegar a la entrada de la ciudad lo comprendieron.

Los caballos se detuvieron casi por instinto.

Frente a ellos, esparcidos por el suelo polvoriento, había cuerpos.
Cadáveres en distintos estados de descomposición.

Hombres, mujeres... y niños.
Rostros congelados en expresiones de terror, piel ennegrecida, marcas profundas de mordidas, rasguños, golpes brutales. Algunos aún sostenían en las manos objetos cotidianos, como si hubieran sido atacados en medio de su vida normal.

Chanyeol sintió que el estómago se le revolvía violentamente.

—Por todos los cielos...—susurró Chen, pálido.

Sehun desvió la mirada con el rostro endurecido.

Kai apretó los puños sobre las riendas.

Lay cerró los ojos un segundo, murmurando una breve oración en voz baja.

Suho desmontó lentamente.
—Al parecer... —dijo con voz grave.— la corrupción no solo los enfermó. Los volvió unos contra otros.

Xiumin tragó saliva.
—Se atacaron entre ellos mismos...

Baekhyun giró el rostro, visiblemente afectado.—Esto es una pesadilla.

Chanyeol no pudo contenerlo.
Se inclinó hacia un lado del caballo y vomitó.

Su cuerpo temblaba. Nunca en su vida había visto algo así. En la Tierra, la muerte era dolorosa, sí... pero esto era distinto. Esto era violencia pura, sin sentido, sin piedad, más visceral.

Kyungsoo lo miró de reojo, con una preocupación silenciosa que intentó ocultar.

Chanyeol...

El alto respiró hondo, limpiándose la boca con el dorso de la mano.
—Lo siento...—murmuró.—Yo... nunca había visto algo así.

Baekhyun, aun con el rostro pálido, intentó sonar ligero.
—Créeme... nadie debería ver algo así.

Suho volvió a montar.
—Tenemos que entrar.—ordenó.—No podemos detenernos aquí.

Nadie protestó.

Atravesaron las puertas de Umbrahel.

Y lo que encontraron dentro fue incluso peor.

La terraceria estaba cubierta de una niebla oscura que se arrastraba por el suelo como si tuviera vida propia. Las casas de madera, que alguna vez debieron ser sencillas y acogedoras, estaban ahora destruidas: ventanas rotas, puertas arrancadas, paredes cubiertas de manchas negras que parecían extenderse como venas.
Carretas volcadas. Puestos de mercado abandonados. Cestas rotas, telas desgarradas, juguetes de madera tirados en el suelo, cubiertos de polvo y algo más oscuro.

El silencio era antinatural.

Solo roto por crujidos lejanos y el graznido ocasional de alguna criatura corrompida.

De pronto, un gruñido salvaje resonó entre las casas.

Antes de que pudieran reaccionar, varios animales deformados por la oscuridad salieron de entre las sombras y se lanzaron contra los caballos.
Ojos completamente negros. Piel enferma. Dientes afilados.

—¡Cuidado!.—gritó Suho.

Los caballos se encabritaron.

Kyungsoo levantó la mano y una barrera de tierra emergió del suelo, empujando a las criaturas hacia atrás.

Baekhyun reaccionó al mismo tiempo: una ráfaga de luz pura brotó de sus manos y obligó a las criaturas a retroceder, chillando como si aquella claridad les quemara.

—¡Mantengan la calma!.—ordenó Suho.—¡No ataquen si no es necesario!

Los animales retrocedieron gruñendo y desaparecieron entre los callejones.

Chanyeol estaba completamente rígido.
—¿Qué... qué eran esas cosas.—preguntó con voz temblorosa.

Baekhyun tragó saliva.
—No tengo idea... y prefiero no saberlo.

Siguieron avanzando con extrema precaución.

Y entonces los vieron.

Personas.

O lo que quedaba de ellas.

Habitantes de Umbrahel de pie en medio del terreno, inmóviles, observándolos.

Piel pálida, casi grisácea.
Ojos completamente negros.
Marcas de mordidas y golpes por todo el cuerpo.
No hablaban. No se movían.
Solo los miraban fijamente.

—Esto es... escalofriante.—susurró Sehun.

Baekhyun se inclinó un poco hacia Chanyeol.
—Oye... ¿tú también sientes que nos están viendo el alma?

Chanyeol asintió nervioso.
—Preferiría que no me miraran así...

—Yo también.—respondió Baekhyun.—Siento que en cualquier momento van a saltarnos encima.

—No lo digas.—murmuró Chanyeol.— No lo digas.—en su mente, no podía dejar de pensar que parecia que estuvieran en un apocalipsis zombie.




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