El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 22. Umbrahel: El Despertar del Fénix.

La oscuridad lo tragó de golpe.

Chanyeol apenas tuvo tiempo de comprender lo que estaba pasando cuando el tentáculo se tensó alrededor de su cuello y lo arrastró con una brutalidad inhumana hacia el interior del bosque.

Las ramas le golpeaban el rostro.
Las rocas raspaban su espalda.
El aire se le escapaba de los pulmones.
Intentó aferrarse al suelo, a los troncos, a cualquier cosa, pero la fuerza que lo jalaba era demasiado grande.

-¡Mierda... suéltame! -gritó, con la voz entrecortada.

Nadie respondió.

Solo el sonido de su propio cuerpo siendo arrastrado y el rugido lejano del viento corrompido de Umbrahel.
De pronto, el movimiento se detuvo de manera abrupta.
Su espalda chocó contra un árbol con tanta violencia que el impacto le sacó todo el aire del pecho.

-¡Ah!

Quedó suspendido en el aire, con los pies apenas rozando el suelo, el tentáculo oscuro apretándole la garganta con una presión asfixiante.
Chanyeol respiraba con dificultad, sintiendo el corazón desbocado.

El bosque estaba en silencio.
Un silencio antinatural.
No había animales.
Ya no había viento.
No había nada.
Solo oscuridad.

Y entonces... la sintió.

Una presencia.
No un cuerpo.
No una criatura.
Algo mucho peor.

Las sombras frente a él comenzaron a moverse, a retorcerse, como si tuvieran vida propia. Una neblina espesa y negra empezó a condensarse lentamente, formando una figura informe, alta, imponente.
Una voz surgió desde todas partes a la vez.

-Al fin te encuentro.

Chanyeol levantó la mirada con esfuerzo.

-¿Quién... eres tú?

La figura oscura pareció inclinarse hacia él.

-Un recuerdo del pasado. -respondió-. Y tu futuro más temido.

El ojidorado apretó los dientes. Estaba completamente confundido y algo asustado.

-No sé de qué hablas.

Una risa baja, viscosa, resonó entre los árboles.

-Claro que lo sabes... Fénix.

El corazón de Chanyeol se detuvo por un instante.

-¿Fénix...?

La oscuridad se movió a su alrededor, como si lo estuviera examinando.

-Lo has sentido toda tu vida, ¿no es así? -susurró la voz-. Ese fuego incontrolable. Ese calor que te quema desde dentro. Esa sensación de que hay algo en ti que nunca pudiste explicar.

Chanyeol tragó saliva.

-Yo... no soy nada de eso.

El tentáculo apretó más fuerte.

-Mentira.

Un dolor punzante le atravesó la cabeza.

-¡AH!

La sombra se movió a su alrededor como humo.

-He esperado tanto por este momento.

El tentáculo lo apretó más fuerte y Chanyeol soltó un grito ahogado.

-No entiendes quién eres, ¿verdad?

-¡Claro que sé quién soy! -replicó con dificultad-. ¡Soy Chanyeol, un humano traído para ser el guardián del fuego!

La presencia dejó escapar algo parecido a una risa.

-Eso es lo que te han hecho creer.

Una presión insoportable invadió su cabeza.

Chanyeol gritó.
Era como si alguien estuviera metiendo sus manos dentro de su mente.

-Voy a mostrarte la verdad.

Primero fue la oscuridad.

No la ausencia de luz, sino algo más denso, más profundo, como si su mente hubiera descendido a un lugar donde el tiempo no funcionaba igual. Chanyeol flotaba sin cuerpo, sin forma, sin saber dónde estaba... hasta que escuchó la voz.

-...te encontré.

El sonido no venía de un punto fijo. Lo rodeaba.

Chanyeol intentó moverse, hablar, pero no tenía boca. No tenía manos. Solo conciencia.
Entonces, la oscuridad se rompió.
El cielo se incendió.
No era fuego común: era una tormenta de energía, explosiones de luz y sombra chocando en el aire.

Chanyeol vio un campo de batalla extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista. Criaturas que no reconocía luchaban contra figuras envueltas en armaduras luminosas.
Guerra.
Una guerra que no sentía lejana... sino familiar.

-¿Qué es esto...? -pensó, aunque no sabía si alguien podía oírlo.

La escena cambió.

Dos figuras se alzaban sobre una plataforma elevada.

Dos reyes.

Uno envuelto en luz ardiente con una cabellera roja, su presencia imponente, antigua, como un sol contenido. El otro cubierto de sombras densas, su silueta cambiante, imposible de fijar.
Ambos irradiaban poder.

Y odio.

El aire entre ellos vibraba con una tensión tan intensa que parecía capaz de romper el mundo.

Chanyeol sintió un tirón en el pecho.
No entendía por qué... pero sabía que esa confrontación era importante.

-Todo comenzó aquí -susurró la voz, deslizándose de nuevo en su mente-. Y aquí terminó.

La visión volvió a cambiar.

Ahora estaba en una sala amplia, bañada por una luz cálida. Columnas de cristal se alzaban hacia un techo que parecía infinito. En el centro, una figura sostenía un bulto entre los brazos.

Un recién nacido.

Envuelto en telas brillantes, con un símbolo grabado débilmente en la espalda, aún incompleto. Era la silueta de un Fénix.

Chanyeol sintió el corazón golpearle con fuerza.

No sabía por qué... pero no podía apartar la mirada de ese bebé.

Un hombre castaño se acercó con urgencia a la mujer que sostenia al bebé. Su rostro estaba marcado por la determinación, el agotamiento y el miedo.

-Elara -dijo con urgencia-. Llévate a Lysara. Llévate a Kael. Escóndanse donde ni siquiera el Fénix pueda ser sentido.

Vio a la mujer negar con la cabeza, lágrimas silenciosas recorriendo su rostro.

-¿Y tú?

El hombre sonrió con cansancio.

-Yo nací para esto.

Se inclinó y besó la frente del bebé, luego la de la niña.

-Vivan -les dijo.-. Aunque el fuego tenga que apagarse para que eso suceda.

Chanyeol sintió un vacío brutal abrirse en su pecho.

-No -susurró, sin saber por qué-. No...

La escena se desvaneció de golpe.

La oscuridad regresó.

Y la voz volvió, más cerca que antes.




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