La sombra se expandió como una marea negra que devoraba la luz del bosque. No era humo. Era algo más denso, más vivo. Se alzó frente a Chanyeol hasta duplicar su altura, la oscuridad deslizándose como tinta espesa por una silueta humanoide atravesada por grietas violetas.
-Qué conmovedor... -susurró con desprecio.-El Fénix ha despertado... por amor.
Las llamas alrededor de Chanyeol vibraron, elevándose detrás de su espalda como alas en formación. El calor onduló el aire, distorsionando la figura del enemigo.
-No pronuncies esa palabra.-respondió con una voz más grave, más profunda de lo que Kyungsoo jamás le había escuchado.-No la ensucies con tu sombra.
Kyungsoo seguía en el suelo, apoyado sobre un brazo tembloroso. La corrupción aún le arañaba un poco por dentro, como espinas clavadas en su mente. Sentía el eco de los susurros intentando regresar, intentando arrastrarlo otra vez a ese abismo frío.
Pero el fuego...
El fuego de Chanyeol estaba allí.
Lo sentía.
No como algo que quemara.
Como algo que lo llamaba.
La sombra atacó primero, fragmentándose en lanzas oscuras que cortaron el aire. El pelinegro quiso gritar una advertencia, pero el sonido murió en su garganta.
Chanyeol levantó la mano y un muro de llamas doradas surgió con violencia, evaporando el ataque antes de que lo tocara.
El impacto hizo temblar la tierra.
Kyungsoo entrecerró los ojos por el resplandor. El calor le golpeó el rostro, pero no le hizo daño. Al contrario... algo en su pecho respondió, como si ese fuego reconociera su presencia.
La sombra descendió sobre el pelirrojo en espiral, envolviéndolo en una esfera de tinieblas. Durante un segundo, Kyungsoo dejó de verlo.
Y el pánico fue inmediato.
-¡Chanyeol...! -su voz salió quebrada.
Intentó ponerse de pie. Sus piernas cedieron. El dolor le atravesó el costado, recordándole cada herida que había recibido al intentar alcanzarlo. Aun así, se arrastró unos centímetros, la respiración irregular, el corazón latiendo con un miedo que no se permitía sentir desde hacía mucho tiempo.
No... no otra vez...
Pero la esfera explotó.
Fuego y oscuridad colisionaron en una detonación que iluminó el bosque como si hubiera amanecido de golpe. Chanyeol emergió de las llamas con un movimiento brutal, atravesando la sombra con un puño envuelto en fuego dorado.
Kyungsoo lo vio.
Y dejó de respirar.
No era solo el poder.
Era él.
Su cuerpo había cambiado. El cabello, anteriormente negro, ahora ardía en un rojo intenso, como brasas vivas agitadas por el viento. Sus hombros se veían más anchos, su figura más alta, más firme. La marca en su omóplato brillaba a través de la tela rasgada, completamente formada, irradiando luz propia.
Y sus ojos...
Dorado puro.
No el reflejo de las llamas.
Oro real.
Brillante.
La sombra chilló cuando el fuego comenzó a consumirla desde dentro. Intentó envolver a Chanyeol, infiltrarse bajo su piel, asfixiarlo.
Kyungsoo sintió el intento.
Sintió cómo la oscuridad trataba de alcanzar al alto desde todos los ángulos.
Y algo en él reaccionó.
No fue un poder explosivo. No fue una llamarada.
Fue una resistencia silenciosa.
Se obligó a mantenerse consciente. A no dejar que la corrupción regresara. A no convertirse en un punto débil.
Porque ahora entendía. Ese ser oscuro no lo había torturado al azar.
Lo había hecho porque, según lo que escucho de él...
Tenía una especie de vínculo con Chanyeol.
Mientras tanto, el interior del santuario corrompido, la batalla de los guardianes era un infierno.
El núcleo oscuro latía en el centro del recinto como un corazón enfermo. Cada pulsación liberaba ondas de energía que hacían vibrar las paredes ennegrecidas.
-¡No bajen la guardia!.-ordenó Suho, su espada envuelta en agua cortando a una criatura que intentó abalanzarse sobre Chen.
Xiumin congeló el suelo bajo un grupo de seres deformes; el hielo trepó por sus extremidades ennegrecidas hasta inmovilizarlos antes de estallar en miles de fragmentos afilados.
Baekhyun elevó ambas manos y un estallido de luz pura atravesó el aire como un rayo solar, desintegrando tres sombras al instante.
-¡Están saliendo del suelo!.-gritó Sehun, lanzando ráfagas de viento que desgarraban cuerpos oscuros como si fueran ceniza.
Kai, aún pálido por el intento fallido de teletransportación, peleaba usando cualquier objeto como arma, desplazándose con velocidad felina entre ataques.
Lay sostenía una barrera verde pálida alrededor de Chen, cuya electricidad chisporroteaba en todas direcciones, iluminando por segundos la magnitud del caos.
Y entonces...
El suelo se sacudió con una violencia distinta.
No era el latido del núcleo.
Era algo más profundo.
Más tenso.
Suho se detuvo un segundo, sintiendo el temblor subir por sus piernas hasta su pecho.
Chanyeol...Kyungsoo.
Esos nombres atravesaron su mente con fuerza inesperada.
Por favor... chicos espero que estén bien.
El techo vibró. El núcleo oscuro titubeó por un instante.
-¿Sintieron eso?.-preguntó Baekhyun, respirando agitado.
-Sí.-respondió Suho con el ceño fruncido.-Algo cambió. Puedo sentirlo.
Ellos desconocian completamente que, afuera, el Fénix había despertado.
Las sombras se derramaron en una marea negra que se abrió bajo los pies de Chanyeol y trepó por el suelo a una velocidad antinatural.
La tierra se agrietó, y de esas grietas surgieron manos oscuras, alargadas, con dedos demasiado largos y articulaciones imposibles. Decenas. Cientos.
Se aferraron a sus piernas, a su torso, intentando arrastrarlo hacia abajo.
La oscuridad no quería atravesarlo.
Quería absorberlo.
El aire se volvió denso, pesado, como si el bosque entero estuviera siendo sumergido en tinta.
Kyungsoo sintió el cambio inmediato. La temperatura descendió bruscamente y la presión en su pecho regresó con violencia. Aquellas manos no solo tocaban el cuerpo; intentaban infiltrarse bajo la piel, buscar grietas en el alma.
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Editado: 20.04.2026