El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 30. El Cáliz del Fuego.

Chanyeol no esperó más.

El "no más" de Kyungsoo aún vibraba entre ellos como una promesa cuando el pelirrojo volvió a capturar su boca, pero esta vez no fue un roce tímido. Fue un beso que empezó lento y se volvió devorador en cuestión de segundos. Sus labios se presionaron con una urgencia que hizo que el aire se escapara de los pulmones de Kyungsoo.

Las manos grandes de Chanyeol enmarcaron su rostro con reverencia, sus pulgares ardientes acariciaron sus mejillas mientras inclinaba la cabeza para encajar perfectamente, como si hubiera esperado toda la vida por ese momento.

El vínculo se encendió como una llama viva entre sus pechos. No era solo calidez compartida; era un torrente ardiente que subía por la columna de Kyungsoo, haciendo que su piel se erizara y su respiración se entrecortara contra los labios de Chanyeol. El calor del pelirrojo ya no era sutil: su piel se volvió febril, casi dolorosamente caliente al tacto, como si el Fénix estuviera despertando de nuevo, pero esta vez no por ira ni por amenaza, sino por algo mucho más crudo y humano.
Kyungsoo lo sintió primero a través del vínculo: una oleada de fuego líquido que lo recorrió entero, haciendo que sus rodillas flaquearan y que un gemido bajo se le escapara sin querer. Luego lo sintió físicamente: al deslizar las manos por el cuello y los hombros de Chanyeol, la tela de su ropa parecía arder bajo sus dedos. El calor emanaba en ondas, envolviéndolo, quemándolo sin lastimarlo, pero tan intenso que le robaba el aliento.

Apenas podía procesar el camino en el que se había convertido todo esto. Sus manos se aferraron a la tela de su ropa como si fuera lo único que lo mantenía en pie.

El pelinegro nunca había besado a nadie. Ni una sola vez. Cada roce de labios con Chanyeol se sentía nuevo, extraño, abrumador.
Su mente era un caos de sensaciones: el calor de la boca del pelirrojo, el leve sabor a incienso y fuego que ultimamente lo acompañaba, la forma en que sus respiraciones se mezclaban.
Pero Chanyeol no se detuvo allí. Con un brazo fuerte rodeó la cintura de Kyungsoo, atrayéndolo completamente contra su cuerpo. El contacto fue eléctrico.

El pelinegro sintió cómo los dedos del pelirrojo se clavaban suavemente en su espalda baja, posesivos, seguros. Antes de que pudiera reaccionar, Chanyeol lo alzó sin el menor esfuerzo, como si levantara una pluma. Un solo brazo bastó para sostener todo su peso.
Los pies de Kyungsoo dejaron el suelo y, por instinto, sus piernas se enredaron alrededor de la cintura del alto, cruzándose por detrás.

El movimiento fue tan natural y tan repentino que Kyungsoo abrió los ojos con sorpresa absoluta.
¿Qué...? pensó, con el corazón latiéndole en la garganta. ¿Qué le pasaba a Chanyeol? El no se había comportado de está forma. El chico torpe que conoció, el que se ponía nervioso cuando lo miraba demasiado tiempo... ahora lo sostenía en el aire como si nada, con una fuerza inimaginable.

Cuando Kyungsoo enfocó su mirada hacía enfrente, se encontró con los ojos de Chanyeol: el dorado era más intenso que nunca, casi líquido, vidrioso por la emoción y por algo más salvaje que brillaba en el fondo. Las pupilas se habían dilatado tanto que el iris parecía arder desde dentro. Lágrimas contenidas se acumulaban en las comisuras, no de tristeza, sino de una sobrecarga absoluta de sentimiento.

El vínculo ardía demasiado. Era como si el fuego de Chanyeol se hubiera derramado directamente en el pecho de Kyungsoo, llenándolo hasta el borde, haciendo que su propia piel se calentara en respuesta, que su corazón latiera desbocado, que cada roce y presión de labios se sintiera amplificado por mil.

El pelirrojo parecía poseído...
dominado. Como si el fuego y el Fénix dentro de él hubiera tomado el control completo. ¿Qué era esto? ¿Es por el vínculo? ¿O sera por mí?

Chanyeol no le dio tiempo a procesar. Siguió besándolo mientras lo mantenía suspendido, su boca exigente, caliente, incansable. Sus labios se movían con una intensidad que hacía que todo ardiera como nunca. El calor de su piel traspasaba la ropa: era como abrazar una llama viva que no quemaba, pero que lo consumía todo. Kyungsoo sentía cada latido a través del vínculo, una corriente líquida que se derramaba en su pecho, bajaba por su estómago y se acumulaba en lugares que nunca habían reaccionado así.

Antes de profundizar más en la boca, Chanyeol separó los labios apenas un segundo y comenzó a besar el rostro del pelinegro con una devoción casi desesperada. Besó su frente, lento y reverente. Luego los párpados cerrados, haciendo que las pestañas del pelinegro temblaran contra su boca. Bajó a la punta de la nariz, a las mejillas encendidas, a la curva de la mandíbula. Cada beso era más caliente que el anterior. Su respiración era pesada, entrecortada, como si estuviera luchando por no perder el control.

—Kyungsoo... —susurró contra su piel con voz ronca, podía notar ese eco doble que escucho en el Consejo.—No tienes idea...lo importante que eres para mi...

Luego descendió por el cuello. Besos abiertos, húmedos, ardientes. Labios que se posaban en la piel sensible bajo la oreja, lengua que trazaba líneas de fuego sobre está, dientes que rozaban sin llegar a morder. Cada contacto enviaba descargas directas al vínculo.

Kyungsoo temblaba entero. Sus piernas apretaron instintivamente la cintura de Chanyeol, sus manos se enredaron en el cabello rojo, tirando sin darse cuenta. Nunca había sentido nada parecido. Su cuerpo respondía solo: la piel se le erizaba, un calor desconocido le subía por el vientre, y un gemido bajo, involuntario, se le escapó cuando Chanyeol succionó suavemente la base de su cuello.

Mierda... ¿por qué actúa asi? pensó Kyungsoo con la mente más nublada. Parece...otro. Sus besos... son demasiado. Me está derritiendo. No sé cómo responder. No sé qué hacer con todo esto.

Chanyeol volvió a su boca con un gruñido bajo. Esta vez el beso fue más profundo, más exigente. Sus labios se abrieron sobre los de Kyungsoo, presionando, invitando. El pelinegro abrió la boca por instinto, inseguro, tembloroso. Y entonces lo sintió: la lengua caliente de Chanyeol rozando la suya, buscando entrar con una delicadeza que no ocultaba la urgencia. Era suave, pero insistente. Exploradora. Invadía su boca con un calor húmedo que lo dejó paralizado.




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