El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo 32. Hilos que se tensan.

La sensación inquieta del vínculo tardó unos minutos más en disiparse.

Kyungsoo permanecía acostado en la cama mientras que Chanyeol seguía con un brazo rodeándole la cintura. El silencio entre ambos no era incómodo, pero sí cargado de pensamientos.

Kyungsoo fue el primero en hablar.

—Deberíamos levantarnos ya.—murmuró finalmente.

Chanyeol dejó escapar un suspiro bajo, apoyando la barbilla en el hombro del guardián de la Tierra. Abrazandolo.

—No quiero.

Kyungsoo giró un poco la cabeza para mirarlo de reojo, levantando una ceja.

—Si alguien entra y te encuentra aquí…

El príncipe sonrió apenas. Se separo un poco para mirarlo de frente.

—¿Qué? Pensarán que estoy visitando a mi pareja. Es lo mas normal.

El rubor subió de inmediato por el cuello de Kyungsoo.

—No es eso —murmuró, intentando sonar serio aunque la vergüenza lo traicionaba—. Es… complicado.

Chanyeol observó cómo las orejas del pelinegro se ponían rojas y soltó una risa baja.

—Soo...

Kyungsoo evitó su mirada.

—Aún no necesitamos más escándalo en el palacio.

Eso hizo que Chanyeol suspirara otra vez, esta vez con algo de resignación.

Sabía que tenía razón.

El Consejo ya estaba lo suficientemente tenso como para añadir combustible innecesario.

Finalmente aflojó el abrazo.

—Está bien —dijo, incorporándose lentamente—. Me iré antes de que alguien decida aparecer por aquí.

Kyungsoo también se levantó de la cama.

Durante un segundo se quedaron frente a frente, sin hablar.

La luz suave de la tarde entraba por las ventanas, iluminando el cabello rojo de Chanyeol y haciendo que los ojos oscuros de Kyungsoo brillaran un poco más.

Chanyeol extendió la mano y acomodó un mechón rebelde del cabello negro de su pareja.

—Nos vemos en la comida —dijo.

Kyungsoo asintió.

—Con los demás.

—Con los demás, claro. —repitió Chanyeol, aunque su sonrisa sugería que preferiría lo contrario.

Kyungsoo lo miró con una mezcla de paciencia y cariño.

—Vete antes de que cambie de opinión y te eche yo mismo a patadas.

El alto soltó una pequeña risa.
Pero antes de alejarse, tomó el rostro de Kyungsoo entre sus manos con una delicadeza casi reverente.

El pelinegro apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Chanyeol se inclinara.

No fue un beso apresurado.

Fue lento. Muy lento.

Los labios del pelirrojo rozaron los de Kyungsoo como si tuvieran todo el tiempo del mundo: primero solo un contacto suave, cálido, apenas una presión. Luego se separó un milímetro, solo para volver a posarse, esta vez con un poco más de peso, dejando que el calor de su boca se filtrara despacio en la del guardián de la Tierra.

Kyungsoo cerró los ojos casi de inmediato. Sus manos se aferraron instintivamente a la túnica de Chanyeol, los dedos cerrándose en la tela como si temiera que el momento se deshiciera.

Chanyeol inclinó la cabeza un poco más, profundizando el beso sin prisa. Sus labios se movieron con una sensualidad contenida: un roce lento, un leve succionar del labio inferior de Kyungsoo, un suspiro que se escapó entre ambos cuando sus bocas se ajustaron perfectamente.
Entonces, sin romper el contacto, Chanyeol deslizó la nariz por la mejilla del pelinegro en una caricia larga y suave, trazando la línea de su pómulo hasta la sien. El roce era íntimo, casi más íntimo que el beso mismo. Kyungsoo sintió el calor de la respiración de Chanyeol contra su piel, el leve temblor de su nariz al rozarlo.

—No quiero irme —susurró Chanyeol contra su mejilla, la voz ronca y baja, cargada de una ternura que hizo que el vínculo latiera más fuerte—. No quiero dejarte ni un segundo.

Kyungsoo no respondió con palabras. Solo inclinó la cabeza para darle más espacio, dejando que Chanyeol siguiera acariciándolo con la nariz: bajando por la línea de la mandíbula, rozando la comisura de su boca, subiendo de nuevo hasta la sien. Cada roce era lento, deliberado, como si estuviera memorizando cada centímetro de su rostro.

Luego volvió a sus labios.

Esta vez los besos fueron castos, suaves, repetidos.
Uno en la comisura derecha.
Otro en la izquierda.
Uno breve en el centro.
Otro más largo, pero aún cerrado, solo presión cálida y sostenida.

Kyungsoo suspiró contra su boca, el sonido pequeño y vulnerable.
Y entonces Chanyeol mordió.
Fue leve, apenas un roce de dientes en el labio inferior del pelinegro: un pellizco suave, juguetón, que hizo que Kyungsoo jadeara en silencio. El pelirrojo aprovechó ese pequeño sonido para profundizar el beso de golpe.

Sus labios se abrieron sobre los de Kyungsoo. No fue invasivo; fue una exploración pausada, caliente, que hacía que cada movimiento se sintiera amplificado.
Los labios del pelirrojo acariciaron los de Kyungsoo en un roce largo y con delicadeza antes de retirarse solo para volver a besarlo de nuevo.

Kyungsoo tembló entero.

Sus manos subieron hasta los hombros del pelirrojo, aferrándose con más fuerza.

Chanyeol respondió rodeándole la cintura con ambos brazos y pegándolo completamente contra su cuerpo. No fue brusco; fue firme, posesivo. Sus manos grandes se posaron en la parte baja de la espalda de Kyungsoo, apretándolo contra su pecho hasta que no quedó ni un centímetro de espacio entre ellos. Podía sentir el latido acelerado del corazón del pelinegro contra el suyo, el calor que subía por sus cuerpos, la forma en que Kyungsoo se arqueaba apenas, buscando más contacto sin saberlo del todo.

El beso se volvió más intenso, pero nunca apresurado.

Chanyeol inclinaba la cabeza para cambiar el ángulo, profundizando aún más, mientras sus manos subían y bajaban por la espalda de Kyungsoo en caricias largas y firmes.
Cuando finalmente se separaron, fue solo porque el aire se había vuelto insuficiente.

Sus frentes se apoyaron una contra la otra, respirando con dificultad.
Chanyeol no soltó la cintura de Kyungsoo. Sus pulgares trazaban círculos lentos sobre la tela de su ropa, justo encima de las caderas.




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