El Linaje del Fénix (chansoo)

Capítulo Especial. El Pasado del Guardián roto.

Hay recuerdos que no llegan como imágenes claras.
Llegan como sensaciones.
El olor de la tierra mojada.
El sonido de la roca al fracturarse.
El peso de las dudas que te hacen sentir insuficiente.

Kyungsoo había aprendido eso desde niño.

Porque antes de convertirse en uno de los guardianes del Palacio Solar, antes de que todos vieran en él la estabilidad de la tierra... hubo una historia que lo moldeó.

Una historia hecha de pérdida.

De silencio.

Y de un peso que ningún niño debería cargar.

El viento de EXO Planet siempre había sido diferente para Kyungsoo.

No era solo aire moviéndose entre los árboles blancos; era la tierra respirando, susurrando secretos en la planta de sus pies descalzos. Tenía cuatro años la primera vez que lo sintió con tanta claridad.

Estaba en el jardín trasero de la casa familiar, un pequeño oasis de tierra fértil rodeado de muros de piedra viva que su padre, Serath, Guardián de la Tierra del Palacio Solar, había levantado con sus propias manos.

Serath era un hombre imponente: alto, de hombros anchos, piel curtida por años de entrenamiento y manos siempre manchadas de tierra oscura. Su poder no era solo fuerza; era conexión. Podía hacer que el suelo se abriera como una herida o se cerrara como una cicatriz. Su madre, Lira, era sanadora. Tenía una voz suave como la lluvia y una sonrisa que calmaba tormentas.

Esa tarde, Lira plantaba semillas de lirios luminosos que brillaban suavemente bajo la luz de las auroras. Kyungsoo se acercó descalzo, con la túnica infantil manchada de hierba, y se arrodilló a su lado. Puso las manos sobre el suelo húmedo, curioso.

Y entonces ocurrió.

La tierra tembló bajo sus palmas. No fue un terremoto. Fue un latido profundo, antiguo, como si el planeta mismo hubiera reconocido a uno de sus hijos y le hubiera respondido con un suspiro. De la nada, una pequeña grieta se cerró sola, las raíces de los lirios se extendieron más rápido de lo normal, y una diminuta flor amarilla brotó entre sus dedos diminutos, brillando con una luz cálida.

Su madre se quedó paralizada, con las manos llenas de tierra y los ojos muy abiertos.

-Kyungsoo... -susurró, y en su voz había orgullo puro.

Su padre, que acababa de llegar del entrenamiento con la túnica aún húmeda de sudor, se arrodilló a su lado. Colocó una mano grande y callosa sobre la cabeza del niño y sonrió, pero sus ojos estaban serios.

-Al parecer, eres un portador de la tierra como tu hermano y yo. -dijo con voz baja y reverente- pero espero que seas más fuerte. La tierra te eligió, hijo. No al revés. Recuérdalo siempre: la Tierra no perdona la debilidad porque sostiene todo lo demás. Si falla, todo cae.

Esa noche, Kyungsoo no durmió. Se quedó sentado en la ventana de su habitación, con las rodillas pegadas al pecho, mirando cómo las auroras plateadas y doradas cruzaban el cielo. Por primera vez sintió el peso de lo que significaba ser un Portador. No era un regalo. Era una responsabilidad. Y ya sabía, aunque fuera solo un niño, que las responsabilidades grandes siempre terminaban costando algo.

A los cinco años lo llevaron al Palacio Solar para el entrenamiento de futuros Guardianes.

El primer día fue el más duro. El patio de piedra negra estaba lleno de niños de su edad o más grandes, todos con expresiones serias, de miedo e incluso de emoción. Todos vestían túnicas grises idénticas.

Kyungsoo se sentía pequeño, perdido, presionado, con el corazón latiéndole fuerte en el pecho.
La mirada que le dirigió su papá antes de irse le decía que esperaba lo mejor de él. Que fuera el mejor. Sus manos comenzaron a temblar.

Salió de sus pensamientos cuando un niño de cabello oscuro y ojos brillantes se acercó corriendo y le tendió la mano sin dudar.

-¡Hola! Soy Kai -dijo con una sonrisa que parecía demasiado grande para su cara- ¿Cual es tu nombre? ¿Quieres ser mi compañero de entrenamiento? Pareces que vas a caerte si te soplan...

Kyungsoo parpadeó, sorprendido por la energía del otro. Pero algo en esa sonrisa le resultó cálido, como un rayo de sol en un día nublado.

Aceptó la mano.

Desde ese día, fueron inseparables.
Entrenaban hasta que les dolían los músculos y ya no podían moverse. Kai era rápido, impulsivo, siempre saltando primero y pensando después. Kyungsoo era preciso, paciente, capaz de levantar muros de tierra pequeños pero fuertes. Se complementaban a la perfección. Cuando Kai se lastimaba en un golpe mal calculado, Kyungsoo estabilizaba el suelo para que no se cayera. Cuando Kyungsoo se agotaba después de horas invocando columnas de roca, Kai lo cargaba de vuelta a los dormitorios en silencio, sin quejarse.

Ahí en el palacio, conoció al resto de los Guardianes.

Suho ya mostraba el porte de líder incluso siendo un niño. Serio, responsable, siempre mediaba las peleas y ayudaba a los más pequeños a levantarse. Kyungsoo lo respetaba profundamente.
Baekhyun era puro caos de luz: bromista, ruidoso, el que hacía que las noches de entrenamiento se volvieran soportables con sus chistes y sus esferas brillantes que iluminaban el patio como fuegos artificiales. Chen estaba siempre a su lado, eléctrico y travieso, pero con una lealtad feroz que se notaba en cada codazo y cada sonrisa de lado. Xiumin era hielo puro: un niño callado, observador, el que nunca fallaba un golpe y cuya presencia fría calmaba los ánimos más calientes. Lay siempre iba calmado con sus manos siempre suaves y su voz serena, sanaba pequeños rasguños y golpes que sufrían durante los entrenamientos. Sehun era viento, ligero y a veces un niño muy distante, pero leal una vez que te ganaba la confianza.

Kyungsoo se llevaba bien con todos. Era el silencioso, el que escuchaba más de lo que hablaba, pero siempre estaba ahí cuando alguien necesitaba una barrera o un hombro. Kai era su sombra inseparable. Baekhyun y Chen lo sacaban de su caparazón con bromas constantes. Suho lo trataba como a un hermano. Con el tiempo, formaron un grupo sólido. Entrenaban juntos, comían juntos, se cubrían las espaldas. Era la primera vez que Kyungsoo sentía que pertenecía a algo más grande que su propia familia.




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