El Lirio Azul

Capítulo 10: La reconstrucción del crimen

Juan Diego Cordero Agón no descansó después del arresto de María y Alfredo. Sabía que aunque el culpable había sido expuesto, la verdad debía contarse completa, para que nadie en El Lirio Azul —ni en la historia— pudiera disfrazarla.

Me citó en su cabaña esa misma noche. Llevaba sobre la mesa un diagrama digital proyectado desde su tablet, papeles clasificados y una taza de café... que no tocó.

—Cristóbal —dijo con voz tranquila—, llegó el momento de contarte cómo lo supe.

Me senté. Él encendió el proyector. En la pantalla, aparecía una imagen fija: la habitación de Emilia Del Campo, la noche del crimen.

1. El veneno

—Desde el principio —comenzó—, supe que no era solo estricnina. Emilia mostró síntomas inusuales: rigidez progresiva, alucinaciones previas, insomnio, fatiga acumulada. Eso no concuerda con una sola dosis repentina. El cuadro era de acumulación por microdosis.

Mostró una animación: una pluma de caligrafía que absorbía el veneno a través del tintero modificado.

—El asesino sabía que Emilia usaba esa pluma todos los días. Cualquier persona que la observe lo sabría.

2. El intermediario

—Alguien debía administrar la dosis final. El acelerante. Esa fue la función de Alfredo. Él llevó el café, sí, pero no lo preparó. Solo entregó una taza que contenía una pequeña cantidad de un estimulante metabólico.

—¿Qué hacía el acelerante?

—Activaba las toxinas acumuladas. Lo que parecía un café inocente era, en realidad, el interruptor final.

3. La fabricación

—El compuesto era sofisticado. No podía comprarse. Solo alguien como Cintia, con acceso a los glicósidos del lirio azul y habilidades en farmacología vegetal, podía sintetizarlo.

—¿Ella lo sabía?

—No del todo. María la manipuló: le pidió una fórmula "experimental para pruebas dermatológicas", y Cintia accedió. Pensaba que era parte de un nuevo tratamiento botánico.

4. El móvil

—María tenía dos motivos:

Poder: Emilia iba a dejarle el control administrativo de la fundación, pero con condiciones que limitaban su influencia sobre las inversiones.

Herencia: el nuevo testamento quitaba la mayoría de los bienes personales del reparto a María y Leonardo. María descubrió esto antes que nadie.

—¿Y cómo lo supiste tú?

—Porque el sobre con el testamento modificado desapareció después de que María pasara sola por la biblioteca. Leonardo lo encontró en la papelera dos días después... destrozado.

5. La coartada construida

—María tejió el plan en capas:

Usó a Cintia para conseguir el veneno.

Manipuló a Alfredo con falsas promesas económicas y afectivas.

Permitió que todos creyeran que el café fue el arma principal, cuando el crimen había empezado una semana antes, con un tintero alterado.

Se preparó para parecer sorprendida. Incluso dejó notas ambiguas en su diario para justificar sospechas hacia Cintia o Leonardo.

6. La evidencia clave

Cordero proyectó el correo con la transferencia bancaria:
una suma enviada por María a una cuenta en Estonia, usada para "consultoría remota". El receptor era un químico con antecedentes por crear venenos experimentales.

—Y ese químico tenía vínculos con Cintia —agregué.

—Exacto. María no solo ejecutó un crimen, ejecutó un plan múltiple, que si hubiera salido perfecto, habría terminado con ella como víctima emocional... y presidenta vitalicia de la fundación.

7. El error

—Pero cometió un error: no contar con el símbolo de lirio azul en la pluma, una pequeña marca que yo recordaba distinta. Revisé fotos antiguas de Emilia firmando documentos: su tintero no tenía esa flor tallada.

—¿Y quién hizo ese cambio?

—Cintia. María le pidió uno "más bonito" para regalarle a Emilia. Era el vehículo del veneno.

Cordero se reclinó en la silla, cruzó los brazos.

—Y eso es todo.
Un crimen silencioso. No pasional. Calculado como una fórmula química.

Me quedé callado.

—¿Y crees que la justicia será suficiente?

—No lo sé, Cristóbal. Pero al menos la verdad lo será. Emilia Del Campo no fue vencida por la vejez... sino por una traición. Y eso merece ser contado.

Al día siguiente, Cordero abandonó El Lirio Azul.
Se fue con su libreta, su bastón, y el peso de haber cumplido su promesa.

El lirio azul, símbolo de la vida natural, había sido usado para matar.

Pero también, gracias a él, se resolvió un crimen perfecto.




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