La imagen de ver explotar una bomba a un costado de las puertas principales de la academia, la cual botaba flamas de tonos grisáceos con negro y dejaba un aura oscurecida alrededor de la zona de donde detonaba, casi me hicieron perder el equilibrio.
Si tan solo no fuera por el hecho de todos los estudiantes corriendo a mi alrededor, con expresiones de pánico en sus rostros y el impulso de esconderse en el primer sitio que encontraran, hizo que me detuviera antes de que otra de esas bombas explotara en lo que recordaba era el comedor, «Mierda…» miré mientras sentía cenizas caer sobre mí cuando otra explosión sonó, tapé mis oídos al escucharla tan cerca de mí que aquel descuido me dejo expuesta a la otra oleada de estudiantes que corrían de un lado a otro y los gritos pronto me parecieron tan cercanos cuando una la multitud comenzó a venir en la dirección contraria a donde yo estaba yendo y alguien chocara contra mí, haciéndome caer.
Los mechones rebeldes de mi cabello comenzaron a tapar mi vista y de pronto, lo único que podía oler era el aroma de varios pergaminos quemándose, al igual que un fuerte aroma a putrefacción, y mi vista comenzaba a nublarse debido a la ceniza, a los diminutos fragmentos oscuros, casi parecidos a copos de nieve, cubrir poco a poco los alrededores cerca de los incendios y sentí un poco más de ceniza en mi rostro, miré de pronto mis manos y de repente algo se removió en mi estómago cuando me di cuenta de porque sentía que el césped debajo de mis pies de pronto de sentía un poco más húmedo.
Sangre, había bastante sangre cubriendo la mayoría del pasto que antes había tenido un hermoso color verde por la mañana del anterior día a la prueba.
Esto parecía el infierno, o quizá peor, los gritos no tardaron en hacerse mucho más cercanos y cuando alcé la vista de entre la multitud abrumada, en tan pocos segundo vi a una niña, casi de mi edad o tal vez menor, siendo arrastrada por el césped ensangrentado, y aquella misma criatura, casi igual a las que había visto el día de mi viaje escolar cuando conocí a Skyla y Clarke; una que andaba en cuatro patas y garras largas y demasiado pálidas como para tener algún tono amarillento, con algunos dientes más afilados y grandes que otros, de su boca le salía saliva de un color que me hizo recordar al vómito, una cola con púas al final de esta misma y las cuencas vacías donde deberían haber ojos pero solo habían dos grandes puntos dorados en medio de tanta oscuridad en ellos, con tan solo unos simples movimientos de sus garras comenzaba a desgarrarle la piel, los gritos de la niña cesaron y pronto, no había más que un cadáver ensangrentado y destrozado de lo que antes había sido una pequeña sobrenatural, una estudiante más en la academia que ahora solo era pedazos de carne con sangre saliéndole por todos los cortes causados en su pequeño cuerpo.
La cosa que le había hecho eso ni siquiera espero un minuto cuando dirigió su boca a su garganta y terminaba de desgarrar su cabeza de su cuerpo mientras comenzaba a comerse parte de su cuello y hombros con grandes y desesperados mordiscos.
Reaccioné unos segundos después cuando otro grito me hizo mirar a mi costado desde donde estaba en el suelo, pero esta vez un chico un poco más mayor que yo era arrastrado y llevado por un “hombre”, si es que se le podía decir así, que casi me hizo recordar al mismo que había querido matarme ese día.
Me paré y volví a buscar con la mirada a cualquiera de mis amigos y cuando por fin encontré una melena alborotada de cabello marrón cobrizo me resultó familiar.
«Maya…» corrí de inmediato en su dirección cuando otro de los estudiantes chocó conmigo y me hizo caer de bruces; sentí mi rostro mancharse con la sangre que había en el suelo y un poco de lodo me ensuciaba la ropa.
-¡Maya! -grité con todas mis fuerzas cuando vi a una de aquellas criaturas acercársele y el retorcijón de miedo hizo que se me revolviera el estómago recordando lo que le había pasado a la niña que había visto; ella tropezó y antes de que aquel ser se le abalanzara, unas sombras tiraron de él hacia atrás mandándolo a volar por los aires y estrellándolo contra una pared ensangrentada, volví a levantarme y corrí hasta donde estaba mi amiga, una vez que estuve cerca de ella, alzó su mirada en mi dirección y el temor que había tenido en su rostro fue reemplazado por un leve alivio cuando también se levantó y corrió en mi dirección, abrazándome y yo a ella.
-Lizz… -sollozó con un hilo de pánico destilando de su voz y sentí algo húmedo contra mi hombro, supe de inmediato que estaba llorando debido al miedo y la entendía.
-¿Están bien? -la voz de Kaiarl detrás de nosotras me hizo alejarme un poco y de Maya para mirarlo, ahora podía ver bien la sangre que le manchaba la parte derecha de su rostro, junto con más sangre y suciedad en su ropa y sobre todo en sus botas, quizá era por la prueba, o quizá por el mismo ataque.
Una sombra atrás de él me puso alerta y cuando estaba a punto de avisarle, aquel ser comenzó a retroceder, y algo cobró sentido en mi mente; el monstruo fue en reversa y de un rápido movimiento, Jeirnn apareció cortándole con un poco de esfuerzo la garganta, sus manos dejaron de brillar de color verde y aquel ser simplemente se desplomo en el suelo, con sangre dorada pero con algunos matices del mismo color del vómito saliéndole de las heridas, y esos puntos dorados que brillaban en sus cuencas oscuras se apagaban poco a poco.
Kaiarl miró sobre su hombro en dirección a Jeirnn, asintiendo en su dirección; y, casi como si fuera su instinto, atacó a otra de las criaturas que estaba llegando por la izquierda, fue entonces que me di un pequeño vistazo de su poder.
Tonos de un aura y brilló negros comenzaron a llenar ambas manos de Kaiarl, y pronto, sombras se extendieron hasta atrapar por las extremidades a aquel ser, y lo que pude vislumbrar de odio, odio puro en los ojos rojizos de él, oscureció aún más su expresión.