Un caos, esa era la palabra que podría usarse para describir mi estado.
Si decir que luego de la reunión inesperada con mi verdadera familia había sido conmovedora para ellos y algo demasiado nuevo y raro para mí, estar en camino para estar en presencia de lo que mencionaron como El Gran Consejo era algo que me causaba muchos más nervios de lo que hubiera imaginado.
No solo porque serían quienes podrían darme respuestas, muchas más de las que había obtenido estando con quienes apenas iba conociendo en este mundo.
O eso quería pensar.
-¿Entonces simplemente les preguntaré porque es que mi mente esta… bloqueada? -pregunté con un poco de rareza, como si decirlo fuera tan inusual como es que yo lo pensaba.
-Algo así… Déjanos las explicaciones para nosotros -la respuesta dada por Clagherr, el nombre de mi padre, junto a la pequeña y cálida sonrisa en su rostro me hizo sonreír, solo un poquito, para luego desviar mi mirada y bajarla hasta mis botas.
Todavía sentía el agarre suave y delicado de parte de Clagherr en el abrazo que nos unía; su brazo izquierdo era el que se encontraba rodeándome y manteniéndome cerca de él, permitiéndome sentir la calidez del abrigo que portaba.
Mi mirada pasó a la mujer, de nombre Mallory, que en el momento antes de subirse al carruaje se había puesto un abrigo que también parecía poseer la misma calidez, tanto que bastaba para abrigar a los otros dos niños que se encontraban a cada lado suyo.
Era un poco irónico.
Nunca había tenido una familia verdadera.
O eso era lo que había creído durante todo este tiempo; hasta que finalmente me encontré con… Ellos.
Los que eran mi verdadera familia, mi sangre.
Pero aun así… Ellos eran quienes tenían los ojos mucho más hinchados que los míos, ellos habrían llenado un río con todas las lágrimas que habían botado en el momento que me vieron.
Yo… Apenas y habría llenado la mínima porción de un vaso.
Debería sentirme feliz, estaba con quienes debería estar, con mi familia.
Pero… Entonces, porque a pesar de que fueran eso, ¿Por qué simplemente no reaccionaba como lo haría cualquiera al reencontrare con su verdadera familia?
Quise pensar que se debía a mi falta de recuerdos, que, por eso, no podía recordar lo que me hacía feliz estando con mi familia.
Pero… ¿Mi cuerpo en realidad no reaccionaría por instinto?
¿Acaso no debería recordar los abrazos de mi madre? ¿Las palabras de mi padre? ¿Los juegos con mis hermanos?
¿Por qué acaso me sentía como en el lugar que debería encajar, pero no era el correcto en realidad?
-¿Estás bien? -la voz de Mallory me hizo reaccionar mientras levantaba mi vista hasta su rostro, notando la preocupación en su rostro.
-Sí, estoy bien… -mentí, sabiendo que no lo estaba en realidad, no estaba bien.
Yo era una bola de nervios en ese momento.
-¿Qué… sucedió con los otros chicos? ¿Los que eran llevados de la academia? -cambié de tema tan rápido como sentí que iba a caer otro silencio el cual no aguantaría por mucho tiempo.
-Skyla nos dijo que gracias al ataque que lograste dar a tiempo, los grashtass no pudieron llevárselos… -pero de repente Clagherr se detuvo de repente, como si se diera cuenta de algo, y por la mirada que le dirigió Mallory, supe que quizá no era el momento correcto para decirlo.
La mirada tanto de Elriand y Ellrekk, quienes eran los que estaban a ambos costados de Mallory, fueron hacia la ventana cuando el carruaje comenzó a disminuir su paso, deteniéndose poco después.
Por mera curiosidad también dirigí mi mirada en la misma dirección de ellos, y la sorpresa vino cuando vi, con inmensa fascinación, el aspecto del lugar al que habíamos llegado.
Afuera se podía notar un bosque, con hojas anaranjadas en sus árboles y algunas caídas con tonos un poco más marrones y dorados en el césped que increíblemente era casi parecido al color de la arena, pero los cuales no eran tan altos como los que había cerca de la academia.
-Bueno, ya llegamos -dijo con una pequeña sonrisa Mallory, al mismo tiempo que el sonido de botas sobre césped y la puerta siendo abierta era lo que llamó mi atención.
Un hombre con un abrigo parecido al que usaba Clagherr y un uniforme de colores rojos y negros fue quien abrió la puerta del carruaje, haciendo una leve inclinación de cabeza en respeto, - Ya llegamos, majestades -anunció manteniendo su cabeza gacha.
Clagherr asintió de inmediato y fue el primero que bajó del carruaje por una pequeña escalerilla dorada, siendo Mallory quien tomó su mano y fue la segunda en bajar.
-Tranquila -escuché la voz de uno de los niños y noté que había sido el semi castaño, Elriand, cuando me sonrió con ligereza, casi como si se hubiera dado cuenta de mi inquietud; suspiré y asentí, mientras los veía bajar junto con la ayuda de Mallory y Clagherr.
Titubeé un poco antes de levantarme de mi asiento y mirar hacia afuera, todavía impresionada por el exterior.
Clagherr fue quien extendió la mano en mi dirección, esperando que yo la tomara, cosa que hice con un poco de duda; me ayudó a bajarme y luego de pisar el césped con cuidado escuché como él llamó a uno de los guardias del carruaje.
Otro hombre bajó de la parte delantera del carruaje, dejando a un lado las riendas de los caballos y encaminándose hasta estar a un costado de Clagherr.
-Un abrigo, por favor -pidió al guardia y este de inmediato se dirigió hacia la parte trasera del carruaje, alcancé a escuchar el cómo abrió un cofre, sacó algo de él y lo cerró nuevamente, encaminándose de nuevo hacia nosotros.
Cuando Clagherr lo tuvo entre sus manos, lo desdobló, mostrando que era un negro con bordados plateados y poniéndolo sobre mis hombros, cubriéndome, algo que me hizo mirarlo con un poco de sorpresa.
-Gracias -sonrió y el guardia también, asintiendo y volviendo a la parte delantera del carruaje.
-Para evitar el frío -me comentó con la sonrisa todavía jugando en sus labios, y por primera vez, sentí aquel afecto paternal del que tanto se hablaba… Pero un sentimiento de vacío también lo acompaño.