Di un brinco en mi cama, notando como nuevamente el sudor volvía a bajar por mi frente.
Suspiré mientras cerraba los ojos, queriendo quitarme todo rastro de la pesadilla reciente que había tenido, sacudiendo mi cabeza queriendo borrar cualquier sentimiento de temor que hubiese sentido recientemente.
Tragué saliva bajando mi cabeza hasta mi regazo, observando las sábanas blancas, no había cambiado nada de mi habitación.
Nada en realidad había cambiado.
Desde que me habían dicho que era una guardiana, parte de la realeza y ahora estaba en el sector de estrategia, no había cambiado nada.
Supuse que mi habitación tampoco cambiaria, hasta que antes de ir a mi habitación luego de que me dieran mi uniforme de sector y un poco de información sobre los horarios y rutinas, Skyla apareciera y cuestionara a aquel chico mientras este le daba explicaciones de porque había terminado en ese sector.
«¡¿Malleve está loco?! ¿Qué piensa al meterla allí? ¡Va a hacer que la maten en el entrenamiento o durante su primera misión!» sacudí nuevamente mi cabeza, queriendo olvidar lo que había dicho ella.
Miré por la ventana, observando que el sol aún no había salido por el horizonte, revise la hora en el reloj de pared antiguo y cuando verifiqué que eran las cuatro y media, me levanté; exhalando y sabiendo que tendría que acostumbrarme a este horario.
«Iniciamos con un poco de calentamiento antes del entrenamiento, ya sabes, trotar un poco, estiramientos; ven temprano antes de las seis, no es obligatorio, solo recomendación» y aquí me encontraba, cambiándome mientras que decidía apegarme en vez de cuestionar algo.
Quizá comenzar con el pie derecho e incluirme en actividades de mi nuevo sector sería lo mejor.
Tal vez no debería preguntarme tanto o tensarme ante la idea de no encajar en este nuevo camino en mi vida.
No debe de ser tan malo el primer entrenamiento, ¿O sí?
-Deberías tener más cuidado la próxima vez -la voz de Kaiarl sonaba tranquila, muy en contraste con la mirada que me daba.
Corrección, parecía una madre regañando a su hijo.
Y sí, el primer entrenamiento si podía llegar a ser malo.
Durante el calentamiento no dije nada, pero podía notar algunas miradas en mí al llegar junto con Mark, ni siquiera trataban de ocultar lo que parecía su repulsión ante mi presencia.
Las palabras “Migria” y “Guardiana” eran las que más resonaban en mis oídos, como si los insultos quedaran en segundo plano y aquellas dos únicas palabras fueran las que lograran describirme lo suficiente.
Y planeaba no mostrarme humillada ni dejar que vean que me afectaba.
Pero ahora me encontraba sosteniendo una bolsa con hielo contra el lado derecho superior de mi cabeza ya que un golpe en mi cabeza me había dejado inconsciente más de un minuto en el cuadrilátero.
Estaba dejándome ver débil ante los demás y eso me molestaba.
Me molestaba que vieran que algo que a ellos les afectaba lo mínimo, a mí me afectaba el doble.
Me molestaba saber lo parecido que lucía toda esta situación a mi situación anterior con los mismos niños que me molestaban, con las dos personas que simplemente les importaba una mierda si me lastimaban una y otra vez y ni siquiera pensar en si podría levantarme incluso si me rompían las piernas.
-Tuve cuidado -aparté la bolsa mientras sentía el toque de Mark tocando ese mismo lugar, haciendo que me estremeciera un poco debido al dolor repentino que volvía a sentir.
-Carajo… -puse otra vez la bolsa y agaché la cabeza, sintiéndome inservible.
No había podido aguantar la primera hora de entrenamiento y ya me habían derribado.
Ni siquiera Kaiarl, que era menor que yo por un año, había caído.
Incluso Mark teniendo solo doce había pasado el cuadrilátero y otras partes del entrenamiento con un poco de facilidad.
Envidiaba en cierta manera la fuerza, rapidez y habilidad que tenían para todo esto, para parecer un fantasma al cual no podían alcanzar ni con tan solo un ataque.
Todos ellos tenían algo que yo no tenía, poseían un talento sin igual, y de alguna manera, eso hería más que cualquier golpe físico.
Me hacía volver a esas viejas noches en las que me desvelaba tratando de prepararme lo máximo, tratando de memorizar todo lo que pudiera para algún examen o práctica.
Solo para que todo ese esfuerzo valiera para nada cuando una nota baja llegaba a mis manos.
Me sentía inservible de una manera que llegué a preguntarme que de bueno había visto en mí el general del sector.
-Quédate aquí, iré por otra bolsa.
-No, esta bien -me negué, notando como Kaiarl detenía su paso a medio camino y se giraba para verme.
-No estarás pensando en volver al entrenamiento -pero si pensaba hacerlo, no iba a quedarme aquí a hundirme en mi propia pena y humillación.
-Mi rostro no se caerá solo por el golpe -aunque seguía doliéndome, como si el agua caliente en la que mis manos habían sido hundidas hubiese caído esta vez en la parte de mi cabeza.
-Y sabes que me importa una mierda si esto me hace menos bonita.
-No hablo sobre como afecta en tu belleza, hablo sobre como afecta en tu salud -sabía por la mueca en su rostro que decía la verdad, pero no quería que se preocupara más por mí.
Quería un poco más de libertad, no tener que depender solo de él o Mark.
-Estoy bien, se los aseguro.
-Pero -Mark trató de volver a verificar que aquella zona no estuviera inflamada o algo, pero me aparté antes que la tocara nuevamente.
-Estoy bien… Solo necesito despejar mi mente, ya saben, el dolor es mental -pero hasta para mí parecía imposible poder ignorar el malestar que padecía.
Las miradas cómplices de ambos solo me hicieron suspirar y negar, levantándome de la banca en la que estaba y caminando lentamente hacía la zona de cuadriláteros.
-El dolor no es mental cuando sigues sosteniendo esa bolsa de hielo contra tu cara -así que la quité de mi rostro, no queriendo demostrar que me afectaba mucho más de lo que decía.