-Así que… ¿Esto se supone que debe de darle sazón? -volví mi mirada al yhernee que me seguía viendo a la par que continuaba removiendo con su cucharón gigante el guiso en el caldero.
-Claro, es algo obvio -fingí una sonrisa de que estaba convencida con lo que les había dicho.
Y mientras ellos seguían ocupados en terminar aquel nuevo guiso que les había indicado que hicieran, miré por encima de mi hombro en la dirección que estaban los chicos.
«Esto es una estupidez…» murmuró Vince en mi cabeza.
«Vince» escuché como lo reprendió Dhom, antes de que el silencio volviera a reinar en mi cabeza por un momento.
«¿Cuál es el plan…?» se atrevió a hablar finalmente Hudsson, quien se mostraba con una expresión calculadora.
«Pensaba en ganarles tiempo para que se liberaran» admití, captando la mirada de los tres cuando hice caso al otro yhernee ante su orden de que le alcanzara unas verduras de colores llamativos.
«¿Y luego de eso, ¿qué? ¿Correr por nuestras vidas? Nos alcanzarían en un abrir y cerrar de ojos» dijo Hudsson, con una mirada de repulsión cuando el que sostenía el cucharón comenzó otra tonada sobre lo sabroso que sabría el guiso una vez que llegara el momento de cocinarnos.
Me quedé en silencio al escucharlo, sabiendo que tenía razón.
Entonces otra idea vino a mi mente.
«¿Y si cayeran dormidos…?» ellos volvieron sus miradas hacía mí.
«¿O al menos perdieran la consciencia para darnos el tiempo suficiente para irnos?».
«La posibilidad es baja-»
«Pero existe…» recordé.
«¿Y si el plan fracasa…?» Vince desvió su atención hacia el bosque, casi suavizando su mirada.
Casi dejando entrever que había algo más en sus pensamientos de lo que dejaba ver.
Miedo.
Miedo a morir…
O miedo a morir dejando solo a alguien.
«No lo hará» aseguré, casi tratando de convencerme a mí misma de que este plan no fracasaría.
Y otra vez hubo silencio en mi mente.
«Hallé unas galdinas casi a unos cuantos metros de donde estamos» se sintió como un secreto que Hudsson se arriesgaba a compartir con nosotros.
«Con una buena cantidad de ellas, lograrías dormirlos hasta que amanezca» mis ojos brillaron bajo esa información que casi olvidé lo que estaba haciendo.
-Oye -me sacó de mi mente un leve golpe en mi hombro de parte de uno de los yhernee.
-Ah, ¿Sí? -pregunté ocultando mi nerviosismo.
-¿Qué más sigue? -dejé de lado los sacos que había estado sosteniendo y de los que algunos habían vertido su contenido en el caldero.
-Bueno… -mi vista se dirigió por un momento a los chicos, en específico a Hudsson, quien con un además de cabeza rápido me indicó en que dirección había visto las galdinas.
-Unos ingredientes más y estará listo -sonreí con confianza ante ellos.
Ambos me miraron con duda, pero por la mueca que hizo uno de ellos, el que sostenía un cuchillo en mano, supe que los había convencido.
-Bien, entonces dinos cuales son -elevó ambas manos el que había hecho la mueca de satisfacción por mi respuesta.
Sopesé mis palabras antes de decírselas.
-Necesitaré recoger unos de por allá -señalé con el dedo la dirección que me había indicado Hudsson antes.
Ambos elevaron las cabezas al ver por esa zona, el que sostenía el cucharón soltando una risa perezosa.
-Está bien… -el otro dejó el cuchillo a un lado.
-Ve y tráelos -casi sentí toda la tensión en mi cuerpo cuando supe que me estaba dejando ir allí.
-Pero si tratas de hacer cualquier cosa, cualquiera que tenga que ver con intentar escapar… -me señaló con el cucharón, que por el vapor que desprendía pudo alcanzar a calentar mi rostro al acercarse lo suficiente.
Tosí fuertemente mientras apartaba con un gesto de mi mano el vapor con el aroma que venía hacía todo mi rostro, percibiendo un hedor sofocante.
-Serás la primera en ir dentro -señaló esta vez el caldero hirviente, a lo que yo seguí su ademán con el cucharón para luego elevar mi vista hacia él, asintiendo.
-Nunca trataría de escapar -la intención de aquella promesa falsa salió tan natural de mí que casi me hizo estremecerme ante otro recuerdo pasajero.
El yhernee se alejó, volviendo su atención hacia el guiso.
El otro se dirigió hacia mí con lo que parecía una soga, y casi me alejé debido a su proximidad.
-¿Qué...? -me callé cuando se agachó, y con movimientos torpes comenzaba a atar parte de la soga en mi tobillo.
Miré a los chicos por un momento y luego al otro yhernee.
-¿No confían en mí? -una risita profunda y brusca salió del que me estaba amarrando el tobillo.
-Siempre hay que ser cautelosos, pequeña res -casi sentí asco por el hecho de que se refirieran a mi como la carne.
-Yo no… -pero me detuve antes de decir mi nombre.
Sabía que debía de ser cuidadosa si los estaba engañando, y si el plan funcionaba, pero al final ellos lograban sobrevivir y nosotros huyéramos, prefería no tener represalias contra mí más delante de parte de dos yhernees que estuvieran buscándonos por venganza.
-Me llamo Natalie, no res -corregí, y un bufido de diversión se escuchó del que revolvía el guiso.
-¿Acaso nuestra comida debería de tener nombre? -y con ese comentario irónico de parte de él, el otro terminó de atar la soga gruesa a mi tobillo, soltando solo un poco para que me permitiera caminar y el resto sosteniéndolo en sus manos.
Suspiré, comenzando a caminar en dirección a donde estaban las galdinas que había dicho Hudsson.
«¿Cómo lucen las galdinas?» le pregunté cuando pasé por su lado.
«De un tono amarillento con puntos rojos en los pétalos, las reconocerás porque son las únicas que huelen a azufre, es leve pero el aroma está» tarareé en respuesta, casi fingiendo ante los yhernees que solo estaba comenzando a seguirles la tonada.
Durante un rato, solo el sonido de las pisadas del grandulón me mantuvo alerta, mientras cuidaba que mis pies no se enredaran por nada que estuviera en medio de la hierba o con la misma soga atada a mi tobillo.