El llamado de la magia (libro #1)

Capítulo 18: Al menos hice algo bueno... creo

–¡Esto debe de ser una broma! ¡Una jodida broma! –soltó Vince, esquivando las rocas que lanzaba el morreght.

–¡¿Cómo mierda lo despertaron?! –fue lo primero que escuché de parte de Cnila para nosotros.

–Bueno… –Nnir trató de responder a pesar del peligro del momento, pero tuvo que saltar cuando el morreght hundió su mano en la tierra causando, de repente, que lo que parecían ser ramas oscuras salieran del mismo suelo como serpientes y fueran en la dirección de este, tratando de alcanzarlo.

Nnir pudo esquivarlas por un pelo, pero eso solo hizo que la criatura rugiera mucho más molesta.

–¡Vamos, debe de haber un lugar en el que escondernos por aquí! –nos gritó desde adelante Hudsson.

Y aunque tenía cierta fe en ello, no podía mentir que quizá necesitaríamos más que un escondite para huir de esta cosa.

–¡Miren, allí! –Jeirnn señaló en un grito una próxima pared de piedra que se alzaba a lo lejos entre la espesura de los árboles, si lográbamos llegar hasta allí a tiempo…

–¡Cuidado! –gritó Olbeir cuando la sombra de algo ser lanzado desde lo lejos apareció ante mis ojos, y ninguno de los que estuvimos del lado del impacto pudimos reaccionar tan rápido cuando lo que se sintió como una explosión sacudió la tierra debajo de nuestros pies.

Sentí mis pies flotar por un momento, y de un segundo a otro volví a sentirme en tierra, pero solo porque mi cuerpo se impactó contra el césped con brusquedad, comenzando a rodar por la pequeña cuesta abajo del costado del camino donde habíamos estado.

Un nuevo impacto, esta vez con lo que noté era una extensión de la pared de piedra de antes, fue lo que me ayudó a detenerme.

–Maldición… –musité con el ya familiar dolor recorriéndome el cuerpo, y no pude evitar suspirar y toser un poco.

Otra maldición casi a mi costado me hizo alzar la cabeza, solo para darme cuenta que Meener también habían caído por la misma cuesta.

Miré a mi alrededor y a unos cuantos pasos de nosotros tres estaban también Vince, Hudsson y Halrenf.

Pero Hudsson parecía estar sangrando del costado izquierdo…

–¿Estás bien? –le preguntó Nnir a la distancia a él cuando lo vio sentarse.

Este solo asintió, pero se veía que la herida no era leve.

Un nuevo rugido a la lejanía nos hizo volver a poner a todos en alerta, parándonos rápidamente de nuestros sitios.

–Debemos de irnos –comenzó a decir Vince.

–Pero los demás…

–¡Carajo, no tenemos tiempo, ellos estarán bien! –me interrumpió Hudsson.

–Los morreghts son ciegos, pero tienen un olfato excelente; si el que nos perseguía alcanza a oler un poco de mi sangre o la tuya estamos perdidos ¡¿Entiendes eso?!

Solo pude quedarme callada una fracción de segundos en los que procesaba la información que había dicho Hudsson antes de que otro rugido a la lejanía me hiciera mirar en la dirección donde supuse estaba el morreght.

–Lizz, tenemos que irnos… –terminó admitiendo Meener a mi costado, y otro rugido no se hizo esperar, esta vez un poco más cerca.

Inhalé profundamente cuando asentí, sintiendo un leve temor que comenzaba a crecer cuando la sensación de que la tierra temblara bajo nosotros volviera.

Estaba cerca.

Venía hacia nosotros.

Y debíamos de movernos. Ahora.

Recogimos las cosas que se nos habían caído, pero entonces Halrenf se detuvo en su lugar al darse cuenta de algo.

–¡Oigan! –llamó nuestra atención cuando metió su mano entre unas enredaderas que caían por la pared de piedra y las apartó al instante, descubriendo un túnel en la pared.

Ante otro rugido, esta vez casi tan cerca de donde estábamos que vimos árboles comenzar a moverse con agresividad, como si algo los apartara rápidamente, lo que hizo que todos entráramos en el túnel.

Al llegar al otro lado del túnel, Meener me detuvo tambaleándose.

Y al mirar abajo, entendí porque al ser el primero en salir se había detenido abruptamente.

Me hice a un lado cuando los demás también comenzaban a salir, solo para ser detenidos por nosotros o por darse cuenta del gran acantilado debajo del poco espacio donde podíamos pararnos.

Aun con la espalda apoyada contra la pared, un rugido ahora se alcanzó a escuchar del otro lado del túnel.

–Diablos… –musitó Halrenf mientras miraba el rio en la parte baja del acantilado.

–¿Y ahora…? –me atreví a preguntar luego de otro rugido de parte del morreght.

Un silencio volvió a inundar el ambiente, antes de que los sonidos de pisadas desesperadas al otro lado del túnel se escucharan.

–Esta buscando una manera de cruzar… –admitió Vince aun tratando de calmar su respiración luego de la persecución.

Y aunque aún el resto estaba buscando una manera de cómo salir de esto…

Al asomarme ligeramente por el túnel de nuevo, hice que Hudsson y Nnir se hicieran mucho más a un lado cuando noté que una especie de mano gigantesca, atravesada entre raíces y ramas con hojas que sobresalían de la propia extremidad, salía del túnel y comenzaba a rebuscar por todas partes, tratando de alcanzarnos.

–¡Carajo! –fue lo que gritó Vince luego de que la mano se volviera a meter por el túnel.

Y mientras me recomponía de la conmoción, bajé mi mirada hacia el rio.

Y entonces comprendí lo que teníamos que hacer.

–Saltemos.

El resto me miró como si hubiera dicho la mejor idea que se me hubiera ideado hasta ahora.

–Eso sirve.

Fue lo único que dijo Vince antes de ajustar la mochila en su espalda, para evitar que se soltara, para luego saltar como si nada.

Los siguientes fueron Halrenf junto a Meener, ambos un tanto vacilantes antes de decidir saltar uno detrás de otro.

Y cuando estuve segura de que mi mochila estaba lo suficientemente asegurada al igual que las vendas que había puesto en mi hombro y nudillos…

Mi mirada vislumbró por el rabillo del ojo otra vez ese mismo movimiento por el túnel.



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En el texto hay: sangre y muerte, adventure, fantasyworld

Editado: 28.04.2026

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