El Llamado de la Sangre | Editado

CAPITULO 3

La casa olía a café tostado y pan caliente y me sentía feliz, el cielo estaba más azul de lo normal y el clima cálido era agradable. Saludé animada cuando llegué a la cocina, notando el ambiente relajado.

Nathalie estaba sentada en la mesa, con el cabello recogido y una expresión de emoción contenida, sonreí intrigada y tomé asiento a su lado.

—¿Adivinas quién llega mañana? —dijo, moviendo las cejas.

Mi corazón dió un brinco.

—¿Michael? —pregunté ya sonriendo, él es el jefe del aquelarre, y su novio.

—¡Sí! —respondió mi hermana, chocando su mano con la mía.

—Dijo que trae regalos —añadió papá, también sonriendo, luego de dejar el periódico sobre la mesa.

Yo reí sutil, Michael siempre ha sido atento, y a menudo trae regalos a todos diciendo un característico “lo ví y pensé en tí”, además, llama seguido preguntando cómo estamos, y se interesa genuinamente por lo que necesito o quiero.

Es alguien especial.

Él ocupó un vacío que ha estado allí desde siempre, comportándose fraternal, cercano, casi como un padre o hermano.

—Quisiera saber qué historia nueva trae esta vez —comento, mientras me sirvo jugo de naranja—, ya extraño sus cuentos.

—Y yo extraño que me traiga chocolates —respondió Nath y mamá rió.

—Michael siempre piensa en ustedes.

Terminé de desayunar con una energía increíble, me puse la mochila y Nathalie me alcanzó en la puerta para salir juntas con dirección al instituto primero y luego ella seguiría hacia la universidad.

El aire de la mañana estaba fresco, y el cielo estaba despejado, todo parece indicar que hoy será un buen día. Nathalie hablaba sobre algún rumor de la universidad, yo intervenía de vez en cuando, y por un momento, todo se sintió normal.

Cuando doblamos en la esquina y el edificio apareció frente a nosotras, lo ví.

Luke estaba apoyado en la baranda de la entrada, con el cabello azabache cayendo sobre su frente, solo estaba esperando. Pasé cerca de él y lo saludé a la distancia mientras me despedía de Nathalie.

Seguí el camino hacia Maddie y Joshua que estaban ya en sus casilleros.

—Te vez feliz hoy —comentó Joshua luego de saludarnos.

—Michael regresa mañana —dije sin pensarlo.

Ambos fruncieron el ceño levemente con una expresión extraña que no supe identificar, pero no era molestia.

—Ah —murmuró, como si no le hiciera mucha ilusión.

Cuando Maddie abrió la boca para decir algo más, el timbre sonó anunciando el inicio de las clases.

Mientras caminaba hacia el salón, sentí que algo en el aire había cambiado, pero no lo entendía y preferí ignorarlo, nada arruinará este día.

La primera clase del día era idiomas.

Siempre me ha gustado y se me dan muy bien, además, me hace sentir que el mundo va más allá de este pueblo.

Cuando entré todos estaban murmurando, la profesora de siempre no estaba y, en su lugar, había un hombre jóven, alto, con cabello castaño y ojos verdes que parecían vacíos.

—Buenos días —dijo con voz tranquila, cuando vió que ya estaban todos los asientos ocupados—. Soy Samuel Andrew, su nuevo profesor de idiomas.

Su voz…

Algo en él me golpeó, no lo conocía, pero tan solo su presencia me hizo sentir que el aire se volvía más denso.

Él sonrió.

»Espero que podamos aprender mucho juntos.

Su mirada recorrió el salón, pasó por Maddie, Joshua, Luke y, cuando llegó a mí, se detuvo un instante que, para cualquiera pasaría desapercibido pero no para mí, menos luego de sentir un leve chispazo del medallón.

Noté como frunció levemente el ceño, como si algo le hubiese llamado la atención, pero siguió hablando como si nada.

Samuel escribió su nombre en la pizarra con una calma que parecía contenerlo.

—Antes de comenzar —dijo, dejando el marcador sobre el escritorio— quiero saber qué nivel tienen. Así podré adaptar las clases a ustedes y no sólo basarme en la planificación.

Pequeña…

Sacudí mi cabeza, las pesadillas no deberían tener lugar en este momento.

Levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los míos, no fue una mirada casual, tampoco fue larga, pero sí detenida.

Luke, que estaba sentado dos pupitres a mi lado, lo notó e intercambió la mirada entre el profesor y yo, mientras fruncía el ceño hacia él, como si no le gustara lo que ve.

Sentí la tensión entre ellos crecer como una cuerda invisible.

El profesor caminó entre las filas, preguntando cosas simples como si habíamos estudiado algún idioma, o nos gustaría aprender, y qué nos cuesta más.

Cuando llegó a mi fila, una chica a mi lado respondió rápido:

—Quisiera estudiar francés, pero me cuesta todo.

Joshua rió bajito.

—Yo sé algo de italiano —agregó.

Algo me hizo hablar antes de que siquiera se dirigiera a mí.

—A mí me gustan todos los idiomas —intenté sonar casual—, pero prefiero los que suenan suaves.

Samuel inclinó la cabeza, como analizando mi respuesta y murmuró un escueto “interesante”.

Cuando terminó la clase, todos comenzamos a guardar las cosas y salir. El profesor nos despidió cortésmente y se quedó en su escritorio revisando algunos papeles.

Luke estaba en la puerta del salón esperándome y, cuando me acerqué, su mirada pasó de mí al interior del salón y luego volvió a mi.

—¿Todo bien? —preguntó.

—Sí —respondí extrañada—, ¿por qué lo preguntas?

Samuel salió del salón en ese momento y pasó junto a nosotros sin detenerse, solo caminó hacia la sala de profesores como cualquier docente lo haría, atravesando el pasillo lleno de estudiantes moviéndose de un salón a otro.

Luke siguió la figura de Samuel con la mirada, no de forma agresiva, sino como si intentara entender algo que no tenía sentido.

—¿Lo conocías? —preguntó Luke, sin apartar la vista.

—No —respondí.

—¿Segura?

—Sí —dije, riendo un poco—. ¿Por qué lo conocería?

Luke no respondió de inmediato.




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