El Llamado de la Sangre | Editado

CAPITULO 6

Los días siguientes fueron tranquilos. Las clases siguieron igual, Joshua entrenaba como siempre, Maddie se quejaba del clima… y Luke, aunque no hablaba mucho, parecía observarme más de lo normal.

Era viernes cuando Luke me alcanzó en el pasillo, justo cuando guardaba mis libros en el casillero.

—Oriana —dijo, con esa voz suave que usa cuando intenta no parecer nervioso—. ¿Tienes planes mañana en la noche?

Me giré hacia él.

—Creo que no —respondí.

Luke se apoyó en el casillero de al lado, cruzando los brazos.

—Hay una fiesta en casa de Ryan. Nada raro, solo música, gente hablando, y probablemente Joshua intentando convencer a todos de jugar algo. Pensé que… podrías venir conmigo.

—¿Con… contigo? —pregunté.

Luke asintió, sin apartar la mirada.

—Sí. Si quieres, claro.

Sentí un calor extraño en el pecho, no era incómodo, solo… inesperado.

—Está bien —dije—. Voy.

Luke sonrió, apenas, pero suficiente para que se le iluminara la mirada.

—Perfecto. Te paso buscando.

Esa misma noche, mientras yo terminaba una tarea, recibí un mensaje de Michael.

Ya voy saliendo. Gracias por ayudarme con todo, pequeña.

Sonreí.

La cita con Nath estaba planeada desde hacía días: algo bonito, íntimo, especial; no era nada exagerado ni que necesitara demasiados detalles. Solo lo suficiente para que Nath se sintiera querida.

—Michael vino a buscar a Nath. Se veía nervioso —dijo mamá cuando pasó por la sala.

—Es normal —respondí—. Quería que todo saliera bien.

Y así, sin más, la noche siguió tranquila.

Yo me acosté temprano, pensando en la fiesta del sábado y en cómo Nath estaría viviendo su cita en ese mismo momento.

El sábado amaneció con un cielo despejado y un silencio agradable.

Bajé a la cocina y encontré a Nathalie sentada en la mesa, con una taza de chocolate caliente y una sonrisa que no podía ocultar, me senté frente a ella, apoyando los codos en la mesa, lista para escuchar.

—Bueno —dije—. Cuéntame. ¿Cómo fue?

Nath inhaló como si necesitara aire extra para contener la emoción.

—Ori… fue demasiado lindo —empezó, y ya con eso supe que venía una historia larga.

Se acomodó el cabello detrás de la oreja, ese gesto que hace cuando está nerviosa pero feliz.

—Michael llegó súper puntual, cosa rara en él —dijo riendo—. Y cuando salí, se quedó mirándome como si… no sé, como si yo fuera algo que no esperaba ver. Me llevó a un lugar que no conocía —continuó—. No era un restaurante ni nada así. Era como… un claro entre árboles, pero arreglado. Tenía luces pequeñitas colgadas, una manta, y una cesta con comida que él preparó. ¡Michael cocinó! ¿Puedes creerlo?

Yo sonreí.

—Sí puedo —respondí—. Cuando quiere hacer algo bien, lo hace.

Nath bajó la mirada, recordando.

—Nos sentamos y hablamos. Mucho. De la pelea, de lo que nos molestó, de lo que sentimos. Y él… —hizo una pausa, como si aún le sorprendiera— me escuchó. De verdad me escuchó. No me interrumpió, no se puso a la defensiva. Solo… estuvo ahí.

»Me pidió perdón —dijo Nath, con la voz más suave—. Y no fue un “perdón” rápido. Fue sincero. Me dijo que no quería hacerme sentir que mis cosas no importaban. Que a veces se distrae, pero que eso no es excusa.

Yo asentí, sintiendo un calor en el pecho por ella.

—Y tú —pregunté—, ¿qué le dijiste?

Nath sonrió, tímida.

—Que yo también me había cerrado. Que me dolió, pero que no quería que eso nos separara. Y… bueno, hablamos de cómo mejorar. De cómo comunicarnos mejor —se mordió el labio, emocionada—. Después comimos, escuchamos música, y él me abrazó. No sé… fue tan tranquilo, tan bonito. No necesitábamos nada más.

—Me alegra mucho —dije, sincera. Nath me miró con complicidad.

—Creo que estamos bien ahora. Mejor que antes.

—Me encanta —respondí.

Ella tomó su taza otra vez, pero antes de beber, me señaló con la mirada.

—Ahora tú —dijo—. ¿Lista para tu fiesta con Luke?

Le había comentado a Nath sobre la fiesta antes de que se fuera con Michael, lo único que me dijo fue: tenemos que hablarlo después. No había mucho de qué hablar en realidad, era una simple fiesta.

—Creo que sí —respiré hondo, Nath sonrió como si supiera algo que yo no.

—Te va a ir bien. Y nada de beber en exceso.

Me dió una charla de hermana mayor, le dije que no tenía que hacerlo pero su respuesta fue: si algo sale mal, si te sientes incómoda le llamas a iré corriendo.

Ya más tarde la casa estaba demasiado tranquila para el revoltijo de emociones que pegaban en mi estómago, mamá y papá habían salido, y Nath estaba viendo su celular con una sonrisa enorme, mientras tanto yo decidía qué ponerme para la fiesta.

No quería algo exagerado pero tampoco algo demasiado simple, solo… algo que me hiciera sentir cómoda.

Cuando terminé de arreglarme, bajé las escaleras y encontré a Nath en la sala, ella sonrió al verme.

—¿Nerviosa?

—Un poco.

Nath sonrió.

—Es normal. Luke será una buena compañía.

Unos minutos después, escuchamos un carro detenerse afuera. Nath se asomó por la ventana.

—Es él.

Después de despedirme brevemente salí y encontré a Luke apoyado en su carro, con las manos en los bolsillos y esa expresión tranquila que usa cuando intenta no parecer nervioso.

—Hola —dijo.

—Hola —sonreí nerviosa.

Luke me miró un segundo más de lo normal.

—Te ves… Perfecta.

—Gracias —murmuré mientras sentía el calor subir a mis mejillas mientras él abría la puerta del carro para que subiera.

—Si en algún momento quieres irte, me dices —añadió—. No tenemos que quedarnos toda la noche.

—No te preocupes, todo estará bien.

La fiesta en casa de Ryan no era gran cosa, había música suave, gente hablando, Joshua riéndose con el equipo de fútbol, y Maddie ya instalada desde hacía rato en un puff como si fuera su casa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.